Introducción
Hace un par de años, durante mi actividad académica, llegó a mis manos un documento oficial del Estado Peruano, titulado "Plan Nacional de Salud Mental 2005-2010". Era una de las fuentes necesarias para el curso. Pues bien, luego de estudiar este documento, quedé sorprendido, enojado y avergozado, ya no sólo por la orfandad intelectual de su contenido, sino por el hecho de que, además de su simple apariencia como plan de salud, era indudablemente un documento ideológico y político. Los aspectos centrales de la salud mental son ignorados o tratados de una manera accidental, superficial y hasta, diría yo, con una negligencia punible. En realidad, el verdadero tema del documento es la pobreza y la inequidad social usados una vez más para justificar la violencia política y social, y para seguir alentándola. Así como se lee: un documento oficial del Estado peruano quejándose de la situación económica, política y social del país, justificando el activismo político-social y hasta la violencia política. Como si todo esto fuera poco, además considera "sujeto sano" al que interviene activamente en el restablecimiento de las condiciones de equidad y justicia de su comunidad. Nada menos.
El objetivo de este artículo es analizar el documento titulado “Estrategia Sanitaria Nacional en Salud Mental y Cultura de Paz – Plan General 2005-2010”, aprobado por por Resolución Ministerial N° 771-2004/MINSA, mismo que se basa en un documento anterior, titulado “Lineamientos para la acción en salud mental” aprobado por Resolución Ministerial N° 075/2004/MINSA. (Este documento se puede descargar aquí).
Una de las actividades más intensas de los organismos públicos, nacionales e internacionales, es generar toda clase de documentos que son citados en diversas instancias y asumidos como verdades oficiales; aunque ciertamente la gran mayoría de estos documentos pasan desapercibidos para la población, pues carecen de trascendencia y hasta de aplicabilidad en la vida real. Probablemente sea también el caso de los documentos que vamos a analizar, pero hay un aspecto preocupante que es la verdadera causa por la que ahora le dedicamos alguna atención, y es que se usan como referencia en el ámbito académico, es decir, se toman como guías y fuentes de verdades consagradas culturalmente. De allí la importancia de examinar sus contenidos y la alerta que nos provoca el encontrar que se trata de documentos politizados, que pregonan una cierta ideología, encubiertos con los temas de salud. Este hecho sí reviste importancia ya que se trata de la formación de los futuros profesionales. Resulta que la prédica política ya no sólo se hace y se recibe desde las plazas del campus y los panfletos de adoctrinamiento, sino mediante documentos oficiales del Estado Peruano. Esto resulta increíble. En el análisis que sigue, primero nos ocuparemos del aspecto formal del documento, esto es, cómo se le concibe en tanto plataforma conceptual de la salud mental del Perú, y luego de señalar sus clamorosas falencias y contradicciones, iremos al grano, o sea, a la verdadera connotación política que sostiene a este documento.
Fundamentos del Plan
El objetivo de este artículo es analizar el documento titulado “Estrategia Sanitaria Nacional en Salud Mental y Cultura de Paz – Plan General 2005-2010”, aprobado por por Resolución Ministerial N° 771-2004/MINSA, mismo que se basa en un documento anterior, titulado “Lineamientos para la acción en salud mental” aprobado por Resolución Ministerial N° 075/2004/MINSA. (Este documento se puede descargar aquí).
Una de las actividades más intensas de los organismos públicos, nacionales e internacionales, es generar toda clase de documentos que son citados en diversas instancias y asumidos como verdades oficiales; aunque ciertamente la gran mayoría de estos documentos pasan desapercibidos para la población, pues carecen de trascendencia y hasta de aplicabilidad en la vida real. Probablemente sea también el caso de los documentos que vamos a analizar, pero hay un aspecto preocupante que es la verdadera causa por la que ahora le dedicamos alguna atención, y es que se usan como referencia en el ámbito académico, es decir, se toman como guías y fuentes de verdades consagradas culturalmente. De allí la importancia de examinar sus contenidos y la alerta que nos provoca el encontrar que se trata de documentos politizados, que pregonan una cierta ideología, encubiertos con los temas de salud. Este hecho sí reviste importancia ya que se trata de la formación de los futuros profesionales. Resulta que la prédica política ya no sólo se hace y se recibe desde las plazas del campus y los panfletos de adoctrinamiento, sino mediante documentos oficiales del Estado Peruano. Esto resulta increíble. En el análisis que sigue, primero nos ocuparemos del aspecto formal del documento, esto es, cómo se le concibe en tanto plataforma conceptual de la salud mental del Perú, y luego de señalar sus clamorosas falencias y contradicciones, iremos al grano, o sea, a la verdadera connotación política que sostiene a este documento.
