lunes, 25 de octubre de 2010

El conductismo y sus verdaderos orígenes culturales e históricos




Historia del conductismo


Introducción

En el último medio siglo se ha escrito mucho acerca del conductismo. Esta literatura no sólo ha venido incrementándose sino que además ha estado distorsionando paulatinamente los hechos históricos, los conceptos y generando mitos. Se trata de un fenómeno cultural bastante frecuente y normal, pues cuando se traslada información de una generación a otra, se va perdiendo exactitud. Pero más allá de las distorsiones naturales, también ha venido actuando una especie de reacción defensiva del conductismo frente a la ola de críticas y rechazos que siempre ha cosechado. Ahora estos mitos y falsos conceptos los podemos leer en la mayoría de libros. Una revisión de los documentos expuestos hoy en la web, confirma que casi todos ellos adolece de graves errores históricos y conceptuales, pues aunque pretendan ser neutrales, acaban siguiendo muchos de estos mitos. Sin duda, la gran mayoría de tales mitos y distorsiones han sido generados por los seguidores del conductismo; pero los historiadores y estudiosos del conductismo tampoco están libres de culpa, pues siempre andan tratando de hallar razones filosóficas, precedentes intelectuales, antecedentes ideológicos y explicaciones racionales; un recurso que está guiado más por el lucimiento personal que por la verdad. Novelar los hechos históricos envolviéndolos con un aura de racionalidad, es un defecto muy típico del intelectualismo. Los hechos de la vida rara vez ocurren de una manera racional, y -en especial- los eventos socioculturales como el conductismo. Al contrario, son resultado de emociones, carencias, frustraciones, intereses, malos entendidos, y otras causas muy alejadas de la racionalidad; aun cuando eventualmente acaben expresadas en una justificación razonada, como una proclama. Sin embargo, sus estudiosos y seguidores incrementaron la mitología del conductismo a niveles babilónicos. Se dice, por ejemplo, que el conductismo se inició con la proclama de Watson, que este se basó en la obra de Pavlov, que el inicio del conductismo es la teoría de Darwin o la filosofía de Mach, que el conductismo contribuyó a la comprensión del aprendizaje humano, y muchas otras cosas completamente falsas. A continuación demostraremos que los orígenes del conductismo no están en Bacon, ni en Mach, ni en Darwin, ni en Pavlov, y ni siquiera en Watson. Hay una gran distancia entre la “historia oficial” que se escribe para el público y la verdad histórica. Aunque las generaciones actuales ya han incorporado todos esos mitos en sus creencias y hoy lo enseñan así. En lo que sigue iremos al escenario natural donde se forjó el conductismo, en busca de sus orígenes reales. Luego veremos que el conductismo psicológico no fue más que un malentendido de la historia. Todas las citas que presentaré a continuación son traducciones propias.

El ambiente cultural del conductismo

En el siglo XIX la humanidad vivió la aparición de la ciencia. Fue un producto cultural que surgió desde determinados núcleos sociales de Italia, Francia, Rusia, Alemania y, principalmente, Inglaterra. La ciencia irrumpe triunfal con la publicación de la Teoría de la Evolución de Darwin. Esto lleva a constituir a la ciencia naturalista como la imagen de la ciencia, por lo que muchos adoptarían sus moldes para hacer ciencia. Pero debemos advertir que la ciencia, tanto entonces como ahora, no es algo fácil de entender. Se trata de un cambio de mentalidad y de actitud frente al mundo, una nueva forma de pensar y de entender las cosas. Esto quiere decir, en otros términos, que requiere necesariamente un trasfondo filosófico particular. En general, las sociedades recibieron a la ciencia como una moda que ofrecía cosas nuevas. Se produjo entonces lo que se llamó "cientificismo", que era un sentimiento general de admiración a la ciencia y una actitud de sometimiento a sus esquemas ya definidos. La ciencia sería entendida como conocimientos concretos, productos tecnológicos y procedimientos metodológicos, y el sólo empleo de estos elementos fue asumido como "ciencia". Es así como la ciencia sería regada por distintas sociedades que la acogieron como una novedad imprescindible. Así fue como se importó a los EEUU a finales del siglo XIX, y se mezcló con su propia idiosincrasia.

Para empezar, debemos establecer cuál era el ambiente cultural de los EEUU cuando llega la psicología. ¿Qué había? ¿Sobre qué bases culturales se instala la moderna psicología? ¿Había un buen terreno en donde fundar los cimientos de la psicología científica europea? ¿Quién o quiénes fueron los artífices de este proyecto? Esto es lo primero que debemos revisar. Aunque muchos llaman a William James, “el padre de la psicología americana”, lo cierto es que el verdadero padre de la criatura fue Granville Stanley Hall, oficialmente el primer PhD en Psicología de América. Viajó a Alemania para estudiar a lado de Wundt, de regreso instaló en 1886 el primer laboratorio de psicología en América. En 1889 fundó la primera revista de Psicología, en 1892 la APA, siendo su primer presidente. Fue el formador de la primera generación de psicólogos americanos, entre los que se hallaban Cattell, Terman, Dewey, Sanford, Jastrow y otros. Antes de viajar a Europa estudió en la Union Theological Seminary. A su regreso de Alemania en 1871, volvió al seminario de teología, donde recibió el grado de “Bachelor of Divinity”. Años después fundaría la Revista de Psicología Teológica (1904). 

Este último dato no es irrelevante. El defecto de muchos intelectuales que estudian cosas como el conductismo, es irse a buscar orígenes en los filósofos o científicos precedentes, pasando por alto montañas de evidencias culturales, como si Watson no hubiera surgido en un barrio de clase media, en una sociedad dominada por nociones religiosas y cierto tipo de tradiciones que orientan la percepción del mundo y de la vida, con una madre y un padre o un tutor que ejercieron sus influencias moldeadoras para formar su carácter y mentalidad, y con determinadas aficiones personales, conexiones políticas y comerciales que dirigieron sus intereses y decisiones, etc. Todos estos aspectos fundamentales en la vida de cualquier persona, pasan totalmente desapercibidos para ir a especular con antecedentes intelectuales, autores y textos que jamás fueron leídos realmente por los protagonistas de los hechos. Este es un error clásico del intelectualismo analítico y uno de los orígenes de los mitos.

Algunos historiadores de la psicología americana mencionan a varios autores que habrían sido parte de lo que llaman “la literatura psicológica norteamericana”; aunque admiten que la gran mayoría de ellos fueron enteramente desconocidos, incluso para el propio W. James. La mayoría de tales autores fueron básicamente teólogos puritanos que escribieron sobre tópicos clásicos como la moral, la pasión, la naturaleza humana, la libertad y la voluntad, pero desde enfoques religiosos. Lo que hubo antes de la llegada de la psicología y la ciencia fue una “psicología teológica”, a cargo de pastores, muy distinta de la ciencia psicológica desarrollada en Europa desde principios del siglo XIX. Valdría la pena comparar ambos ambientes, pero eso va más allá de nuestros intereses. Al menos es necesario precisar que la psicología en Europa se había configurado a lo largo de tres siglos de debates filosóficos intensos, que empezaron con Descartes en Francia, continuaron con Kant, en Alemania, Locke en Inglaterra, etc., en una empresa continental en la que se enfrentaban culturas e idiosincrasias diversas, como el pragmatismo inglés y el idealismo alemán. Una larga lista de nombres célebres ayudaron a configurar las nociones de lo que sería finalmente la psicología, como la disciplina científica que, desde principios del siglo XIX, había ya iniciado su labor de búsqueda de la misteriosa mente. La iniciaron por un lado los fisiólogos y por el otro, los filósofos, como si horadasen un mismo túnel desde dos frentes, en camino a la conciencia. Era una empresa necesariamente larga, como lo son las grandes empresas humanas. Hacía mucho tiempo ya que la psicología había roto con las nociones de la escolástica e iniciado una tarea científica de investigaciones concretas en torno de los fenómenos humanos más complejos, que siempre intrigaron a los hombres, desde la época de los griegos. Sin embargo, la situación en América era totalmente diferente. Al igual que cuando llegaron los colonos y encontraron tierra baldía, la psicología europea arribó a los EEUU sobre la nada. Peor aun, sobre las concepciones religiosas que aun prevalecían. En los EEUU aún estaría por empezar el enfrentamiento con las nociones religiosas, y esto sería parte central del trabajo conductista y su razón de ser. Por ello no es irrelevante el hecho de que G. Stanley Hall así como el propio W. James, forjadores de la moderna psicología norteamericana, hayan fundado la psicología religiosa ya en pleno siglo XX. Hubo también muchos clérigos llamados a enseñar psicología, como veremos luego.

Si analizamos las producciones psicológicas en los EEUU durante el siglo XIX, lo más cercano a lo que pudiera considerarse una psicología de corte científico, fueron los escritos del médico George Miller Beard (1839-1883), quien abordó diversos síntomas mentales, como la falta de atención, la irritabilidad, el miedo, etc. Luego queda apenas la obra de William James “Principios de Psicología” (1890). Ese era pues el modesto panorama que exhibía la psicología norteamericana en los inicios del siglo XX. Algunos historiadores incluyen la obra filosófica de J. Dewey (1896) “El concepto de arco reflejo en psicología”. Hubo también, desde luego, varios libros de texto preparados en las novedosas cátedras de psicología que aparecieron en la última década del siglo XIX, pero que eran básicamente irrelevantes. Por ejemplo, la obra inconclusa de E. C. Sanford (1891) "Laboratory Course in Physiological Psychology". Debido a la instalación de laboratorios experimentales de biología, siguiendo el modelo del naturalismo inglés, los psicólogos norteamericanos fueron inducidos a la experimentación con animales como una tarea fundamental de su actividad. El exitoso trabajo de Thorndike reforzaría esta tendencia y, a la larga, sería esta linea de trabajo la que llevaría al conductismo. Muchos autores consideran que el trabajo de Thorndike ya era un conductismo pleno. Ciertamente lo era. Skinner no añadió mucho más que retórica al trabajo de Thorndike. La diferencia fue que el conductismo se constituyó como un rechazo a la conciencia, y eso fue lo que lo hizo tan distinto.

