Por: Mg. Dante Bobadilla R.
Los filósofos han estudiado la ciencia, o mejor dicho, la actividad de los científicos, tratando de descubrir cómo es que se llega al conocimiento científico y cómo se reconoce un conocimiento científico como tal. En ese empeño han desarrollado una serie de teorías del conocimiento que han mostrado una aparente regularidad y secuencia. Aunque resulta muy difícil hablar de actividades muy disímiles en el campo de la ciencia, generalmente los filósofos de la ciencia se han referido a la labor de los físicos y a las teorías físicas. De allí deriva la mayoría de las estructuras formales de la ciencia, por lo que podríamos decir que tales estructuras adolecen de un sesgo fisicalista. Y esto a pesar de que la mayoría de la actividad científica se ha desarrollado en el ambiente naturalista. El sesgo fisicalista se reforzó con la actividad de los filósofos del Círculo de Viena, quienes pretendieron imponer los esquemas de la física como lenguaje universal de la ciencia. A eso ya se puede considerar como una versión cientificista en la filosofía.
Los filósofos han estudiado la ciencia, o mejor dicho, la actividad de los científicos, tratando de descubrir cómo es que se llega al conocimiento científico y cómo se reconoce un conocimiento científico como tal. En ese empeño han desarrollado una serie de teorías del conocimiento que han mostrado una aparente regularidad y secuencia. Aunque resulta muy difícil hablar de actividades muy disímiles en el campo de la ciencia, generalmente los filósofos de la ciencia se han referido a la labor de los físicos y a las teorías físicas. De allí deriva la mayoría de las estructuras formales de la ciencia, por lo que podríamos decir que tales estructuras adolecen de un sesgo fisicalista. Y esto a pesar de que la mayoría de la actividad científica se ha desarrollado en el ambiente naturalista. El sesgo fisicalista se reforzó con la actividad de los filósofos del Círculo de Viena, quienes pretendieron imponer los esquemas de la física como lenguaje universal de la ciencia. A eso ya se puede considerar como una versión cientificista en la filosofía.
Algunos filósofos llegaron a ocuparse de las ciencias humanas y sociales, pero fueron duramente combatidos por los naturalistas, quienes consideraban que tan sólo las ciencias físicas y naturales pueden ser "ciencia", y que no hay manera de hacer ciencia en el mundo de los humanos, pues métodos como la hermenéutica no serían admisibles para un conocimiento científico. Por esta razón hubo inicialmente una fuerte inclinación en las nacientes ciencias humanas y sociales por hacer ciencia al estilo naturalista, es decir, siguiendo los preceptos del método científico naturalista, caracterizado por su centramiento en la experimentación animal en laboratorio, por el empleo intenso de estadísticas y por las definiciones operativas de los constructos a investigar. En otras palabras, se sumergían en una práctica guiada por modelos, procedimientos, ideas y creencias o prejuicios acerca del saber y del proceder científico. En este escenario se concibe que el conocimiento se desprende de los hechos experimentales, y que el saber se reduce a la confirmación de relaciones de causalidad entre las variables elegidas. La acumulación de enormes cantidades de datos experimentales obliga al empleo sistematizado de técnicas estadísticas, y hasta de software de tratamiento de datos, pero todo el esfuerzo investigativo tan solo conduce a un informe parco sobre las relaciones de causalidad. En este ambiente ideologizado, la ciencia deja de ser una actividad auténtica de observación, reflexión y razonamiento, guiada por un interés genuino hacia el conocimiento verdadero, y se convierte en una práctica ritualista y mecánica, sometida al acatamiento riguroso de ciertos cánones establecidos culturalmente, en los que se mezclan imágenes, creencias y valoraciones sociales en torno de la ciencia y lo científico. Así es como se instituye el cientificismo. Pero como se verá más adelante, existen variadas acepciones de este término.
La ciencia real es hecha por cierta clase muy especial de individuos dotados con capacidades excepcionales. Para desconsuelo de la humanidad, debemos admitir que la ciencia no es un producto popular. Quienes hacen ciencia de verdad son seres que, además de tener características muy especiales, poseen una gran cantidad de información respecto de un aspecto específico de la realidad, tal que pueden colocarse a la vanguadia de la investigación en este campo. Ellos lideran la búsqueda de conocimientos y abren el camino del saber para los demás. Lo hacen con el pensamiento libre y enfocados en un interés puramente epistémico.
La epistemología estudia este proceso de creación científica y pretende enunciar principios generales sobre tal actividad, como si se tratara de un mecanismo natural. Lo que sigue es la generación del cientificismo entre quienes adoptan tales principios y convierten a la ciencia en un conjunto de dogmas ideológicos y rituales metodológicos que imponen a la sociedad. Esta "ciencia" del cientificismo ya no es una tarea de generación libre del saber, sino un ritual mecánico de acatamiento de una doctrina ideológica que tiene a la ciencia como su valor supremo. Se produce en una capa exterior y ajena a la ciencia real, y llega hasta las capas más populares de la sociedad, incluso a la religión.