Fundamentos del Plan
Lo primero que hay que hacer antes de trazar unos lineamientos de acción en salud es realizar un diagnóstico. Eso lo saben hasta los estudiantes. Y un diagnóstico debe basarse en información que sea completa, confiable y reciente. Sin embargo, lo primero que llama la atención de nuestros “Lineamientos para la acción en salud mental 2004” (LSM en adelante), es que carece de información suficiente y relevante para siquiera sospechar un diagnóstico sobre la situación de la salud mental en el país. En su capítulo referido al diagnóstico de la salud mental, este documento nos sorprende con una asombrosa afirmación referida no a cualquier síntoma sino a “los principales trastornos mentales”. Dice así y sin reparos: “No existe información epidemiológica de carácter nacional consistente y organizada sobre la prevalencia de transtornos mentales en la población peruana.”. ¡Vaya! Y lo dice el Ministerio de Salud, nada menos. Pero quisiera aclarar que si no existe dicha información es porque no se han tomado la molestia de generarla, o de pedirla siquiera, ya que esto no es imposible de hacer, y ni siquiera difícil, puesto que todos los centros de salud del país cuentan con el sistema HIS-MIS que registra y reporta esta información. Me consta porque yo mismo he trabajado enseñando a generar estos reportes en muchas provincias del país. Y ahora resulta que los grandes genios del MINSA no saben que la información existe, y que hay que pedirla y trabajarla haciendo los cuadros necesarios, antes de elaborar un Plan Nacional de Salud.
En todo caso, ante la falta de información lo correcto sería detener el proyecto hasta conseguirla de algún modo. Esto sería lo serio y sensato. Sin embargo, la falta de información no es aparentemente ningún problema para nuestra burocracia de salud. De hecho, la falta de información no les preocupa pues dicen contar con “información relevante”. Bueno, esto ya es algo. ¿Pero cuál es esta “información relevante”? Nada menos que esta: “El estudio de Cecilia Sogi (1996), aunque focalizado en un solo distrito limeño, resalta la prevalencia de vida de la depresión mayor en 9.2%... uno de cada tres entrevistados manifestó haber sentido síntomas depresivos en algún momento de su vida”. Así como se lee: resulta que todo el Plan Nacional de Salud Mental del Perú, se basa en una sola encuesta realizada en un solo distrito limeño, no identificado. Sería interesante descubrir sobre qué bases racionales el tan solitario estudio hecho en un solo distrito limeño a través de una encuesta, resulta ser “relevante” para servir como base a los Lineamientos de Salud Mental de todo el Perú. Esto sin mencionar que cualquier persona normal, ha sentido síntomas depresivos en algún momento de su vida, lo cual no quiere decir nada.
Con excepción de los datos sobre ansiedad, todos los demás que nos muestran las tablas del anexo se refieren tan solo a Lima Metropolitana. De manera que nuestra primera preocupación es la carencia de información verdaderamente relevante que oriente el análisis y facilite la obtención de un diagnóstico adecuado de la situación de la salud mental en el país, habida cuenta de que se trata de unos lineamientos de acción de alcance nacional, y pretendidamente duraderos. Así que la primera observación es que estos documentos carecen de todo sustento, pues no cuentan con información que los respalde en sus diagnósticos y conclusiones sobre la situación de la Salud Mental del país, tal que puedan servir como punto de partida a todo un Plan de trabajo posterior. Hacer un Plan Nacional sobre una condición de desinformación total, resulta por lo menos aventurero, por no decir irresponsable.