Lo más importante que ocurrió en los EEUU al concluir el siglo XIX, fue la instalación de diversos laboratorios experimentales, junto con el modelo científico y académico del naturalismo inglés, es decir, de la biología. En ellas los americanos se dedicaron a experimentar con animales, incluyendo a los psicólogos, pues eran parte de la misma Facultad de Filosofía y Ciencias. Esto desde luego, no lo explica todo, pues la experimentación en animales fue algo que ocurrió -y ocurre- en todo el mundo donde hay actividad científica. Hubo todavía otros factores más allá de los muros universitarios, como la influencia del trasfondo religioso y pragmático de su sociedad, que afectaron de diversas maneras la edificación de la psicología en América. Pocas veces se ha prestado atención a la cultura, y a la gran influencia de la filosofía pragmática americana, así como de la religión, en la psicología americana.

“El período de cinco años que corre entre 1887 y 1892, se distingue por el desarrollo de laboratorios de psicología en los Estados Unidos. Para rendir un tributo a esos primeros trabajos, debemos prestar atención a James McCoch, clérigo presbiteriano de Escocia, y Presidente del Colegio Presbiteriano, quien promovió en Princeton el estudio de la evolución orgánica y la psicología fisiológica. George Trumbull Ladd, clérigo también, fue llamado a Yale como profesor de filosofía en 1881 y desarrolló tres cursos en psicología fisiológica, logrando publicar en 1887 ‘Apuntes sobre psicología fisiológica’. Con James y Hall, ellos comparten el honor de haber liderado el desarrollo de la psicología en América”. Cattell (1928).

La filosofía teológica puritana había predicado mucho en tópicos que se asumieron como psicología, en particular sobre el “alma humana”. Por otro lado, los norteamericanos creían fervientemente que todas las ideas deben acabar convertidas en hechos, y que las disciplinas, todas, incluyendo la filosofía, tienen que estar orientadas hacia el servicio de la sociedad y al cambio social. Este era el pensamiento derivado del “Movimiento por el Progreso”, que enarboló la sociedad americana desde la llegada de los primeros colonos, y que los guió en la construcción de la “Nación de Dios” (Johnson, 2002). Esta ideología social se fundaba en un pragmatismo efectista, en el cambio social y en la fe. Debemos recordar que W. James  no solo publicó su famoso "Principios de Psicología" (1890) sino también "Variedades de la experiencia religiosa" (1902), que lo hizo fundador de la Psicología Religiosa. En añadidura, fue el máximo representante del pragmatismo con su obra "Pragmatismo" (1907), donde señala el camino para eludir las discusiones metafísicas y teóricas. Cuando las primeras ciencias sociales empiezan a emerger en Norteamérica a principios del siglo XX, lo hacen sobre todo ese trasfondo cultural. El pragmatismo les dio un característico y típico formato conductista a todas las ciencias sociales, caracterizada por el desprecio hacia la discusión teórica, una predisposición hacía la búsqueda de resultados inmediatos y al servicio social directo. (Mills, 2000). Pero también por el empleo del método como el pilar fundamental de su accionar científico, en lugar de la reflexión teórica.

Para tener una idea más clara, revisemos algunos autores representativos de la época, y notemos su similitud con el conductismo psicológico, pues la forma en que entendieron la ciencia y su método fue muy similar. Edward Cary Hayes (1868-1928), sociólogo de la Universidad de Chicago y previamente pastor en Augusta (Maine), insistía en que la sociología debía limitarse al estudio del hecho social (en lugar de los estados o condiciones subyacentes al fenómeno), y al estudio de las relaciones funcionales entre las variables dependientes y antecedentes. Tales estudios sólo podían ser efectivos si se cuantificaban las variables en cuestión. Luther Lee Bernard (1881-1951), publicó en 1919 un artículo muy similar al manifiesto de Watson, donde insistía en que la sociología debería ser el estudio de regularidades estadísticas en el comportamiento, tal que puedan servir para predecir, controlar y proponer acciones sociales. Sus ideas tendían a establecer que las investigaciones deberían despersonalizarse para evitar la influencia del investigador y dejar que sea el método el que actúe, rechazando además todo trasfondo teórico o filosófico. La mayor virtud del investigador sería conocer y manejar bien el método. Ya para 1911 había publicado su libro: “La transición hacia un estándar objetivo de control social”. Leamos algunas de sus ideas, que son precedentes claros de Watson y Skinner. 

Puesto que la sociología estudia los procesos de ajuste coadaptativo, debe buscar sus datos en donde estén. Esto a menudo nos lleva más allá de los límites de la economía, la política, la religión, la psicología y la biología... La sociología debe esforzarse en hacer un contacto más cercano y realista entre la teoría y la vida. No tengo paciencia con esa timidez intelectual, a veces llamada actitud de ‘torre de marfil’… Las conclusiones teóricas no deben estar afectadas por una ecuación personal. La investigación debe ser lo más independiente que sea posible, y apegada al método tanto como sea factible; pero esto no debe eliminar la responsabilidad de orientar el trabajo a la solución de los problemas sociales. Al igual que en la política, el sociólogo debe considerarse al servicio de la sociedad y emplear sus conocimientos para los intereses de la sociedad (Bernard, 1911).

Es importante destacar que en Norteamérica se asumió a la ciencia no tanto como un medio para lograr conocimientos sino como un instrumento del cambio social, que era el imperativo cultural vigente. Esto llevó a considerar el empleo del método como la función primordial de la ciencia. La actividad científica giraba en torno al método. En otro campo, Mary Parker Follet (1868-1933), dictó los principios de la psicología como ciencia social, influyendo también en la administración, con la tesis de que era “el arte de lograr que se hagan ciertas cosas a través de las personas”. George Elton Mayo (1980-1949), un psicólogo poco reconocido, desarrolló entre 1926 y 1947, estudios sobre el comportamiento laboral en gigantescas compañías como la Western Electric Company, que ya para entonces tenía más de 30,000 empleados. Un antecedente directo de este trabajo fueron los famosos planteamientos de Frederick Winslow Taylor (1865-1915) en el control de la conducta laboral con el objetivo de lograr mayor eficiencia, lo que dio luego origen a la ingeniería organizacional, un equivalente remoto de lo que hoy se presenta como “ingeniería conductual”. En todos estos ejemplos (que no son todos), podemos apreciar que el conductismo era ya, de muchas formas, una realidad social y académica. Así lo expresa el historiador John A. Mills, al afirmar que el conductismo no se desarrolló dentro de la psicología sino en el gran entorno cultural de la sociedad americana.

En Europa, en cambio, el pensamiento social era completamente diferente. Hubo siempre una clara conciencia de la separación existente entre ciencia y tecnología. La ciencia era un fenómeno reciente, vinculada a la filosofía, pues era el esfuerzo por obtener conocimientos y ampliar la comprensión del mundo. Por otro lado, la tecnología era una tarea milenaria, desarrollada en conexión con los procesos productivos y la solución de problemas prácticos. Contrariamente, en Norteamérica acogieron a la ciencia como un insumo más para su tecnología social, rechazando el conocimiento puro, teórico y hasta la filosofía. Privilegiaron la metodología colocándola en el primer lugar de su enfoque científico y se supeditaron a ella. Emplearon la metodología como una tecnología capaz de producir ciencia de manera automática, y la ciencia como un mecanismo para generar ocupaciones profesionales dirigidas a proporcionar servicios a la sociedad. Ese era el enfoque pragmático de los norteamericanos. Por todo ello, era inevitable que la psicología europea fuera radicalmente transformada en otra cosa.

En Norteamérica no se manejaba un concepto muy claro de conciencia, en tanto concepto científico. La conciencia era algo que aun se vinculaba al concepto teológico del "alma", proveniente de su psicología teológica precedente y todavía vigente. La conciencia era en Europa, ya desde principios del siglo XIX, un concepto científico vinculado a los procesos superiores del sistema nervioso, mientras que la mente seguía siendo un concepto filosófico que se le había arrebatado a la escolástica. De modo que en Europa, ni siquiera el concepto de mente se vinculaba al alma. Esto estaba claro en Europa pero no en Norteamérica donde la confusión persistía. 

El estudio de la conciencia en Europa había tomado diversos caminos. Wundt propuso el uso de la instrospección como un método viable para su estudio. Aunque se hallaba en evaluación, la introspección fue por entonces un método de moda, del cual se hablaba mucho. La situación para los psicólogos americanos era sumamente incómoda. Tenían por un lado una experimentación con animales y, por otro, una teoría que exigía el estudio de la conciencia y el uso de la introspección. En algún momento hubo que cuestionar qué objeto tenía la experimentación sobre animales si no lograban enlazarla con el estudio de la conciencia. Más aún: qué objeto tenían todos esos esfuerzos si no podían ofrecerle un servicio directo a la sociedad. A todo esto se añadía la cuestión de ¿qué era la conciencia? Lentamente se fueron generando al menos dos corrientes en la psicología: los que deseaban ingresar al campo central de la psicología para estudiar la conciencia (los filosóficos), y quienes dudaban de la conciencia y preferían emplear los datos obtenidos de la observación de la conducta animal en algo útil y directo, sin ir más allá (los conductistas). Boring (1929) y otros autores de la misma época, coinciden en la percepción de que el conductismo fue creciendo en la forma de un movimiento que parecía luchar contra algo. De hecho, el conductismo se engendró como una actitud de rechazo a las nociones de conciencia e introspección, y como producto de una cierta frustración con la ocupación experimental. Fue un sentimiento oculto que maduró durante más de diez años hasta hacerse públicamente visible con Watson. Pero en ese transcurso hubo diversas ocasiones en que se hizo público este malestar. El máximo exponente de la psicología norteamericana, William James, también lo expresó así:

Creo que la ‘conciencia’… está a punto de desaparecer por completo. Es el nombre de la nada y no tiene derecho a tener un lugar entre los principios básicos (de la psicología). Los que todavía se aferran a ella se aferran a un mero eco, al leve rumor dejado por la desaparición del ‘alma’ en el aire de la filosofía. Durante el año pasado, he leído algunos artículos cuyos autores estaban a punto de abandonar la noción de ‘conciencia’ y sustituirla por otra en que la experiencia ya no se basaba en dos factores. Pero no se animaban a ser tan radicales ni se atrevían a ser tajantes en su negación (de la conciencia). Durante los últimos veinte años he dudado de la conciencia y en los últimos siete años les he planteado su inexistencia a mis alumnos, tratando de darles un equivalente pragmático en la realidad de la experiencia misma. Me parece que ya ha llegado la hora de que la conciencia sea totalmente descartada. (James, 1904).

