Lo psicosocial se refiere a un campo de estudio que tiene a la conducta social como su objeto de análisis. Su interés se centra en la búsqueda de las ideas y sentimientos que subyacen tras ella, así como en la comprensión del contexto ideológico y circunstancial que definen los marcos de su desenvolvimiento. En tal sentido, el análisis psicosocial procura determinar las circunstancias así como hallar las ideas y sentimientos que mueven a la sociedad, ubicándolas en un contexto histórico cultural que las explique, pero procurando desligarse epistémicamente del marco ideológico en el que tales ideas y contextos se han producido, ya que de lo contrario caeríamos en el círculo vicioso de la subjetividad, al explicar un hecho desde el mismo proceso ideológico que lo provocó. Para hacer más comprensible esto diremos que en el estudio psicosocial consideramos las ideas sociales como insumos del análisis pero no como herramientas para el mismo. Por ejemplo, no podríamos estudiar el fenómeno religioso si somos parte de él. Observamos qué tipos de ideas están presentes, con qué clase de realidad se enlazan o a qué estructura cultural obedecen, tomando distancia de las ideas en cuanto sea posible. Es obvio que si no podemos aislarnos ideológicamente o sentimentalmente, el análisis será sesgado. Esto es lo que hace tan difícil un estudio científico social. El razonamiento no puede desvincularse de la realidad del investigador. Son las circunstancias las que nos inducen hacia una forma de razonar. Pero es importante destacar con objetividad los sentimientos y emociones que orientan o incitan los hechos que se van a estudiar. También es importante reconocer el circuito de retroalimentación que se desarrolla entre ideas y sentimientos y el punto en que este conjunto abandona la racionalidad cultural y estalla en crisis.
Señalamos que el análisis psicosocial es difícil porque somos seres humanos y nada de lo humano nos puede ser ajeno. Debemos tener claro que los hechos sociales –a diferencia de los hechos naturales- no se explican por sí solos. Las explicaciones de los hechos sociales pueden estar lejos de donde tales hechos se producen, pueden estar en otra época, en otro territorio, incluso en el futuro o ser apenas una aspiración inmaterial, como ocurre con la salvación del alma, el paraíso o el miedo al infierno. Las ideas pueden materializarse como expectativas o esperanzas que dan pie a la acción. Tampoco se explican apelando a las mismas ideologías que intervienen en su dinámica, pues también la generación y difusión de ideologías son hechos sociales que merecen comprensión. Los hechos del mundo natural se producen siguiendo leyes físicas universales y constantes, por lo mismo pueden predecirse; en cambio el comportamiento social no está regido por leyes, ni siquiera podemos asegurar que las leyes humanas se cumplan. En cierto momento hubo teorías sociales que pretendían haber descubierto las leyes de la historia y de la conducta, pero esto fue antes de que se entendiera el sentido del conocimiento científico aplicado a la sociedad. Cualquiera que intente hacer un estudio social debe entender en primer lugar que se encuentra frente a un escenario azaroso y caótico. La tarea científica entendida comúnmente se asume como el empeño por determinar regularidades tales que nos permitan hacer predicciones seguras. Esto es una vana ilusión en el campo social, y hay que decirlo desde el principio y claramente. Basta observar el fracaso de las teorías económicas que deber ser permanentemente ajustadas al vaivén del discurrir social.
Seguramente algunos se preguntarán ¿cuál es entonces el valor o utilidad del análisis psicosocial si no es predecir? Su valor reside en que es posible entender científicamente los hechos sociales, es decir, nos permite saber con claridad lo que ocurre, al margen de las explicaciones políticas, ideológicas o de otra índole no científica. Explicar los hechos sociales es un gran aporte para tomar decisiones correctas o alimentar teorías en otros campos. El conocimiento es el principal insumo para las decisiones correctas. Lamentablemente es muy frecuente que las decisiones políticas no se tomen basándose en información científica sino en aspiraciones humanas. Hay que añadir que el interés científico no debería estar supeditado al interés económico ni al político, pues las investigaciones que se hacen con financiación destinada a ciertos fines políticos, tienden a sesgarse hacia la complacencia de los supuestos en que se basa el otorgamiento de dichos fondos. Sería contraproducente para los investigadores ofrecer resultados que lleven a cancelar esos fondos. Además en estos tiempos en que los estados han decidido aportar fondos de investigación, los objetivos científicos se mezclan con los políticos. Este es un hecho social que debemos tener muy presente.