Nuestra preocupación aumenta al comprobar que el necesario análisis científico-médico, ha sido sustituido alegremente por un aparente análisis político, fundado apenas en simples creencias y opiniones de moda, características de una ideología de izquierda muy tradicional. Casi toda la argumentación esbozada en cada capítulo gira obsesivamente sobre estos mismos curiosos tópicos: derechos, inequidad de la distribución de los recursos económicos, exclusión social, discriminación y, por supuesto, pobreza. Esos son los sustentos del Plan Nacional de Salud Mental. No hay nada de malo con esos temas, siempre que se encuentren en el lugar adecuado, digamos en un estudio de economía, sociología, derecho o netamente político; pero en un documento supuestamente científico y médico, que pretende abordar un aspecto tan concreto como es el de la salud mental, no tienen nada que hacer. Tal vez podrían ser mencionados, pero lo más sorprendente es que tales temas se convierten en sus únicos fundamentos de raciocinio, repetidos una y otra vez hasta el cansancio, sin ninguna clase de sustento teórico, y apoyados nada más que por citas cuidadosamente elegidas como respaldo.
Tal vez esta situación se deba al supuesto de que lo moderno es que las instituciones de salud ya no deben ocuparse tan sólo del escenario clínico asistencial, sino que deben ir más allá, hacia el encuentro con la “salud integral”. Y dado que la salud se define como un estado de equilibrio en el que se combinan lo biológico, psicológico y social, por un curioso efecto de carambola, el médico acaba convertido en un especialista del escenario político-social, y por lo visto, en pobretólogo. Claro que alguna mente perversa podría sospechar que puede deberse además a la manipulación política de algún sector de la burocracia, que usa al MINSA para pregonar sus doctrinas políticas, en lugar de hacer el trabajo científico que se les demanda. Pero lo peor de todo es que este documento lleva el nombre de medio centenar de personajes, que aparentemente no saben lo que suscriben como profesionales de la salud. Como sea, el hecho es que nuestro documento sobre Lineamientos de Salud Mental se enfoca prácticamente en lo político-social, con una mínima referencia a lo específicamente psíquico, y una gran ausencia de los principales tópicos que verdaderamente corresponden a salud mental en concreto: alcoholismo, depresión, ansiedad, esquizofrenia, drogadicción, etc. Apenas se reconocen las condiciones precarias en que se prestan los servicios asistenciales y la falta clamorosa de capacitación del personal involucrado. Lo cual es ya evidente al leer el documento.
Contradicciones
Es inevitable caer en contradicciones cuando un cuerpo teórico, como un documento sobre salud mental, no comparte un mismo tronco principal que le sirva de sustento. Se necesita contar con una misma visión panorámica, proporcionada por datos sólidos, y una misma epistemología que nos sirva de guía para encontrar las explicaciones requeridas. Nuestros LSM son una amalgama de concepciones y enfoques clínicos diversos y divergentes, aplastados finalmente por la misma y única convicción general: la de que todos los males de la humanidad, incluyendo los de la salud mental, son la consecuencia directa de la pobreza, la exclusión, la inequidad y la falta de derechos. ¿Entonces para qué hacer ningún análisis? La verdad está ya descubierta y proclamada. Esta conclusión implica, antes que nada, dos efectos inmediatos: primero deja claro que no son los médicos ni los psicólogos los llamados a enfrentar el problema de la salud mental, pues no están calificados para abordar semejantes escenarios; segundo, nos deja la inevitable idea de que habría que convocar la participación de antropólogos, sociólogos, psicólogos sociales, economistas, abogados y hasta políticos de oficio, que ayuden a dar mayores alcances y soluciones a los problemas de la salud mental, por ejemplo, la depresión y la esquizofrenia, convertidos, gracias a este enfoque, en problemas políticos, económicos, sociales y culturales. Sin embargo, el estudio está signado, casi en su totalidad, por médicos. El único punto coherente con esta visión es el lineamiento 5 que pretende convertir el trabajo de salud mental en una tarea de todos: todos los ministerios, todos los sectores, todos los niveles, todos los actores, incluyendo a los propios ciudadanos, con esa tendencia típica de toda burocracia moderna: trasladar la tarea y responsabilidad al usuario final, con el novedoso concepto de “participación social”.