Hay dos cosas fundamentales que quedan claras de estas líneas de James. Primero, que la idea de ocuparse sólo de la conducta observable abandonando la conciencia, ya estaba circulando en el ambiente en 1904. Segundo, es indispensable percatarse de que la lucha contra la conciencia era una lucha contra el “alma”. Es decir, contra las nociones de aquella “psicología teológica” subyacente todavía en Norteamérica y no contra las nociones de la psicología científica europea, pues obviamente, el concepto científico de “conciencia” no tiene nada que ver con el concepto teológico de “alma”. Sería ridículo negar la conciencia en tanto fenómeno subjetivo producto de la actividad nerviosa superior. Fue en ese mismo año de 1904, cuando G. Stanley Hall funda la “Revista de Psicología Teológica”. De manera que debe quedar claramente establecido que las nociones de conciencia que se manejaban en Norteamérica distaban más de un siglo de las que se tenían en Europa, y especialmente en Alemania. Incluso en una época tan posterior como 1930, Watson seguiría proclamando su rechazo a la conciencia, refiriéndose a ella como "alma" y como un mito pre científico, producto de la superchería religiosa. Obviamente no sabía de qué hablaba. Y esta penosa confusión sería además la marca más distintiva del conductismo, aun en el presente.

Todavía un año antes del manifiesto de Watson, Knight Dunlap publicó un artículo titulado “El caso en contra de la introspección” (1912), en el que analiza los distintos modos en que se emplea el término introspección, concluyendo que en vista de las dificultades que plantea, sería mejor abstenerse de usarla en la psicología. Este era el punto de vista de un psicólogo filosofista. Vale decir que incluso ellos ya estaban por descartar la introspección. En EEUU parecía haber todo un dilema en torno al método de la psicología. Debido a la inmadurez del escenario científico, para los americanos la cuestión del método adquirió ribetes de cosa fundamental y decisiva. Por ello se sintieron obligados a decidir: la introspección propuesta por Wundt como medio para llegar a la conciencia, o el método experimental del naturalismo inglés, empleado por la biología. Obviamente se trataba de métodos muy diferentes orientados a problemas, intereses y enfoques muy distintos. Debemos aclarar que el método no determina a la ciencia. En la ciencia se usan distintos métodos de acuerdo al problema específico de investigación. Pero en aquellos días se vivía aún la fiebre del cientificismo generada por el impacto de Darwin y de la biología inglesa, por lo que el método experimental del naturalismo adquirió los ribetes de "método científico". En un escenario psicológico bien definido, tal dilema no habría podido existir, no porque la introspección fuera indispensable, que no lo era, sino porque el método del naturalismo biológico no le sirve a la psicología absolutamente para nada. Sin embargo, en los EEUU se prefirió el método naturalista inglés, dando como consecuencia inevitable la aparición del conductismo, junto a una curiosa prédica contra la introspección, la conciencia y la psicología. Casi al mismo tiempo, en Alemania se iniciaba el apogeo de la Psicología de la Gestalt, en un brillante esfuerzo por explicar la conciencia desde la percepción de las formas; a la vez crecía el psicoanálisis de Freud, en otro interesante esfuerzo por explicar los procesos inconscientes, mientras que en Rusia, Vygotski articulaba los hallazgos de la fisiología rusa para explicar científicamente los fenómenos psicológicos, asumidos como productos superiores de la evolución. Esto quiere decir que la psicología era una para todo el mundo, excepto para los norteamericanos que renunciaron a la introspección como un acto revolucionario, rechazaron la “conciencia-alma” de su propia psicología teológica, y luego se entregaron a la mera observación de la conducta animal, bajo la experimentación naturalista y el enfoque de la biología. Ese fue el gran cambio norteamericano. Pero lo peor de todo fue que intentaron imponer eso como psicología. Y si hay algo peor que eso, fue que lo consiguieron. Pero básicamente en los países angloparlante y en los subdesarrollados.

Por lo visto hasta aquí, queda claro que la aparición del conductismo fue un proceso largo y paulatino, desarrollado alrededor de una serie de circunstancias históricas y socioculturales pre existentes y azarosas, como son realmente los fenómenos socioculturales. De modo que sus inicios fueron francamente modestos y estuvieron muy distantes de aquellas falsas y megalomaníacas imágenes de "revolución científica" y "cambio paradigmático", que exhibirían más adelante sus seguidores. Podríamos afirmar con plena certeza que el conductismo se fue edificando alrededor de las carencias culturales norteamericanas, su idiosincrasia étnica, sus metas religiosas como sociedad, y sobre una serie de malos entendidos, sumados finalmente a intereses comerciales y académicos muy concretos. Una realidad muy alejada de la mitología cientificista que se ha construido alrededor del conductismo. Las manifestaciones a favor de convertir la psicología en una disciplina dedicada al estudio directo de la conducta de los animales descartando la conciencia fueron diversas. En 1908, por ejemplo, William Mc Dougall (1871-1938), en su libro “An Introduction to Social Psychology” escribía estas pioneras ideas: “La psicología puede ser mejor y más compresivamente definida como la ciencia positiva de la conducta de los animales”. Más adelante, a partir de una estrecha perspectiva conceptual, Mc Dougall añade lo que sería después parte central del credo conductista: 

“Los psicólogos deberían dejar de pensar en la estrecha y estéril idea de que su ciencia es una ciencia de la conciencia y deberían remarcar que es una ciencia positiva de la mente en todos sus aspectos y modos de funcionamiento, o como yo prefiero decir, que es una ciencia positiva de la conducta o del comportamiento animal. La psicología no debería ocuparse de la descripción introspectiva de la conciencia como una tarea central sino como parte preliminar de su trabajo. La descripción introspectiva jamás constituirá una ciencia ni se elevará jamás a la categoría de una explicación científica. (Mc. Dougall, 1908).

Esta fue una tendencia creciente en la psicología norteamericana desde principios del siglo XX, como consecuencia lógica del predominio del naturalismo y su método experimental, sumado al concepto de conciencia-alma. Esta cita de McDougall nos muestra además otra novedosa invención norteamericana: la "ciencia descriptiva". Debido a la predominancia que adquirió el empleo del método dentro del quehacer científico, la concepción de ciencia varió, trasladándose al aspecto meramente descriptivo y utilitario del fenómeno, dejando de lado la explicación, es decir, la teoría. Años después, también Skinner presentaría su trabajo como una "ciencia descriptiva del comportamiento". Todo esto fue consecuencia del apego fanático al método experimental como instrumento para hacer ciencia, en medio de un cargado ambiente cientificista sumamente confuso. La perspectiva que iba adquiriendo la ciencia norteamericana estaba dominada por sus propios condicionamientos culturales.

La psicología norteamericana estaba en una posición incómoda, pues generó una superposición inevitable con la biología. J. B. Watson propuso el estudio de la conducta animal como objetivo de la psicología, descartando la conciencia. Una postura bastante coherente con su práctica experimental sobre animales. Sin embargo, eso se parecía mucho a la biología. La solución a este problema fue simple: declaró que el animal no formaría parte del interés del conductista sino tan sólo su “conducta observable”. De este modo se patentó la curiosa idea de que la conducta era un existente real, diferente y separado del animal, como si se tratara de un universo paralelo, tal que podía ser estudiada por sí misma, al margen del animal actuante. Era una especie de funcionalismo totalizador y, por consiguiente, exagerado y extravagante que condujo al estudio de un mero concepto que, bajo la práctica experimental y el uso de datos, daba la apariencia de un proceder científico. Así fue como se inició la creencia de que uno podía ocuparse de la conducta del animal sin el animal, es decir, al margen de sus mecanismos internos de control, tan sólo vinculando sus respuestas a los objetos que lo rodean, cumpliendo estos el papel de variables dentro del método. Se trataba de una postura cómoda, que hacía más fácil y práctico el trabajo, suficiente para fabricar una técnica de control, pero que evidentemente no podía ser aceptada como un proceder científico puesto que no explicaba absolutamente nada. De hecho, el conductismo no estaba interesado en las explicaciones ni en las teorías sino en las técnicas de control, en su apuro por constituirse como una disciplina útil. Por eso siempre fue extremadamente simple, desde el punto de vista científico y teórico. Todo el sustento científico de esta práctica era el empleo del método naturalista, pero más allá de eso carecía de cualquier sustento epistémico y de una filosofía orientadora. Eso hizo que nunca se percataran de que carecían de objeto real de estudio, ya que la conducta no es más que un mero concepto propio de un observador. Lo único real es el organismo, con todos sus elementos y procesos internos, desde los más elementales procesos físico-químicos, hasta los más elevados y complejos procesos psicológicos. Watson había improvisado una ciencia alrededor de un método ajeno y de un objeto vacío. Todo esto hizo que la novedosa "ciencia de la conducta" no fuera más que un bluf, a pesar de toda la retórica y de toda la mitología que la rodeó después.

Finalmente otro dato interesante a tener en cuenta es el cambio de formato que estaba adquiriendo el ambiente académico de los EEUU. Luego de la creación de disciplinas científicas y la llegada de laboratorios, apareció una especie de nueva moda cultural que prefería lo experimental y empezaba a rechazar lo filosófico. Además de su ya característico pragmatismo y su carencia de tradición filosófica y científica, los americanos vincularon prontamente a la ciencia con la experimentación en laboratorios bajo el empleo de un método guía. Esto los llevó a la idea de que todo aquello que no podía someterse a las prácticas del método experimental estaba fuera de la ciencia y, por consiguiente, era "anticientifico". Incluso las expresiones de una "psicología filosófica" empezaban a ser mal vistas y a ser consideradas como remanentes de un estado pre científico de la psicología en Norteamérica, junto con todos sus conceptos, especialmente el de conciencia. 