La utilidad del conocimiento científico no solo deriva del carácter predictivo o utilitario de un saber. Aun cuando no se pueda hacer nada respecto de los conocimientos de las galaxias o de las ruinas arqueológicas, la ciencia sigue en su tarea de descubrir el conocimiento. La "ciencia predictiva" ha experimentado serios reveses en varios campos, como por ejemplo el clima mundial, y en varios fenómenos naturales que permanecen en el ámbito de lo impredecible, como los terremotos. El actual movimiento mundial por el cambio climático de hecho se sustenta más en un psicosocial político que en argumentos científicos sólidos sobre el cambio climático. Los modelos de predicción del clima son muy poco confiables pues las variables suelen ajustarse según los deseos del autor de la predicción, y por lo general tienen más éxito los pronósticos más catastróficos. Por lo pronto allí tenemos un psicosocial mundial digno de estudio. Las investigaciones que aportan al psicosocial del cambio climático se dan a la luz y los que lo desvirtúan son desdeñados y censurados. No es casual que la mayoría de investigaciones climáticas alimenten el psicosocial. Detrás de estos hechos hay intenciones y hasta una ideología completa.
Seguramente algunos se preguntarán ¿cuál es entonces el valor o utilidad del análisis psicosocial si no es predecir? Su valor reside en que es posible entender científicamente los hechos sociales, es decir, nos permite saber con claridad lo que ocurre, al margen de las explicaciones políticas, ideológicas o de otra índole no científica. Explicar los hechos sociales es un gran aporte para tomar decisiones correctas o alimentar teorías en otros campos. El conocimiento es el principal insumo para las decisiones correctas. Lamentablemente es muy frecuente que las decisiones políticas no se tomen basándose en información científica sino en aspiraciones humanas. Hay que añadir que el interés científico no debería estar supeditado al interés económico ni al político, pues las investigaciones que se hacen con financiación destinada a ciertos fines políticos, tienden a sesgarse hacia la complacencia de los supuestos en que se basa el otorgamiento de dichos fondos. Sería contraproducente para los investigadores ofrecer resultados que lleven a cancelar esos fondos. Además en estos tiempos en que los estados han decidido aportar fondos de investigación, los objetivos científicos se mezclan con los políticos. Este es un hecho social que debemos tener muy presente.
La utilidad del conocimiento científico no solo deriva del carácter predictivo o utilitario de un saber. Aun cuando no se pueda hacer nada respecto de los conocimientos de las galaxias o de las ruinas arqueológicas, la ciencia sigue en su tarea de descubrir el conocimiento. La "ciencia predictiva" ha experimentado serios reveses en varios campos, como por ejemplo el clima mundial, y en varios fenómenos naturales que permanecen en el ámbito de lo impredecible, como los terremotos. El actual movimiento mundial por el cambio climático de hecho se sustenta más en un psicosocial político que en argumentos científicos sólidos sobre el cambio climático. Los modelos de predicción del clima son muy poco confiables pues las variables suelen ajustarse según los deseos del autor de la predicción, y por lo general tienen más éxito los pronósticos más catastróficos. Por lo pronto allí tenemos un psicosocial mundial digno de estudio. Las investigaciones que aportan al psicosocial del cambio climático se dan a la luz y los que lo desvirtúan son desdeñados y censurados. No es casual que la mayoría de investigaciones climáticas alimenten el psicosocial. Detrás de estos hechos hay intenciones y hasta una ideología completa.