El documento asegura que el Perú está considerado entre los países más pobres del mundo y que esto, por sí solo, nos conduce al escenario epidemiológico de los principales males de salud mental. Esto es falso. Pero si la tesis fuera cierta, significaría que la salud mental en el Perú sería catastrófica y precaria, como la de muchos otros países considerados pobres. Lo que también es falso. En los países ricos hay tantos problemas de salud mental o incluso más que en los países pobres. Así que no hay ningún sustento científico para afirmar lo que este documento asegura. De otro lado, es muy fácil encontrar documentos de la misma época, como el titulado "Estudio epidiemiológico de salud mental en Huaraz - 2003" elaborado por el Instituto Especializado de Salud Mental "Honorio Delgado - Hideyo Noguchi", donde se puede leer lo siguiente: "No ha habido estudios que hayan establecido la relación entre la pobreza y la salud mental. La importancia se da en que no sólo podrían ayudar a identificar grupos de riesgo sino a generar hipótesis de trabajo sobre la naturaleza de los problemas de salud mental desde el punto de vista social y cultural". Es decir, no sólo no hay validación de la hipótesis, sino que se trata de una mera hipótesis, sin fundamento alguno, sólo sostenidos por prejuicios políticos esparcidos en el ambiente burocrático.
Podríamos decir que las contradicciones empiezan desde la misma “Presentación”, donde leemos que “para la elaboración de un nuevo Plan Nacional de Salud Mental se parte de un Marco Conceptual Integral, que va más allá de las enfermedades” y que pretenden llegar hasta las condiciones generales que “permiten el desarrollo humano sostenible”. No obstante tales loables pretensiones, dicho Marco Conceptual Integral, empieza así: “La salud mental es un concepto difícil de delimitar. Las múltiples tentativas hechas para precisar su contenido y límites han conducido siempre a resultados discutibles.” Y luego no se hace ningún intento nuevo por precisarlo. Es decir, no sólo no sabemos lo que es la salud mental sino que, al parecer, resulta imposible saberlo. Y a continuación se incluye una larga lista de citas de diferentes autores peruanos y extranjeros, sin llegar nunca a ningún concepto propio que sirva de partida y de sustento a todos los análisis posteriores. La conclusión final a la que se arriba luego de esta arbitraria selección de citas se plantea así: “El recorrido conceptual expuesto nos muestra la importancia de las condiciones psicosociales dentro de las cuales se desarrolla la vida humana y nos conduce a considerar el escenario social que delimita las posibilidades del desarrollo humano y, por ende, de su salud mental.” Nadie duda de que tales aspectos jueguen un rol en la dinámica mental del sujeto, pero eso no significa que ellos sean los únicos y ni siquiera los más relevantes. El “recorrido conceptual” que se muestra aquí, es un recorrido elegido con una intención específica y clara. Yo también podría elegir un recorrido conceptual muy conveniente, tal que demuestre que las influencias astrales juegan un rol importante en la vida del planeta y -por ende- en la de los seres humanos y –por ende- en su salud mental. Así que los recorridos conceptuales se construyen a pedido.
Por lo menos resulta curioso leer que este Marco Conceptual que sirve de sustento al Plan de Salud Mental, confiese desconocer lo que es la salud mental. Si usáramos la lógica tendríamos que dejar de hablar sobre lo que no sabemos y hablar sobre lo que sí sabemos, que son las enfermedades mentales: depresión, ansiedad, esquizofrenia, etc., que poco o nada tienen que ver con escenarios políticos y sociales. La "salud" es básicamente un concepto teórico y filosófico, pero un plan de acción de salud tiene que fundarse en hechos concretos, en realidades bien conocidas, debe partir de un diagnóstico preciso basado en datos reales, y preparar un escenario para afrontar tales eventos. Eso es todo lo que necesita un Plan de Salud. Lo que se ha hecho acá es palabrería y demagogia.