Para hacer un primer resumen, señalemos los cuatro factores básicos que contribuyeron a la aparición del conductismo como una afloración natural en los EEUU. 

a) La ausencia de una tradición psicológica científica, sustituida por una prédica religiosa que proporcionó las bases iniciales de la psicología americana. La inexistencia de una tradición filosófica en el que se hubieran discutido los temas centrales de la psicología, tal como ocurrió en Europa por más de dos siglos. En América sólo hubo una prédica puritana en torno a la condición humana, y sobre ella se montó la psicología moderna que fue importada de Europa como un producto más, junto con el naturalismo inglés.

b) La adopción de la experimentación con animales como tarea fundamental, debido al modelo naturalista implantado en las universidades junto a la instalación de laboratorios, en un deseo de emular a la afamada biología inglesa, que fue asumida como el modelo idealizado de ciencia. A causa de esto, las nociones asumieron un perfil positivista y naturalista.

c) La contradicción interna que sufría la psicología americana, entre una práctica experimental sobre animales y el manejo de conceptos teóricos como conciencia, pues ambos exigían métodos divergentes y formas distintas de concebir la psicología. Sobre esta contradicción actuó además una sutil preferencia americana por lo inglés y un rechazo por lo germánico, prolongando en la psicología lo que ha sido siempre una rivalidad cultural histórica.

d) Por último y no menos importante, la idiosincrasia pragmática de los norteamericanos que los inducía a ir siempre en la búsqueda de aplicaciones concretas y directas para servir a la sociedad. Todo el sentido de la ciencia norteamericana era generar cambios en la sociedad y producir tecnología. Esta actitud los llevó a eludir y despreciar los esfuerzos puramente teóricos, destinados a la mera obtención de conocimientos, e incluso al rechazo de la filosofía como una actividad especulativa e inútil.

Luego de establecer las características culturales de los EEUU y el formato que adoptó la psicología, está claro cuál era el panorama a inicios del siglo XX. La maquinaria ideológica norteamericana había colocado su impronta en todas las ciencias sociales. Lo que nos queda revisar es el documento al que se le atribuye la invención del conductismo. Veremos a continuación que el famoso artículo de Watson es una ratificación de todo lo que acabamos de revisar y establecer como hechos precedentes. Es la prueba testimonial más importante para validar nuestro enfoque histórico-cultural en la aparición del conductismo. Sin ser una pieza de valor epistémico, su descripción de la psicología americana es fundamental para entender cuál era el ambiente académico y qué problemas enfrentaban los psicólogos en Norteamérica. Sobre todo, nos permite entender los conflictos entre la práctica experimental y el enfoque teórico. Veremos cuáles eran los reales intereses que motivaron a Watson. Aunque ya lo hemos expresado, ahora lo leeremos del propio Watson. La exposición que hace es bastante clara y reveladora de toda la crisis que atormentaba a la psicología americana en sus veinte años de instalación. Vayamos pues al análisis de este trascendental documento.

El papel de Watson

John Broadus Watson, a quien algunos textos conductistas señalan como “uno de los psicólogos americanos más importantes del siglo XX”, tuvo en realidad el único mérito de publicar un artículo en el que anunciaba la idea, ya general pero soterrada, de transformar la psicología en el estudio de la mera conducta animal. Después de todo, eso era lo que hacían los psicólogos en Norteamérica. Watson no hizo más que poner por escrito el deseo de formalizar lo que ya era una actividad consagrada en los hechos. Lo demás no pasó de ser una exposición honesta de su frustración personal. Lo mejor que podemos decir de él es que fue un sujeto hábil y astuto, y tuvo mucha suerte de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Su madre fue una fanática religiosa y su padre fue un alcohólico que abandonó a su esposa por otra mujer, cuando Watson era todavía un adolescente. Durante toda su vida, Watson tuvo problemas de conducta, en especial por su promiscuidad sexual. En su juventud fue arrestado por la policía. Más tarde llegaría a la Universidad de Chicago, llevado por su mentor, en donde pagó sus estudios colaborando en el laboratorio de química. Se graduó en 1903 con una tesis titulada “Un estudio experimental sobre el crecimiento físico de la rata blanca, correlacionada con el desarrollo de su sistema nervioso”. Ahora nos parece extraño que algo como eso pudiera ser una tesis de psicología, pues realmente es biología, pero esa era la psicología que se enseñaba en los EEUU. En agosto de 1908, Watson es contratado por la Universidad de John Hopkins y su primer golpe de suerte llegó el día en que su Jefe, James M. Baldwin, fue pillado por la policía en un burdel, por lo que sería arrestado, y más tarde, obligado a renunciar a su cargo en la Universidad. Luego, este puesto quedó en manos de J. B. Watson. Así se iniciaría el afortunado destino de Watson, que acabó sus últimos 25 años dedicado a los negocios en una empresa privada, y amasando una respetable fortuna.

Pasemos por alto su vida personal y vayamos a su rol en la psicología. Lo que Watson hizo fue poner por escrito lo que ya se hacía en la psicología norteamericana. Diría que Watson hizo el trabajo sucio: publicó un artículo en el que rechazó a la psicología proponiendo el reemplazo de la conciencia por la conducta animal, como si fuera posible quitarle su objeto de estudio a una ciencia y seguir llamándola igual. Se trataba pues de una pretensión absurda, pero factible en el escenario absurdo de la psicología norteamericana de principios del siglo XX. Lo que Watson rechazaba en realidad era la situación inicua de tener que estudiar animales y ocuparse de la conciencia. Eso le pasaba a Watson como a muchos otros psicólogos americanos. No sabía cómo resolver el dilema, de modo que rechaza esa psicología absurda diciendo que no la entendía y, más aun, que la detestaba, y propone olvidarse de la conciencia de los animales para ocuparse tan sólo de los datos recogidos experimentalmente. En todo momento habla de los animales. Solo al final propone que las mismas técnicas experimentales sean empleadas también en los humanos, para lo cual elimina muy convenientemente toda diferencia entre el hombre y los animales.

Asegura Watson que se puede establecer una relación de causalidad entre los estímulos y las respuestas y que a partir de allí es factible diseñar técnicas de control de la conducta. Así se podría servir a la sociedad ofreciendo datos de la conducta observada, y se haría de la psicología una disciplina útil. Todo eso lo concibe como una nueva psicología, verdaderamente científica, pues se fundaba en el empleo del método naturalista y en algo "observable". En 1912 expresó sus ideas en una conferencia en la Universidad de Yale, y fue duramente criticado, incluso por sus amigos Angell y Yerkes. En 1913, en un coloquio en la Universidad de Columbia, en Nueva York, leyó su famoso manifiesto. Más tarde lo publicó en la revista que él mismo dirigía. La reacción de Titchener fue positiva porque entendió que lo que Watson pretendía era formar una disciplina aplicativa que correría paralela a la psicología. En una parte de su texto Watson parece, en efecto, decir esto. Pero en cambio Cattell, Angell, Woodworth y muchos otros fueron duramente críticos con la propuesta desaforada de transformar la psicología milenaria en algo completamente diferente. Como era de esperar, hubo reparos y remilgos ante la idea, pese a que en los hechos era ya una realidad cotidiana. Incluso Watson lo describe claramente.

Hagamos una breve revisión de las principales ideas que expone en su famoso artículo titulado “La psicología desde el punto de vista de un conductista”. Así veremos paso a paso cómo es que Watson describe la psicología norteamericana, habla de sus animales, señala sus dificultades y cómo arriba a la solución que plantea. Veremos que Watson tiene toda la razón, pero sólo en el escenario particular de la psicología de los EEUU. Empieza así.

La psicología, desde el punto de vista de un conductista, es una rama puramente objetiva y experimental de la ciencia natural. Su meta teórica es la predicción y el control de la conducta. La introspección no forma parte esencial de sus métodos, ni el valor científico de sus datos depende de la prontitud con que se prestan a la interpretación en términos de conciencia. El conductista, en sus esfuerzos por conseguir un régimen unitario de la respuesta animal, no reconoce ninguna línea divisoria entre el hombre y la bestia. El comportamiento del hombre, con todo su refinamiento y complejidad, sólo forma una parte del esquema total de la investigación del conductista”.

Primero notemos el uso ya habitual del término “conductista”. Esa era ya la etiqueta empleada por los estudiosos de la conducta animal, ocupación predominante en la psicología americana. Digamos que fue una manera retórica de distinguirse de la biología. Entonces el término ya existía. No fue una creación de Watson. Incluso menciona haber leído en un libro la definición de psicología como "ciencia de la conducta animal", y que eso lo sorprendió. De hecho, esa confusión ya existía en Norteamérica. Segundo, define perfectamente lo que ya era gran parte de la psicología en Norteamérica: una rama meramente experimental de las ciencias naturales dedicada al estudio de animales. O sea, una forma de biología. Tercero, plantea un absurdo: que la meta teórica será la predicción y el control de la conducta, cuestiones que no son teóricas sino prácticas, más bien tecnológicas, con lo cual revela la confusión predominante en Norteamérica entre ciencia y tecnología. Pero con esta contradicción interior emprenderían su cruzada los conductistas; es decir, desarrollarían sus técnicas creyendo que hacían ciencia. De otro lado, el rechazo de la instrospección era verdaderamente irrelevante, pues se trataba tan solo de un método propuesto por Wundt, que nunca fue el pilar de la psicología, como equivocadamente lo asumieron los conductistas desde su perspectiva metodologista.