Otra diferencia sustancial entre el enfoque psicosocial y el de las ciencias naturales es que mientras los hechos naturales son lo que son, no podemos decir lo mismo de los hechos sociales, ya que estos deben ser interpretados para saber lo que son y pretenden ser. O sea, debemos colocarlos en su contexto cultural y entenderlos dentro de ese marco, que es el único que resulta válido para otorgarle un verdadero sentido humano a los hechos sociales. Esto quiere decir que resulta imposible otorgarle un significado a cualquier hecho social si se ignoran sus marcos históricos y culturales de referencia que son los que le otorgan su sentido. Dentro de este enfoque las palabras son fundamentalmente elementos simbólicos, por tanto no significan necesariamente lo que literalmente expresan. Por ejemplo, un concepto como "justicia social" significa diferentes cosas en distintos contextos. Es lo que podríamos llamar básicamente un concepto "comodín", que se puede usar en el momento más oportuno para lograr un objetivo. Y es en ese contexto específico que el concepto adquiere su significado. Estrictamente hablando no significa nada. Hay que atribuirle un significado arbitrario. El mundo está lleno de conceptos a los que se le cargan distintos y hasta contradictorios significados, como por ejemplo "democracia", "igualdad", "derechos". Una de las tareas más importantes de nuestro análisis es desenmascarar el verdadero significado social de las palabras sin asumirlas por sobreentendidas ni otorgarles un valor de diccionario. No nos olvidemos que los conceptos a menudo se trasladan de un lugar a otro pero se asumen y defienden de una manera muy diferente y particular en cada sociedad y en cada circunstancia. El honor de una mujer tiene diferente significado en distintos países y momentos. Lo mismo ocurre con los iconos sociales. Es un fenómeno muy común que los conceptos académicos signifiquen algo muy diferente para las masas que lo emplean. El concepto de "redistribución de la riqueza" es muy diferente en el lenguaje económico y en el de las masas. El principal defecto de las ciencias sociales es descuidar los aspectos epistémicos de sus conceptos, por lo que las interpretaciones y análisis son trasladados de un escenario social a otro, como si se trataran de fórmulas matemáticas abstractas. Los conceptos sociales suelen ser usados como etiquetas que se colocan arbitrariamente sobre cualquier aspecto de la realidad, según los intereses de quienes los usan.
Todo lo dicho plantea una diferencia fundamental entre estudiar un fenómeno natural y otro social. En principio, implica la necesidad de apelar a una epistemología diferente. En el primer caso se trata del estudio del mundo real, objetivo, sensible, mientras que en el otro debemos ocuparnos de un mundo fabricado por el propio ser humano en los escenarios de su conciencia y con subjetividad. Precisamente por esto es que nos vemos obligados a dejar de lado el enfoque naturalista y objetivista de los hechos, así como sus pretensiones predictivas fundadas en aparentes regularidades. Es un error muy común hablar de los hechos sociales en diferentes partes del mundo como si se tratara de un mismo fenómeno, por ejemplo la emergencia de la clases medias o las marchas de indignados. Peor aun cuando se habla de instituciones sociales como si se tratara de modelos de autos, refiriéndose por ejemplo a los partidos de derecha, asumiendo que en todos los países significan lo mismo y se conducen igual. No es lo mismo ser un liberal en España que en los Estados Unidos. Como todos sabemos, los hechos naturales no hablan ni se contradicen ni cambian. Son lo que son. Al punto en que las matemáticas, como ciencia exacta, resultan ser herramientas muy efectivas para su estudio. Pero en los escenarios de la vida humana la situación es muy diferente. No es nada raro encontrar contradicciones y cambios. Una sociedad puede luchar por la libertad contra un tirano y acto seguido imponer en el gobierno a otro tirano, con la diferencia de que este utiliza otro discurso y oprime en nombre de la libertad y la dignidad humana. Se puede hacer una revolución contra la opresión y el abuso para enseguida imponer un régimen de terror. Todo esto lo hemos visto en la historia repetidas veces. Entonces podríamos decir que quizá haya una cierta regularidad en la historia, en el sentido de que se producen grandes movimientos generales a los que se les etiqueta como "revolución", por ejemplo. Pero más importante que ello es descubrir las raíces culturales de este tipo de conducta social que los hacen diferente. En el escenario humano es más importante descubrir la particularidad que la generalidad, pues esta suele ser engañosa y falsa. Por ello aquí la objetividad de las ciencias naturales no nos sirve mucho, pues los hechos observados nunca son suficientes para explicar por sí mismo el fenómeno, debemos apelar a las estructuras cognitivas sociales, descubrir el entramado de relaciones que hay en su mundo simbólico referencial, interpretar correctamente los conceptos de su lenguaje para desenmascarar sus engaños, conocer sus valores y contravalores, etc. Esto quiere decir que a diferencia de los estudios sociales y políticos, nosotros no nos dejamos engañar por los discursos ni por los estudios académicos sociales que, por lo general, cargan un sesgo ideológico. Ya es muy conocido el sesgo marxista de la sociología del siglo XX. Lo que nos interesa descubrir son las motivaciones subjetivas de los hechos y dichos, el marco lógico de referencia, el sustrato ideológico desde donde emerge como explicación plausible. Hay, desde luego, componentes de la naturaleza humana, en lo antropológico y en los psicológico, que son constantes por ser precisamente parte de su naturaleza, tales como la ambición, la expectativa, el temor, la competencia, el odio, la revancha, etc., pero en el instante en que el ser humano emerge como sujeto cognitivo y simbólico, sujeto de ideas y creencias, intercambiando información social, el escenario se torna azaroso y caótico pues de pronto le confiere valor -e incluso valor supremo- a cosas o hechos que desde otra óptica resultan irrelevantes. Se han producido guerras por cuestiones tan bobas como un partido de fútbol y territorios considerados "sagrados".