Si dependiera de mí, me hubiera bastado con leer hasta aquí, tópico 1.1, para cerrar el documento y devolverlo a su lugar de origen, pues una lógica elemental nos advierte que sin información sustentadora, sin un diagnóstico preciso del problema que se enfrenta y, encima, sin conceptos claros sobre lo que es la salud mental, obviamente no se puede hacer nada. Por lo menos nada bueno. No quedaría más que improvisar apelando a lugares comunes y de moda, que es lo que evidentemente se hace aquí. Así que el documento continúa y, aunque hayamos perdido la fe, tenemos que ocuparnos de él. Desde luego, no hay espacio suficiente ni es este el lugar adecuado para argumentar los supuestos teóricos políticos y sociales sobre los que reposa todo este documento, aunque tampoco vale la pena porque se caen por sí solos.
A continuación el documento sorprende al lector con un título sumamente categórico y definitivo: “Características de la realidad peruana que afectan la salud mental”. Bueno, resulta que hay unas características de nuestra realidad que afectan la salud mental. Entonces uno piensa en el cinturón de fuego del Pacífico que es la causa de numerosos movimientos telúricos que además de daños físicos causan, en efecto, transtornos psíquicos, y son factores de estrés permanente para muchas poblaciones; uno piensa también en la Cordillera de los Andes y en las punas heladas donde el friaje también mata, provoca estrés y desequilibrios en la vida de las personas porque pierden sus cosechas, su ganado y hasta la vida; en fin, uno piensa ingenuamente en tales escenarios de nuestra realidad que constituyen amenazas para la vida. Sin embargo, nuestro documento no le dedica ni una sola línea a tales características de nuestra realidad. Ni una sola mención. ¿Qué dice? Ya lo pueden imaginar: “El Perú está considerado dentro de los países pobres del mundo… el principal reto que enfrenta la Salud Mental es la pobreza… fuente de brechas que separan ostensiblemente a ricos y pobres… Se encuentra asociada al desempleo, subempleo, carencias educativas, desprotección social y jurídica… ”. Y sin mediar ninguna sustentación teórica se llega a la increíble conclusión: “Desde el punto de vista de la organización política y social, podemos señalar que las condiciones de inequidad mencionadas, generan dos fenómenos de gran implicancia para la salud mental: exclusión social y anomia”.
Resulta por lo menos sospechoso percatarse de que “el punto de vista político y social” parece ser el único que interesa en este documento. De hecho, se trata pues de un documento político. Lo cual es una lástima, porque significa que se ha engañado a todo el país anunciando unos supuestos lineamientos de salud mental, cuando en realidad se ha expuesto la misma cháchara política que se puede leer en cualquier panfleto de izquierdas.
En el capítulo sobre "Situación de la Salud Mental en el Perú", se concluye que la riqueza de recursos del país, al no estar regida por la equidad, es fuente de desequilibrios y discriminación, que generan problemas psicosociales como la violencia y la corrupción, las que a su vez atentan contra la salud mental. ¿Cómo? No se explica. Simplemente se hacen afirmaciones gratuitas. Luego se remarca que "un grave problema de la inequidad es la pobreza". Y se continúa sosteniendo con descaro que esto explica la violencia política, y sin duda también querrán decir que la justifica.
En el capítulo referente a la identificación de problemas, uno podría pensar que se identificarán los principales transtornos mentales que aquejan a la población peruana, sustentado con datos reales, pero no. Vana esperanza, una vez más. No se hace más que mencionar los trastornos más conocidos, para pasar de inmediato a señalar que "Estos problemas ocurren en el contexto de la inequidad y exclusión social, generando en las personas sentimientos de desesperanza, desconfianza, vergüenza y minusvalía que afectan su capacidad de hacer valer sus derechos...".
Resulta por lo menos sospechoso percatarse de que “el punto de vista político y social” parece ser el único que interesa en este documento. De hecho, se trata pues de un documento político. Lo cual es una lástima, porque significa que se ha engañado a todo el país anunciando unos supuestos lineamientos de salud mental, cuando en realidad se ha expuesto la misma cháchara política que se puede leer en cualquier panfleto de izquierdas.
En el capítulo sobre "Situación de la Salud Mental en el Perú", se concluye que la riqueza de recursos del país, al no estar regida por la equidad, es fuente de desequilibrios y discriminación, que generan problemas psicosociales como la violencia y la corrupción, las que a su vez atentan contra la salud mental. ¿Cómo? No se explica. Simplemente se hacen afirmaciones gratuitas. Luego se remarca que "un grave problema de la inequidad es la pobreza". Y se continúa sosteniendo con descaro que esto explica la violencia política, y sin duda también querrán decir que la justifica.