Aclaremos el asunto de la introspección antes de ir más adelante, pues varios estudiosos del conductismo se han cogido de este hecho para sustentar un supuesto "cambio paradigmático". En primer lugar, la introspección nunca tuvo un carácter fundamental para la ciencia psicológica. De modo que su rechazo carecía de importancia, pues se trataba tan solo de un método. En la ciencia no cabe hacer una cuestión de Estado por un simple método. En segundo lugar, Watson relega la introspección porque no podía ser usada en animales, y porque él se había entregado por completo al método experimental sobre animales. Por tanto, dejar de lado la introspección y el interés por la conciencia, era algo sumamente lógico y necesario desde su perspectiva experimental. Y lo dice el propio Watson al final de su documento. Lo que Watson hizo fue elegir su mejor opción, pero nunca generó nada nuevo, salvo improvisar a la "conducta" como objeto de estudio, aunque jamás sustentó cómo es que la conducta podía asumir la categoría de objeto de una ciencia. Sólo dijo que era observable. Con esa argumentación podría haber propuesto un cúmulo de conceptos como objetos de estudio. Así la conducta se sumó a la personalidad y la inteligencia, pues Watson cayó en la misma fantasía de asumir un mero concepto como objeto de una ciencia.

El documento de Watson, realmente sólo tiene sentido desde el punto de vista de un conductista, pues desde el punto de vista de la psicología no tiene ninguno. La razón de esto es que Watson sólo conocía la psicología que se practicaba en los EEUU. Su rechazo es a esa situación insostenible de psicólogos estudiando animales y obligados a estudiar la mente de las ratas. En cierto modo, Watson tiene razón al rechazar esa situación y proponer que se deje de lado la cuestión de la conciencia para quedarse únicamente en el plano de la conducta observable del animal. Hasta allí iba bien, el problema es que pretende que eso sea psicología. Más aun, pretende aplicarle sus mismos métodos a los seres humanos, para lo cual declara no reconocer ninguna diferencia entre el hombre y la bestia. Resulta pues evidente que Watson consolida el conductismo como una actividad independiente, en rechazo a una situación insostenible dentro de su práctica experimental. En ningún momento hubo un planteamiento destinado a solucionar un problema real de la psicología verdadera, pues toda ella se encontraba fuera de su perspectiva conductista.

Sigamos a Watson en un esfuerzo por llegar a la verdad histórica. No es difícil, pues él expone claramente los motivos de su disgusto y de su frustración con la psicología. Por ejemplo, aquí describe y se queja de lo que pretenden hacer los psicólogos:

…los datos del comportamiento […] no tienen valor per se. Ellos tienen importancia sólo en la medida en que puedan arrojar luz sobre los estados de conciencia. Estos datos deben tener al menos una referencia analógica o indirecta a la conciencia para pertenecer al reino de la psicología. A veces, se encuentran psicólogos que son escépticos de esta referencia analógica. Este escepticismo se observa a menudo por la cuestión de qué podemos plantearle al estudiante de la conducta, ‘¿cuál es la relevancia del trabajo sobre el animal en la psicología humana?’ He tenido que estudiar esta cuestión. De hecho, siempre me ha molestado un poco.

Ese era el problema central: no bastaba recoger datos sino que debían hablar de la conciencia. ¿Pero cómo hablar de la conciencia de los animales? ¿Cómo pedirle introspección a una rata? La pregunta es interesante y sumamente válida: ¿cuál era la relevancia del estudio de animales para la psicología? Claramente: ninguna. Sin embargo los psicólogos norteamericanos se habían centrado en el estudio de animales, por lo que se vieron forzados a buscarle un sentido y una justificación pragmática. Lo más inteligente habría sido plantear otro tipo de estudios, abandonar a los animales en los laboratorios, superar el paradigma animalista, revisar la metodología, la epistemología, etc. Cualquier alternativa habría sido mejor que pretender transformar a la psicología en el estudio de los animales, o todavía en algo peor: de su sola “conducta”. Pero la suerte estaba echada. Hay que notar que la perspectiva epistémica que se nos presenta como posibilidad para edificar una ciencia, es una cuando nos fundamos en el estudio de animales, y otra muy distinta cuando pretendemos el estudio de seres humanos en su condición de seres distintivos, tal como lo hace la psicología. Todos los presupuestos iniciales son totalmente distintos. Es por ello que el conductismo nunca se equiparó con la psicología en lo más mínimo.

La queja de Watson resulta completamente válida. Incluso es difícil no sentir una especie de solidaridad con él cuando se lamenta de no saber qué hacer con sus datos. En el siguiente párrafo revela que no puede hallar ninguna conexión entre lo que hace y la psicología. De hecho, sentía que hacía algo distinto a la psicología. Leamos:

Yo estaba interesado en mi propio trabajo y sentía que era importante, sin embargo no podía trazar una conexión entre ella y la psicología. Debemos admitir con franqueza que los datos que son tan importantes para nosotros, y que hemos reunido con tanta habilidad a partir de un extenso trabajo sobre los animales, contribuyen en una minúscula porción a la teoría general de los sentidos humanos… La enorme cantidad de experimentos que hemos llevado a cabo sobre el aprendizaje animal también han contribuido muy poco a la psicología humana”.

La conclusión más lógica hubiera sido abandonar el estudio de los animales. Pero esto no cabía en la mentalidad de la época, como lo prueba toda la frase de Watson. Sin embargo, Watson tiene razón: el aprendizaje animal, cualquiera que sea, es muy diferente al de los humanos y su estudio contribuye muy poco al entendimiento del aprendizaje humano. Los animales no necesitan recursos de aprendizaje porque nacen sabiendo todo lo que necesitan para vivir. Ningún animal tiene que preocuparse por aprender a construir sus nidos, ni por reconocer a sus predadores, ni por averiguar lo que hará en este mundo, ni qué es lo que será como individuo concreto. El conocimiento animal es de especie y se transmite codificado genéticamente, al igual que su capacidad de adaptación. Todo eso es básicamente biológico. Los humanos somos muy diferentes, pues debemos aprenderlo todo. Precisamente por eso tenemos un equipaje cognitivo orientado al aprendizaje individual y al sostenimiento del conocimiento en un formato cultural; cosas que se logran a través de una gran cantidad de sistemas de comunicación, establecidos mediante el pensamiento simbólico. De manera que el estudio de animales inferiores nada tiene que ver con los fines de la psicología. Por lo menos, no tendría que haber sido la tarea primordial en la investigación psicológica. Pero esto que hoy nos parece tan evidente, no podía ser entendido en aquel escenario. Los americanos estaban entrampados en su error cultural, producto de un montaje equivocado de la psicología. Por ello estaba generándose una olla de presión que buscaba una solución, y esta sería la aparición del conductismo. Watson lo propuso en términos amenazantes:

Parece razonablemente claro que algún tipo de compromiso debe ser afectado: o bien la psicología tiene que cambiar su punto de vista a fin de considerar los datos de la conducta animal, ya sea que tengan o no implicancias sobre la conciencia, o bien el conductismo debe mantenerse como una ciencia totalmente separada e independiente. En caso de que los psicólogos humanos no apreciaran nuestra propuesta, negándose a modificar su posición, los conductistas estaremos obligados a utilizar a los seres humanos como sujetos y emplear métodos de investigación que son exactamente iguales a los que ahora se emplean en animales”.

Vaya amenaza. Watson quería usar en los humanos los mismos métodos que empleaba con sus animales. Es así como nace el conductismo. Si nos preguntamos ¿porqué Watson no tomó el otro camino y fundó una disciplina totalmente independiente de la psicología? Más aún cuando aquello que deseaba era en verdad algo totalmente diferente a la psicología. La respuesta obvia es que Watson ignoraba lo que era la psicología real. Tan sólo conocía aquel ambiente confuso de la psicología norteamericana. No existía pues una idea clara de lo que es la psicología. Esto sale a relucir desde la misma descripción de Watson en su narración. Está claro, además, que todo lo que desea es usar los datos obtenidos en la experimentación animal sin ir más allá. Lo cierto es que tampoco podía ir más allá. Por ello plantea esta amenaza: o bien la psicología se reduce a la conducta animal, o los conductistas se amotinaban haciendo del conductismo una disciplina independiente. Desgraciadamente, al final presentarían su conductismo como una "nueva psicología". Hay que advertir claramente que aquí no se propone enmendar una teoría equivocada sino resolver los conflictos derivados de una situación conflictiva muy concreta. No hay una nueva concepción de la conciencia sino un rechazo de ella al no comprenderse lo que era, y al confundirla con el "alma" de la psicología teológica americana. Así que dejemos ya de hablar de "cambios paradigmáticos" y de "revolución científica". Nunca hubo nada de eso en el conductismo. Tan sólo hubo limitaciones culturales y una gran confusión.

Una mayor contribución de Watson hubiera sido dejar la psicología y fundar una nueva disciplina técnica y aplicativa totalmente independiente. No había ninguna necesidad de usar el membrete de psicología cuando se trataba de una ocupación radicalmente diferente. Watson creía que bastaba el empleo de un método para hacer de su tarea una ciencia. Por eso el conductismo fue una curiosa ciencia que tenía un método pero ninguna teoría sustentadora. Lo cierto es que ninguna ciencia empieza por la posesión de un método. Todas las ciencias han surgido al cabo de siglos o milenios de discusión, y luego de haber alcanzado un alto grado de maduración epistémica en torno a un aspecto concreto de la realidad: su objeto. Es sólo a partir de sólidas concepciones epistémicas en torno a un objeto de estudio, que se da inicio a la generación de teorías aproximativas y de métodos apropiados a su escenario e interés. El conductismo se patentó al revés: empezó por la posesión de un método y luego buscó un objeto de estudio, pero sin interesarse por las teorías ni por la sustentación filosófica de su ciencia. Todo esto hizo del conductismo una ciencia hueca. Mejor dicho, una pseudociencia. En realidad era una técnica con pretensiones de ciencia. Aquel embrollo fue fruto del ambiente confuso de una ciencia inmadura y una psicología mal concebida, en una sociedad pragmática y tecnológica.

La mayor parte del texto de Watson se centra en su queja respecto del mismo punto: no puede hacer nada con sus datos después de todo el esfuerzo que le ha costado obtenerlos. Su descripción refleja con suma claridad la situación inicua que atravesaban los psicólogos norteamericanos, entregados a la experimentación con animales pero obligados a estudiar la conciencia. Incluso nos da algunas aproximaciones de los conceptos de conciencia que empleaban, los cuales son, obviamente, equivocados.

“A pesar de que hemos terminado nuestro trabajo experimental nos sentimos incómodos y no podemos descansar debido a nuestra definición de psicología: nos sentimos obligados a decir algo acerca de los posibles procesos mentales de nuestros animales”.