No es fácil ingresar al análisis de escenarios subjetivos y caóticos debido a que el pensamiento humano se forjó y evolucionó orientado al manejo de aspectos objetivos. El cerebro tiende a hallar patrones y a establecer relaciones de causalidad, lo que le sirve para prever los hechos y adecuar su conducta mediante el aprendizaje. La ciencia misma se hizo así. El cerebro en su totalidad está orientado hacia el mundo natural que nos rodea, sus aparatos perceptivos sólo sirven para los estímulos que recibe del medio y su cerebro objetiva y conceptualiza “la cosa” que nos afecta, aunque tales “cosas” sean de naturaleza subjetiva. Todo asume forma de “cosa”, como la patria, el amor, la inteligencia, la pobreza, etc. Y se le pretende entender como cosa dada, abordarla, medirla y estudiarla como existente real, tratarla como elemento objetivo. Así se habla de los “transtornos de la personalidad” como si la personalidad fuese un órgano, de la “medida de la inteligencia” como si el intelecto fuese un objeto real, de la “lucha contra la pobreza” como si la pobreza fuese un monstruo, de la “defensa de los derechos” como si los derechos fueran un territorio. Estas maneras de procesar mentalmente la información constituyen serios determinantes para entender la realidad social, para producir una ciencia real en el escenario social que trata de copiar el modelo naturalista. Se trata la realidad social como se fuera el mundo físico natural. Nuestros modos de expresarnos y de proceder así lo revelan. De manera que hay serias dificultades naturales y culturales para adoptar un enfoque psicosocial apropiado como perspectiva de estudio y análisis de los escenarios sociales. Es necesario advertirlo.
La sociedad está formada por personas y esto hace toda la diferencia. Cada persona es esencialmente un ser impredecible desde que tiene la libertad para decidir. Nuestro primer obstáculo para entender el escenario social es concebir a los seres humanos como seres iguales hechos en serie. Es fácil considerar a las vacas, los caballos y los gatos como iguales en todo sentido, tanto que uno puede coger cualquier paloma, estudiarla y determinar con exactitud cómo son todas las palomas. Pero esto es equivocado en los seres humanos porque cada individuo es único e irrepetible en cuanto persona. Los intentos por considerarlos iguales siempre fracasan. No hay fórmulas universales para hijos únicos ni para adolescentes ni parejas. Es falso que se puedan definir reacciones y tratamientos estandarizados. Incluso los médicos tienen que investigar al individuo concreto antes de establecer dosis y sustancias de tratamiento. Con mayor razón en el campo de la psicología. Pero esto no es impedimento para anticipar cierto tipo de respuestas comunes muy específicas. Es sabido lo que ocasionan en gran parte de la sociedad cierto tipo de noticias, imágenes o sucesos. Siempre hablamos solo de una parte de la sociedad. Si uno quisiera anticiparse a las acciones de un individuo nos quedaría apenas saber tres cosas: qué está pensando, que está sintiendo y qué tiene a su rededor. Aun así solo podríamos establecer una probabilidad sobre su posible respuesta. Al igual que en la física cuántica, definimos posibles respuestas y jugamos con las probabilidades. El hecho de que la sociedad sea un conjunto de personas que se comunican intercambiando ideas, intereses, sentimientos y bienes libremente produce un escenario caótico, pues no hay forma de establecer ninguna relación de causalidad precisa y porque una mínima variación inicial puede llegar a alterar los resultados de una manera muy significativa. El conocimiento en estos escenarios no deja de tener sobre sí la espada de Damocles de la incertidumbre. Esto hace que los estudios de mercado no siempre sean exactos y determinen decisiones acertadas. Hay muchos casos de fracasos basados en estudios de mercado, y una de las razones es que el escenario social es multifactorial. No solo hay muchos factores que inciden de diferente manera sino que están variando el grado de su incidencia constantemente. En tal sentido un estudio es solo una foto de pobre resolución de la situación en que se encontraba un escenario en un momento dado, pero que no determina una regularidad de confianza.