En el capítulo referente a la identificación de problemas, uno podría pensar que se identificarán los principales transtornos mentales que aquejan a la población peruana, sustentado con datos reales, pero no. Vana esperanza, una vez más. No se hace más que mencionar los trastornos más conocidos, para pasar de inmediato a señalar que "Estos problemas ocurren en el contexto de la inequidad y exclusión social, generando en las personas sentimientos de desesperanza, desconfianza, vergüenza y minusvalía que afectan su capacidad de hacer valer sus derechos...".
A estas alturas uno ya no tiene ninguna duda de que, lo que se tiene en las manos, NO ES un documento de salud mental sino apenas un panfleto político. No vamos a entrar en el análisis de su "Modelo Conceptual Integral de Salud Mental" que ya sería demasiado e innecesario. Realmente no vale la pena, pues se trata de un modelo insostenible teóricamente, y expresado en un lenguaje sumamente pobre. Como muestra citaremos una sola frase: "Si bien la organización de lo vivido se materializa en los niveles moleculares, es resultado de la interacción permanente de lo heredado con las experiencias de la vida y puede denominarse subjetividad, la cual, como síntesis de lo biológico y lo social, recibe la influencia de otras personas que se encuentran presentes en forma real o virtual en el escenario familiar, grupal, comunitario y social (Naturaleza interactiva)". ¿Qué cosa quiere decir todo este embrollo conceptual? No tengo la menor idea. Y creo que ni ellos.
Conclusiones
Ausencias
El enfoque social que se pretende dar a la salud mental adolece de seriedad científica y hasta de ignorancia. Hay una carencia total de la verdadera perspectiva cultural que interviene en la salud mental. Se ha quedado apenas en el reclamo político a manera de un pliego de reclamos sindical, pero nada se ha dicho de los reales aspectos culturales que priman en nuestro país, en la costa, sierra y selva, en las zonas rurales como en las urbanas y urbano-marginales. No se ha analizado, por ejemplo, el impacto del caos urbano en Lima y otras ciudades, los cambios que la tecnología ha impuesto en el comportamiento social, los nuevos hábitos y usos que implican un riesgo para la estructura familiar, el papel de los medios masivos de comunicación social, según el tipo de información que predomina en los medios, especialmente en los televisivos, el tipo de valores que se proclaman desde la publicidad, el incremento del alcoholismo y de los embarazos adolescentes, etc. En suma, no se ha dicho nada sobre nuestros problemas reales de salud mental.
Otros aspectos culturales imprescindibles en un análisis de salud mental están relacionados a la nueva dimensión que ha adquirido la conducta sexual de los adolescentes, remarcada por la explosión de contenidos sexuales en los bailes de moda, discotecas, telenovelas, videos musicales y hasta en spots publicitarios. Apenas se ha hecho mención del embarazo adolescente y de los abortos, sin un mínimo análisis de sus causas y consecuencias. No se ha analizado el núcleo fundamental que es la familia y el incremento del alcoholismo. No se ha mencionado el creciente problema de las madres solteras y su repercusión en la familia y la educación. No se ha dicho nada del fenómeno de la migración, tanto interna como hacia el exterior, que debilita las familias. Tampoco se ha dicho nada de los nuevos tipos vinculares en las parejas de hoy. Tampoco se ha abordado la aparición de nuevos focos de dependencia. Es decir, nada de nada. Solamente politiquería barata.
Otros aspectos culturales imprescindibles en un análisis de salud mental están relacionados a la nueva dimensión que ha adquirido la conducta sexual de los adolescentes, remarcada por la explosión de contenidos sexuales en los bailes de moda, discotecas, telenovelas, videos musicales y hasta en spots publicitarios. Apenas se ha hecho mención del embarazo adolescente y de los abortos, sin un mínimo análisis de sus causas y consecuencias. No se ha analizado el núcleo fundamental que es la familia y el incremento del alcoholismo. No se ha mencionado el creciente problema de las madres solteras y su repercusión en la familia y la educación. No se ha dicho nada del fenómeno de la migración, tanto interna como hacia el exterior, que debilita las familias. Tampoco se ha dicho nada de los nuevos tipos vinculares en las parejas de hoy. Tampoco se ha abordado la aparición de nuevos focos de dependencia. Es decir, nada de nada. Solamente politiquería barata.