"Algunos de nuestros textos afirman que la conciencia surge en el momento en que las actividades reflejas e instintivas no son adecuadas para conservar al organismo. Un organismo perfectamente ajustado sería carente de conciencia. Por otro lado cada vez que encontramos la presencia de actividad difusa que da lugar a la formación de hábitos, estamos justificados para asumir la conciencia. [...] Problemas como estos ya no pueden complacer a los conductistas. Sería mejor abandonar el tema en conjunto y admitir con franqueza que el estudio del comportamiento de los animales no tiene justificación, antes que admitir que toda nuestra búsqueda es una quimera.". 

“La psicología ha fracasado significativamente, en mi opinión, durante los cincuenta y tantos años de su existencia como una disciplina experimental, para hacerse un lugar en el mundo como una ciencia natural indiscutible”.

¿Y quién definió a la psicología como una disciplina experimental? ¿Quién la definió como una ciencia natural? Esas eran las visiones de Watson. De hecho, Watson no sólo desconocía la psicología sino que la detestaba. Lo dice textualmente más adelante. (Y esto sería también la marca distintiva del conductismo hasta hoy). Toda su ocupación profesional había sido la experimentación con animales, pero no lograba pasar del nivel de una pura biología y se sentía frustrado. Además el concepto de psicología como una ciencia natural vinculada a la biología, era otro error de perspectiva de los norteamericanos. Todavía estaba por definirse el estatus científico de la psicología, y esta no tenía por qué someterse a los estándares de las ciencias naturalistas, como una forma de biología centrada en el reino animal, ya que sus campos de interés estaban en los fenómenos complejos humanos. Por tanto, la psicología no tenía nada que ver con la experimentación en animales como labor central. Y por otro lado, no eran cincuenta y tantos años. En Norteamérica la psicología no empezó a dictarse como cátedra sino desde 1886, pero la instalación en todas las universidades fue un proceso que tardó varios años. En los hechos, la psicología en América tenía alrededor de 20 años cuando Watson escribió su proclama, y en todo ese tiempo se la enseñó como una forma de biología experimental.

Todas las críticas que Watson lanza sobre la psicología que él conoce y padece están cargadas de rencor y de veneno, pero describe un entorno psicológico totalmente enrarecido. Compara el trabajo del naturalismo inglés después de Darwin con la psicología. Y trata de argumentar de una manera muy curiosa. Dice que si bien el naturalismo inglés inicialmente se interesó por la evolución del hombre, luego lo desplazó para interesarse en los animales, sin proyecciones hacia la evolución de la especie humana. Entonces sugiere que lo mismo debe ocurrir en la psicología, es decir, no debería ocuparse de los humanos sino de los animales. Y esta es su mejor argumentación.

“El movimiento darwinista completo fue juzgado por el efecto que tuvo sobre el origen y desarrollo de la especie humana… La riqueza del material recogido en ese momento era considerada valiosa en gran parte en la medida en que permitía desarrollar el concepto de evolución en el hombre. Es extraño que esta situación haya permanecido como dominante en la biología durante tantos años. Al momento en que la zoología llevó a cabo el estudio experimental de la evolución y la ascendencia, la situación cambia inmediatamente. El hombre dejó de ser el centro de referencia. Dudo que algún biólogo experimental hoy… trate de interpretar sus resultados en términos de la evolución humana, o que siquiera se refiera a él en su pensamiento… En psicología todavía estamos en esa fase de desarrollo en el que sentimos que debemos seleccionar nuestro material. Tenemos que descartar los procesos, anatematizarlos en la medida en que tengan un valor para la psicología, diciendo ‘esto es un reflejo’, ‘esto es un hecho puramente fisiológico, que no tiene nada que ver con la psicología’… A menos que nuestros datos de observación sean indicativos de conciencia, no tenemos ningún uso para ellos… se les considera de una manera despectiva… Al parecer ha llegado el momento en que la psicología debe descartar toda referencia a la conciencia, y en que no necesita más engañarse a sí misma con la idea de hacer de los estados mentales el objeto de observación”. 

A cualquier persona bien formada en el campo de la psicología real, debe parecerle extraño, insulso, irracional y surrealista que alguien proponga descartar la conciencia como objeto de estudio de la psicología. Pero es que la psicología es precisamente eso. La propuesta de Watson era como pedir que la astronomía ya no se ocupe de los astros. Así de absurda era su postura. Pero esa era la perspectiva que tenía Watson. Además de estar en un ambiente confuso, Watson nunca llegó a comprender lo que era la conciencia y siempre dudó de su existencia en medio de su dedicación al estudio de animales. No sólo rechaza la conciencia sino la necesidad de que la psicología se ocupe del ser humano, como ser humano. La perspectiva de Watson era animalista. Los humanos quedaron así supeditados al enfoque animalista del conductismo.

Algo que nunca se suele comentar pero que resulta importante advertir, es que Watson nunca fue un sujeto brillante. Sus destrezas estaban en el lado práctico, orientadas aparentemente al mundo de los negocios, ya que luego dejó la psicología para dedicarse a la publicidad en la empresa Thompson durante sus últimos 25 años de labor, luego de que fuera expulsado de la Universidad por sus escándalos sexuales. De modo que es comprensible que Watson planteara cosas tan simples a partir de sus concepciones prácticas. El problema no es que fueran simples y prácticas sino, equivocadas. Lamentablemente la humanidad tiene una cierta predilección por lo simple y práctico, más allá de cualquier otra consideración. Esas características fueron las que le permitieron al conductismo ganar adeptos tan rápidamente, sobre todo en Norteamérica.

Además debemos advertir que el concepto científico de conciencia era, a principios del siglo XX, tan difícil de entender como lo sería el concepto de átomo. Hoy mismo poca gente lo entiende. Si bien todos quedaron complacidos cuando Niels Bohr dibujó el átomo como un pequeño sistema planetario, todavía no había representación posible para la conciencia, por lo que muchos se quedaron mentalmente ligados a la noción de "alma". Faltaban unas décadas para la aparición de las computadoras y los robots, que permitieron la analogía  de un comportamiento guiado por procesos internos de control y decisión. Pero en los EEUU de 1913 la conciencia aún sonaba a "alma". Esa fue la noción que expresó Watson en todos sus textos, confirmando una y otra vez su error. Incluso, hinchado de arrogancia y haciendo gala de una penosa ignorancia, se atrevió acusar a Wundt de haberle cambiado de nombre al alma por el de conciencia. En fin, todo esto nos permitiría afirmar que el conductismo fue el resultado de la audacia, pero también de las limitaciones de Watson. Pero sigamos un rato más con Watson, quien no tenía ninguna esperanza en la psicología y hace su apuesta más arriesgada:

“Creo firmemente que en doscientos años a partir de ahora, a menos que el método introspectivo sea descartado, la psicología seguirá dividida en cuanto a si las sensaciones auditivas tienen la calidad de la ‘extensión’, si la intensidad es un atributo que se puede aplicar al color, si existe una diferencia en la ‘textura’ entre la imagen y la sensación y en muchos otros cientos de cuestiones de la misma índole”.

De hecho la introspección quedó a un lado, pero eso no fue lo importante sino la aparición de diversas disciplinas científicas, que junto a otros métodos apoyados en las nuevas tecnologías emergentes, nos llevaron a una mejor comprensión de diversos fenómenos cognitivos. Todos los conocimientos a los que Watson se refiere han sido logrados y la psicología no está dividida, salvo en especialidades muy específicas. Su única confrontación es con el conductismo, debido a que este permanece con sus pretensiones de psicología y de ciencia. En la psicología moderna existe unidad de criterios respecto de la visión, la formación de imágenes y de colores, lo mismo en cuanto a los sonidos y sobre otros fenómenos cognitivos elementales, que ya los alemanes tenían claros incluso en los mismos días en que Watson escribía su proclama. Como vemos, la desesperación de Watson era innecesaria. Pero grafica bien su perspectiva limitada y su enfoque metodologista.

La situación es algo diferente cuando venimos a estudiar formas más complejas de conducta, tales como la imaginación, el juicio, razonamiento y conocimiento. Actualmente los únicos postulados que tenemos sobre ellos están en términos de contenidos… Debemos enfrentar la situación directamente y admitir que no podemos hacer investigaciones más allá de los límites en que los métodos del conductismo están funcionando actualmente”.

Está claro: Watson no podía ver más allá del método naturalista. Había que someterse a sus posibilidades. Más allá de eso no se podía hacer nada, había que vivir estudiando animales. De hecho, en eso se convertiría el conductismo por varias décadas. Dice, casi como una confesión de sus limitaciones: “He hecho mi mejor esfuerzo para entender la diferencia entre la psicología funcional y la psicología estructural. En lugar de claridad, lo que conseguí fue mayor confusión”. Aunque luego admite que su propuesta es el más pleno funcionalismo. Lo que Watson hizo fue convertir su limitación en una virtud y en la base de su perspectiva. Lo que propuso fue sujetar la psicología a su capacidad de comprensión, y así surgió el conductismo.

Luego despliega su arquitectura teórica para describir toda su ciencia en tres lineas:

"Siento que el conductismo es el único funcionalismo consecuente y lógico. Con él uno evita tanto el Escila del paralelismo como el Charybdis de la interacción. Aquellas venerables reliquias de la especulación filosófica no necesitan preocupar al estudiante del comportamiento más de lo que preocupan al estudiante de física. La consideración del problema cuerpo-mente no afecta ni el tipo de problema seleccionado, ni la formulación de la solución de aquel problema".

“La psicología que yo intentaría construir tomaría como punto de partida, primero, los hechos observables de los organismos, el hombre y el animal indistintamente, ajustándose a su ambiente por medio de su equipamiento hereditario o de hábitos adquiridos…; en segundo lugar, aquellos estímulos específicos que conducen a los organismos a emitir respuestas. En un sistema psicológico totalmente calculado, dada la respuesta se pueden predecir los estímulos; dados los estímulos se pueden predecir las respuestas.”.