Los elementos del análisis
Como hemos dicho, para afrontar el estudio social es fundamental conocer tres cosas: el conocimiento, las emociones y la realidad del entorno. El conocimiento hace referencia al conjunto de ideas y creencias que comparte una comunidad o manejan las personas y según las cuales tienden a actuar. Los sentimientos y las emociones son los impulsos internos que movilizan a las personas y están en referencia a determinados elementos que pueden ser conceptos u objetos reales. Y la realidad del entorno son las características físicas que rodean a las personas y el nivel de su dependencia de ellas. Conociendo plenamente estos tres elementos podemos ofrecer explicaciones científicas de los fenómenos sociales. ¿En qué sentido son científicas? En el sentido en que parten del análisis de elementos reales, aunque sean subjetivos. Las ideas se pueden considerar cuestiones subjetivas pero son tan reales como los programas que mueven a los robots. Y lo mismo podemos decir de las emociones y sentimientos cuya manifestación es tan objetiva como la luz del sol. Nuestro enfoque también es científico en el sentido que se basa en el manejo objetivo de estos elementos con independencia de los formatos ideológicos que movilizan a las sociedades. Es decir, tenemos tanto la objetividad ontológica como la objetividad epistémica. Por último, también es científico porque las explicaciones tienden a ser sistemáticas.
1.- Los conocimientos que maneja una sociedad pueden ser de diversos tipos. Algunos forman parte de su herencia cultural y determinan sus características como cultura y pueblo, por ejemplo sus ideas religiosas, de nación y de destino. Otras son ideas que se adquieren en referencia a eventos o elementos concretos de la realidad como una sequía, epidemia, bosque o montaña. En ocasiones un pueblo suele establecer un tipo especial de vínculo con algún elemento de la naturaleza, como su río o montaña, y esta relación se formaliza con una serie de ideas y creencias en torno a dicha relación, formando parte de su identidad como pueblo. También puede establecerse una fuerte alianza entre una actividad realizada como ritual, costumbre o tradición y el conjunto de ideas que la explican y le dan forma ideológica. No hace falta imaginar una pequeña aldea. Esto se observa aun en grandes naciones. Por ejemplo, el Perú ha hecho de Machu Picchu y de la procesión del Señor de los Milagros parte importante de su identidad como nación.
Lo grave del asunto en cuanto a las ideas y creencias que manejan los pueblos es que no podemos hablar de racionalidad. Ni siquiera debemos esperar racionalidad. Las ideas que manejan los pueblos son arbitrarias y se explican por si solas o en relación con el trasfondo de su cultura. A menos que haya una influencia directa claramente advertida, como ocurre cuando se desarrollan campañas. Al margen de esto, las ideas que de manera natural emergen en un pueblo y constituyen la base de conducta no tienen más compromiso con la racionalidad que la que guardan con su propia herencia cultural. En otros términos, la racionalidad es algo que solo tiene sentido cuando las ideas se encuandran dentro del marco cultural de donde emergieron. Esto quiere decir que la racionalidad deriva de la cultura matriz y no de un enfoque ajeno. Si un occidental analiza la conducta y las ideas de un pueblo musulmán le resultarán plenamente irracionales, pero la inversa será la misma. Por esto, la confrontación de culturas carece de sentido.
Para un enfoque científico la mayoría de conductas populares fundadas en creencias resultarán irracionales, como los actos de adoración religiosa, los rituales de iniciación, los regímenes alimenticios o las atribuciones de sacralidad a determinados objetos, actos o fechas. Ninguna conducta o creencia humana tiene sentido alguno desde un punto de vista puramente racional, si asumimos lo racional como lo científico, y esto como lo relativo a la realidad física que es el único referente válido para la ciencia. El mundo de las ideas humanas es absolutamente arbitrario y muchas de ellas tienen sus orígenes en eras muy remotas, aunque hayan venido cambiando a lo largo de los siglos. De manera que para efectos del estudio psicosocial solo nos corresponde hacer un inventario de las ideas y creencias que dominan las acciones de una comunidad. Luego debemos establecer a qué tipo pertenecen, si son propias y relativas a la cultura, si son circunstanciales y relativas a un evento, o si son importaciones o aprendizajes derivados de una campaña.
Continuará...