Conclusiones
En suma, se trata de un documento francamente muy pobre, escandalosamente pobre, diría mejor, pues carece de conceptos científicos claros, reales y actuales acerca de los verdaderos escenarios de la salud mental y psicológica. Ni siquiera se han diferenciado y precisado los conceptos de salud mental y de salud psicológica, ya que son estos últimos los que corresponden a los escenarios culturales. Los fundamentos teóricos expuestos son meras especulaciones y lugares políticos comunes, cargados de un discurso socialista y reinvicativo. El marco conceptual es un verdadero sancochado de ideas expresadas en un lenguaje poco claro. Pero lo peor es que todo su enfoque gira en torno al aspecto social, colocando a la persona como eje de un accionar político activo, concibiendo a la "persona saludable" como aquella que está presente en la "dimensión de participación social". A la luz del escenario actual de la actividad política social del Perú, yo diría que este documento alienta plenamente el accionar político reinvindicativo, con un lenguaje encubierto. Dice por ejemplo: "La persona saludable se apoyará en la socialización eficaz aprendida con la responsabilidad de reconstruir espacios sociales que la crisis económica y de valores hubiese dañado. Esto implica una participación creativa en los cambios y en la urgencia por contrarrestar los efectos de la marginación, discriminación y/o aislamiento". Si esto no es alentar el activismo político social, no sé qué es. Lo que sí sé, es que no se trata de un documento de salud mental. Me recuerda más a los discursos políticos en los patios de San Marcos y en otras plazas.
Este documento oficial del Ministerio de Salud del Perú, cuyo ciclo está por concluir este año, no ha hecho más que promover y convalidar el activismo político social, y consagrar las creencias políticas propias de los sectores de la izquierda más radical. Fuera de ello, sus lineamientos de salud son finalmente la misma colección de verbos típicos de la burocracia: impulsar, coordinar, promover, reforzar, incentivar, difundir, garantizar, priorizar, planificar, etc. Si bien no podemos esperar mucho o nada de un documento burocrático, lo que no podemos admitir es que estos documentos, además de malos desde el punto de vista científico y académico, se conviertan en panfletos políticos encubiertos con los temas de salud, ya que luego tienen que ser empleados en las universidades, como fuentes bibliográficas en la formación de los futuros profesionales. Esto es inaceptable. Los peruanos tenemos derecho a exigir que el Estado no se convierta en plataforma de prédica política, y que los documentos oficiales de salud no sean una vergüenza internacional. Si empleamos estos documentos oficiales del MINSA, en vez de educar, lo que haremos será adoctrinar y perpetuar la mediocridad. Esperamos que, en el futuro, estos documentos sean verdaderamente documentos científicos y de salud y no el disparate que son hoy.
Este documento oficial del Ministerio de Salud del Perú, cuyo ciclo está por concluir este año, no ha hecho más que promover y convalidar el activismo político social, y consagrar las creencias políticas propias de los sectores de la izquierda más radical. Fuera de ello, sus lineamientos de salud son finalmente la misma colección de verbos típicos de la burocracia: impulsar, coordinar, promover, reforzar, incentivar, difundir, garantizar, priorizar, planificar, etc. Si bien no podemos esperar mucho o nada de un documento burocrático, lo que no podemos admitir es que estos documentos, además de malos desde el punto de vista científico y académico, se conviertan en panfletos políticos encubiertos con los temas de salud, ya que luego tienen que ser empleados en las universidades, como fuentes bibliográficas en la formación de los futuros profesionales. Esto es inaceptable. Los peruanos tenemos derecho a exigir que el Estado no se convierta en plataforma de prédica política, y que los documentos oficiales de salud no sean una vergüenza internacional. Si empleamos estos documentos oficiales del MINSA, en vez de educar, lo que haremos será adoctrinar y perpetuar la mediocridad. Esperamos que, en el futuro, estos documentos sean verdaderamente documentos científicos y de salud y no el disparate que son hoy.