En realidad esta fue toda la "epistemología conductista" por más de medio siglo. Se limitaron a eludir el problema de la conciencia y a convertirse en un funcionalismo exagerado. Lástima que Watson no viviera para ver al conductismo cayendo en el "Charybdis de la interacción" antes del fin del siglo. Es cierto que en su artículo Watson confronta teóricamente los problemas de la psicología americana en sus diferentes modelos y enfoques. Pero expone tales divergencias como una prueba de la debilidad de la psicología y su falta de coherencia. Ignora que la ciencia trabaja así; es decir, confronta teorías y enfoques. Además la psicología estaba en pleno proceso de formación, junto con muchas otras ciencias en aquel momento. Todas las críticas de Watson parten de su limitada visión. Desconoce la psicología europea y ni siquiera menciona a Freud, pese a ser la estrella del momento y de que ¡acababa de visitar los EEUU! Tampoco menciona a Pavlov, como afirman los conductistas. Watson solo revela su incomodidad con esos enfoques debido a que no se les acomodan a su trabajo con los animales. Obviamente, desde la perspectiva de sus intereses, ningún problema filosófico era relevante. Su planteamiento es coherente con su modelo. Watson podría haberse dedicado a eso, ciertamente, pero no tenía derecho a llamarlo psicología. Ese panorama simplista estaba remotamente alejado de los propósitos de la psicología. Por ello la propuesta de Watson causó estupor y hasta risas, como lo dice Daniel M. Robinson. Pero esa perspectiva simplona no fue mayormente cambiada por los demás conductistas. Nunca lograron ver la diferencia entre el hombre y los demás animales y se empeñaron en dejar de lado la conciencia y los procesos mentales. Incluso algunos llegaron a la estupidez de negar su existencia. Asumieron que la virtud de su ciencia sería liberarse de los problemas filosóficos y ocuparse de lo que podían observar, aunque ciertamente ignoraban cómo es que podían observar. En adelante "lo observable" sería la única guía de la "ciencia de la conducta".

Como buen hombre de negocios que demostró ser, Watson se encargó de ofrecer grandes ventajas a la sociedad si se admitía su propuesta. Dijo así:

“Si la psicología siguiera el plan que sugiero, el educador, el médico, el jurista y el hombre de negocios podrían utilizar nuestros datos de una manera práctica, tan pronto como podamos obtenerlos experimentalmente. Los que tengan ocasión de aplicar principios psicológicos no encontrarían prácticamente ninguna necesidad de quejarse como lo hacen actualmente. Pregunten a cualquier médico o jurista hoy si la psicología científica juega un papel práctico en su rutina diaria y usted lo oirá negar que la psicología de los laboratorios tenga un lugar en su esquema de trabajo. Creo que la crítica es perfectamente justa. Una de las primeras causas que me pusieron descontento con la psicología era la sensación de que no tenía una real aplicación… En el futuro podrán surgir oficios vocacionales que apliquen psicología realmente. Estos campos son hoy realmente científicos y están en búsqueda de ampliar sus generalizaciones que conducirán al control del comportamiento humano”.

También la realidad se encargó de demostrar el error de Watson. A lo largo de casi un siglo nunca lograron cubrir aquellas expectativas, y los ofrecimientos de Watson quedaron como un sueño de verano. Watson no sólo exageró hasta el delirio las capacidades de su nueva tecnología sino que, en su afán de buscar apoyo en campos prácticos, le adjudicó el carácter de “científicas” a disciplinas que eran actividades folclóricas, como la “psicología legal”, o la “psicología publicitaria”. Ni siquiera a la psicometría podría considerársele científica únicamente por el uso de la estadística. La estadística no convierte las cosas en ciencia, y ni siquiera el uso rígido de una metodología experimental, como tampoco el éxito aplicativo social. La epistemología de la ciencia estaba aún por iniciarse en la filosofía del siglo XX, después de la revolución científica de la física teórica y el surgimiento, en los años 30, del positivismo lógico. Las nociones científicas de Watson eran propias de un cientificismo del siglo XIX, a punto de quedar obsoleto. Sin embargo, esas serían las estructuras ideológicas sobre las que se edificó el conductismo. Pese a que se desarrolló a lo largo del siglo XX, el conductismo tenía, en todos sus contornos, los formatos de una ciencia del siglo XIX. Era una copia del naturalismo inglés surgido luego de Darwin, centrados en los datos experimentales y en sus animales. El intento de justificar su estatus de ciencia mediante la capacidad de servicios a la sociedad, fue uno de los puntos más característicos del conductismo, aunque nunca llegaron a concretar sus ofrecimientos. Es decir, nunca tuvieron utilidad, hasta que llegó la versión conocida como "cognitivo-conductual" que incorporó factores internos humanos al modelo. Watson hizo su mejor esfuerzo por plantearles la situación a los psicólogos en estos términos:

Que un psicólogo puro diga que él no está interesado en las cuestiones planteadas en estos campos de la ciencia aplicada porque no se relacionan directamente con la psicología, demuestra que no puede entender el propósito científico de tales problemas, y en segundo lugar, que él no está interesado en una psicología que se comprometa con la vida humana”.

La mejor forma de comprometerse con la vida humana era dejar de estudiar a los animales y centrarse en los humanos. Aplicar a los humanos los mismos métodos de la experimentación animal no era precisamente comprometerse con la vida humana. Watson no sólo confunde a la ciencia con la metodología, sino que la ve como insumo para la tecnología, colocando a la prestación de servicios sociales como la máxima meta. Pero esta fue, a la larga, su mejor movida ya que llevó al error a muchos psicólogos americanos. Con ella coronó su jugada política: sacó la psicología a las calles y ofreció una utilidad social proclamando la inutilidad de la psicología pura. El estatus de ciencia ya no se ganaba por la coherencia epistémica y el sustento filosófico, ni por el carácter científico de sus conceptos básicos, ni por la integración con otras disciplinas, ni por el consenso de la comunidad científica, sino por la mera utilidad práctica en la sociedad y, quizá también, por la opinión mayoritaria del pueblo. Así colocó a los psicólogos contra la espada y la pared, tocando una fibra muy sensible. Además, ofrecía una profesión más rentable. Finalmente Watson concluye dando una explicación honesta de su postura:

“He dedicado casi doce años a la experimentación en animales. Es natural que esto deba ubicarme en una posición teórica que esté en armonía con mi trabajo experimental… Lo que necesitamos hacer es comenzar a trabajar en la psicología, haciendo que la conducta y no la conciencia, sea el objetivo de nuestros esfuerzos”.

Su "posición teórica" era en realidad una necesidad muy pragmática. Watson se había pasado toda la vida experimentando con animales y sólo buscaba justificar su ocupación como psicología. Su propuesta partía además del desconocimiento de la psicología real. Cree que hay un error intrínseco en la psicología al pretender estudiar la conciencia de los animales y propone "la solución". Esto es ceñirse a los datos del método, que eran datos de la observación. Entonces asume alegremente que lo que observa es "conducta", en consecuencia propone como grandiosa solución a su problema convertir a la psicología en el estudio de la conducta animal. Corona su propuesta declarando que podría incluir a los humanos en sus métodos, pero sin ninguna prerrogativa especial. Así es como Watson puso la carreta delante de los caballos y supeditó su "ciencia" a los resultados del método experimental en animales. Esto resume la tragicomedia del conductismo. ¿Qué nos prueba todo esto? Que Watson solo buscaba una solución viable para su trabajo, en el contexto de aquella psicología norteamericana falseada y confusa.

Si este fue el documento que dio origen oficial al conductismo, parece claro que detrás de este proyecto no hubo nada de lo que habitualmente se acostumbra decir. Queda en evidencia toda la falsedad de la mitología forjada alrededor del conductismo para mostrarla como una supuesta ciencia, como un cambio paradigmático de la psicología y, peor aún, como una psicología científica. Lo cierto es que nunca fue ni psicología ni ciencia, sino tan sólo un conjunto de técnicas experimentales sin ninguna teoría de fondo. Además, queda claro que Watson no menciona en lo absoluto a Pavlov ni hace referencia alguna a ninguna teoría científica ni mucho menos filosófica. Tan sólo menciona como ejemplo al naturalismo inglés después de Darwin, en un claro intento por justificar su perspectiva animalista y descartar el estudio del hombre como hombre. Incluso más tarde el conductismo se ocuparía de desprestigiar al ser humano, solo para hacer viable su enfoque. Todo lo que podemos leer es un intento desesperado por formalizar la tarea experimental en animales, para establecerla como una tarea ocupacional sin tener que preocuparse por nada más. La imposición de la "conducta" como nuevo objetivo de estudio, no fue más que un pretexto sin sustento. Si bien Watson no inventó el conductismo porque esta ocupación y denominación ya existían desde hacía más de diez años, lo que Watson aportó fue el invento de la "conducta" como un objeto de estudio. Como era lógico, los conductistas nunca pudieron arribar a un concepto unitario de lo que entendían por conducta. En su intento por validarlo como objeto de una supuesta "ciencia de la conducta", construyeron una maraña de argumentaciones pseudocientíficas que le dieron al conductismo el aspecto feria retórica que hoy exhibe.

Panorama posterior

Los académicos le han otorgado a Watson todo el crédito por la aparición del conductismo y hasta por el empleo del término “conductismo”. Lo han declarado como el “padre del conductismo” y "uno de los psicólogos más influyentes del siglo XX". Pero lo cierto es que Watson no formó ninguna escuela y ni siquiera tuvo seguidores. En verdad no había nada que seguir. El conductismo nunca fue una escuela. Todo lo que podríamos decir es que el conductismo fue una manera preponderante de entender y hacer psicología en Norteamérica, ciertamente equivocada, pero jamás adquirió un formato reconocible. Ni siquiera podríamos decir que su principal característica fue el rechazo de la conciencia, pues hubo algunos conductistas que no la rechazaron, como fue el caso de Tolman, quien incorporó factores internos en su modelo experimental, llamados "variables intervinientes". Por todo ello, los estudiosos del conductismo han tenido serias dificultades para definirlo y clasificarlo. Algunos han llegado a la conclusión de que el conductismo era en realidad un formato intelectual general, propio de la cultura norteamericana, que se manifestó en diversas disciplinas como una búsqueda de lograr aplicaciones concretas en la sociedad en busca del cambio social (Mills, 2000). Pero eso es mucho decir. El conductismo psicológico fue apenas una manera equivocada de hacer psicología bajo el enfoque del naturalismo y del método experimental de la biología. Más allá de eso no fue más que un mito cultural y una pseudociencia recargada de retórica cientificista, cuya mayor hazaña fue confrontarse con la psicología a partir de sus equivocados conceptos de mente. Todo su empeño se redujo a tratar de imponer su perspectiva metodologista basada en el estudio de variables, como si eso fuera una ciencia. 

Para desvirtuar uno de los mitos más extendidos sobre el conductismo, que le atribuyen ser continuación y hasta la superación de los trabajos de Pavlov, diremos que uno de los que reaccionaron casi de inmediato contra el conductismo fue nada menos que Ivan Pavlov, quien en 1930 publicó un artículo en la Psychological Review (Vol. 37, nro. 5), titulada “Respuesta de un fisiólogo a los psicólogos”, donde establece los errores conceptuales y metodológicos de Edwin R. Guthrie y K. S. Lashley, así como del enfoque conductista en general. Deja claro que lo que un científico debe hacer es explicar rigurosamente su objeto de estudio en tanto sistema, algo que los conductistas no hacían, pues sus proposiciones eran refutables desde todo punto de vista, ya que no se ocupaban del problema central sino de "conducta". O sea, eran epistémicamente débiles. Su conclusión final decía así:

"Me parece superfluo detenerme por más tiempo en los argumentos que el autor esgrime contra la importancia de la estructura en el sistema nervioso. En general, no presta ninguna atención a cuanto se sabe sobre la complejidad de esta estructura y todavía menos a lo que se supone sobre la misma: la simplifica continuamente, reduciéndola, con manifiesto partidismo, al más sumario trazo esquemático para explicar la relación directa entre excitación y reacción. ¿Qué propone nuestro autor en lugar de la teoría de los reflejos? Nada." (Pavlov, 1930).

El conductismo se desarrolló como un conjunto variado de prácticas y practicantes del método naturalista de la biología, tratando de hacer psicología en medio de la orfandad y la heterodoxia. Carecían de una guía teórica y de un sustento filosófico de su labor. Lo cierto es que el conductismo no fue nada hasta la aparición de B.F. Skinner, uno de los mitos pseudocientíficos más grandes de la historia, escritor prolífico que trató de convencernos por todos los medios de que la conducta de cualquier ser vivo se debía exclusivamente a una sola variable mágica: el refuerzo. Sin duda Skinner hubiera recibido la misma crítica demoledora por parte de Pavlov, pues sus esquemas también eludían la parte más importante del organismo como fundamento del estudio científico. Lo que Pavlov estableció como pauta para el estudio del ser humano desde una perspectiva realmente científica, fue esto:

"El hombre es un sistema, y está sometido -como cualquier otro sistema de la naturaleza- a leyes naturales. Se trata de un sistema que, dentro de los límites de nuestros conocimientos, se nos presenta como incomparable por su facultad de autorregulación. El estudio del hombre-sistema es el mismo que el de cualquier otro sistema: descomposición en sus partes constituyentes, estudio de la importancia de cada una de estas partes, estudio de las correlaciones con el medio ambiente y luego, tomando como base lo anterior, explicación de su funcionamiento. Nuestro sistema -autorregulador en su más elevada expresión- es capaz por sí mismo, de mantenerse, reintegrarse, repararse, incluso perfeccionarse. La impresión más fuerte y duradera que nos proporciona el estudio de la actividad nerviosa superior, es la extrema plasticidad de su actividad y sus inmensas posibilidades: nada está inmóvil, nada es inflexible, cualquier cosa siempre puede ser alcanzada y mejorada, siempre que se cumplan ciertas condiciones necesarias. [...] Desde el punto de vista de la evolución ¿no es el hombre la suma culminación de la naturaleza, la encarnación más elevada de los infinitos recursos de la materia, la realización de potentes leyes naturales todavía inexploradas?" (Pavlov, 1930)

Nada de esto sería asimilado por el conductismo que terminó configurado como un estudio de la conducta animal, concibiendo "conducta" como un asunto exterior, aislado y prácticamente ajeno al propio animal actuante, y que podía explicarse por sí solo mediante la vinculación de los aspectos visibles que rodean al animal. En buena cuenta, era una ciencia cuyo objeto de estudio estaba en la imaginación del observador.  Con esa perspectiva deficitaria incluso en el escenario animal, se encaminaron luego hacia el estudio de los seres humanos, pero no pudieron ir muy lejos. Aunque el conductismo se desintegró rápidamente en los EEUU en el último cuarto del siglo XX, como todo producto cultural quedaron remanentes de seguidores tratando de mantener vivo el credo. Debido a sus falencias epistémicas, recurrieron a la abandonada teoría interconductual de Kantor para usarla como su soporte teórico. Para graficarlo de algún modo, podríamos decir que los conductistas intentaron cruzar el río de la complejidad humana, montados sobre el burro del conductismo radical. A mitad del camino se dieron cuenta de que no llegarían a ningún lado, por lo que decidieron cambiarse al viejo caballo del interconductismo. Sin embargo, a medida que avanzan trastabillan más. Lo que podemos observar hoy es que la maraña conductista, con todas sus variantes, versiones y denominaciones, se autodefine hoy como una "corriente de pensamiento" que integra el conductismo, el interconductismo, las técnicas conductuales, y algo más por allí, todo eso bajo un esforzado y muy modernista empeño por mostrarse como doctrina filosófica. Algo bastante difícil de digerir, pues el caos teórico no es lo mismo que una escuela filosófica.

Conclusiones

Uno de los mayores problemas culturales que ha enfrentado la humanidad -en todos los tiempos- es que cualquier propuesta, sin importar lo estúpida que pueda ser, acaba teniendo seguidores tarde o temprano. La psicología no ha estado libre de este mal; por el contrario, la ha padecido a lo largo de todo el siglo XX. El otro gran problema de la humanidad es que los errores culturales nunca se superan, sino que se consolidan y en su afán de persistir, van adquiriendo formas realmente aberrantes, alimentadas por creencias y creyentes fanáticos. Todos ellos se han encargado de incrementar las creencias conductistas a niveles fabulosos.

Las importaciones culturales siempre traen problemas porque se instalan en un escenario improductivo para las ideas originales del producto importado, tal como ocurrió con la religión católica al llegar a Latinoamérica. Es entonces cuando aparecen los engendros aberrantes. El escenario de los EEUU a fines del siglo XIX, no era propicio para la instalación repentina de una disciplina compleja que venía precedida por un siglo de desarrollo científico, 3 siglos de discusiones filosóficas y 2,500 años de reflexión en todo Occidente. La psicología, desde la época de los griegos, fue el interés por conocer los estados subjetivos propios y exclusivos de los humanos. El foco de interés de la psicología, y lo que le dio su nombre y su sentido disciplinar, fue siempre la actividad consciente e intelectual del hombre, sus sociedades y sus obras. Ese es el objeto de estudio de la psicología y nadie se lo puede quitar. El hombre es la única especie que ha transformado el mundo. Ese rasgo peculiar es el que ha intrigado a los psicólogos desde que el hombre pudo pensar, y percatarse de este detalle. No es acomodándonos a los requerimientos del método naturalista como hemos logrado el estatus de ciencia sino desarrollando nuestra propia ontología y epistemología, que es lo que toda ciencia está obligada a desarrollar en primera instancia.

El conductismo es una disciplina que se edificó desde una perspectiva animalista, con el interés de fabricar técnicas de control y modificación de la conducta. La psicología, en cambio, es una ciencia edificada desde una perspectiva humanista, con el objetivo de explicar el fenómeno humano, es decir, al hombre y sus cualidades exclusivas como especie diferenciada y superior. No hay pues manera de equipararlas. Se trata de dos enfoques divergentes, opuestos. El conductismo nunca fue psicología ni lo puede ser. Durante su evolución el conductismo ha estado adoptando nuevos formatos, interesándose más por los humanos y las conductas complejas; pero mientras persistan en ese fanático y ya obsoleto empeño por negar el papel de los procesos internos y el estudio de la conciencia, y dedicarse enteramente a lo observable, será imposible que puedan engarzarse con la psicología.

Las ideas que fundamentaron el proceder conductista fueron surgiendo directamente del trabajo experimental sobre animales y de lo que esto podía ofrecer como oficio. Incluso llegaría a mezclarse con el arte del amaestramiento animal, de donde obtuvo sus técnicas más exitosas, recurriendo además a los conocimientos cotidianos sobre la manipulación de la conducta mediante castigos y recompensas, para establecer con ello sus audaces propuestas de "control científico de la conducta social", con que impactaron en la cultura americana a mediados del siglo XX, generando una nueva secta cientificista. El conductismo apareció como un proceso natural de fortalecimiento de una práctica experimental concreta, que finalmente sería establecida como una ocupación profesional en sí misma, rechazando las implicancias teóricas de la psicología como ciencia de la conciencia. Los textos americanos empezaron a definir la psicología como una ciencia natural y rama de la biología encargada de estudiar la conducta de los animales. En eso se convirtió la psicología en Norteamérica, pero no fue debido a una "revolución científica" sino a una gran confusión científica.

En el afán de hacer viable el conductismo, en los últimos 30 años hemos visto el esfuerzo de varios autores por dotarlo de una estructura espistémica coherente. Sin embargo, todo ha sido inútil. Lo que nace mal no se puede corregir con argucias argumentativas. Hoy el conductismo es como una hidra de múltiples cabezas. Cada vez que cortamos una crecen otras. A pesar de todas sus versiones y denominaciones, no es más que una amalgama informe de residuos y posturas, aunque sean presentadas como una "estructura filosófica, científica y tecnológica". Es decir, como una doctrina o evangelio completo. En realidad no es más que una ensalada de proposiciones antojadizas, enunciadas por audaces autores que creen poder colocar un cerillo más en esa ruma de cerillos que es el túmulo cultural del conductismo. 

Referencias

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