Se ha dicho que el cientificismo es la imposición del éxito de la ciencia como justificación suficiente de su superioridad sobre cualquier otra tradición cultural, en todos sus aspectos. Es la sobreestimación de ciertas características atribuidas a la ciencia, tales como el rigor metodológico y la objetividad, como fórmulas infalibles para hallar la verdad. Si bien inicialmente parecía una posición teórica elaborada, en la actualidad el cientificismo es más una actitud general, asumida con sumisión y entrega a ciertos preceptos culturales relacionados con la ciencia y su proceder, lo que conduce finalmente al fanatismo doctrinario, evidente en aquellos que pretenden imponer, por ejemplo, el "método científico" y la investigación empírica como únicas fuentes del saber científico. Habermas dice lo siguiente: "El 'cientifismo' significa la fe de la ciencia en sí misma, o dicho de otra manera, el convencimiento de que ya no se puede entender la ciencia como una forma de conocimiento posible, sino que debemos identificar el conocimiento con la ciencia". Pero no sólo se ha vinculado el conocimiento a la ciencia sino a un proceder atribuido a la ciencia.
Encuentro que el término 'cientifismo' (scientism) fue introducido en la literatura filosófica de habla inglesa por F. A. Hayek en un artículo aparecido en 1941 y publicado después en su libro "The Counter-Revolution of Science" (1ª ed. 1952). Allí reconoce haberlo tomado prestado de algunos autores franceses. Para Hayek cientifismo significa "imitación servil del método y el lenguaje de la ciencia".
La ciencia, como cualquier actividad humana original, discurre libremente y se construye libremente mediante su propia actividad, y se corrige por sí misma. No así el cientificismo, ya que este pretende discurrir por los cauces de una estructura lógica prefabricada y pretendidamente correcta, por lo que es constantemente vigilada por el establishment para condenar cualquier desviación de la norma. Esta es la forma de proceder en ciertos segmentos académicos, básicamente por aquellos que detentan alguna función de poder, vinculada a los anillos periféricos de la ciencia, es decir paracientíficos: universidades, revistas de publicaciones científicas, colegios profesionales, etc. El establecimiento de estructuras lógicas y metodológicas prediseñadas, como por ejemplo, el empleo forzoso de un determinado método de investigación, un formato de informe, un estilo de redacción que incluye el respeto a detalles puntillosos, y cosas por el estilo, se hace precisamente para detentar dicho poder y ejercer el control. Esto es lo que constituye la característica principal del cientificismo, y es algo muy distinto a la ciencia real.
Una cosa es hacer ciencia libremente y que luego los filósofos se ocupen de analizar dicha actividad y de encontrarle alguna lógica, y otra, es asumir que aquellas aparentes estructuras lógico-formales descubiertas por la filosofía de la ciencia o, peor aun, por las creencias sociales (como en el caso de la "redacción científica"), constituyen una doctrina universal a seguir en la elaboración de ciencia. Esto es lo que distingue a la ciencia del cientificismo. En consecuencia, podemos definir al cientificismo como un ambiente ideológico social, donde se realiza una actividad paracientífica asumiendo determinados preceptos gnoseológicos, como una doctrina válida y universal que debe seguirse y respetarse fielmente en la producción de conocimientos, y que además restringe lo que es ciencia a todo aquello que ha sido producido siguiendo tales preceptos, rechazando todo lo demás. Las características básicas del cientificismo son: 1) Una tendencia a generar estándares, inclinación por establecer una ciencia estandarizada y universal (ciencia única o unificada); 2) Un desprecio absoluto por los problemas filosóficos del conocimiento, es decir, por la epistemología y por la filosofía en general; 3) En contraparte, una predilección y dependencia por la metodología estandarizada; y 4) Una confusión permanente entre ciencia y tecnología, y una intención clara de lograr primacía en virtud de la efectividad de sus productos o de la utilidad social de sus logros prácticos.
Un claro ejemplo de los estándares y preceptos doctrinarios dogmáticos, es el famoso "método científico", que el cientificismo ha reducido a un experimento muy concreto de correlación de variables, y al tratamiento estadístico de datos, el cual se repite de forma ritualista, mecánica y maníaca, cada vez que se pretende realizar una investigación en cualquier área, desde patatas y bacterias hasta familias y comunidades, desde elementos reales como la producción de ciertas sustancias biológicas, hasta simples nociones culturales como la personalidad. Obviamente, tal proceder es abiertamente absurdo y no tiene nada de científico. Pero la dependencia ideológica de tales escenarios culturales, impide que las personas sometidas a dicha estructura lógica de razonamiento, puedan percatarse de la artificialidad de su proceder. Además de ello, la estructura de poder impide que lo hagan porque favorecen la estandarización y la productividad, por lo tanto evitan los análisis epistemológicos y la enseñanza de epistemología, limitándose a la enseñanza exclusiva y obligatoria de metodología, así como de otras formas de estandarización de todo el proceso productivo de investigación y de publicación. La enseñanza de la filosofía no pasa de ser un mero recuento histórico de autores y de escuelas, que pasa por alto cualquier forma de reflexión. Finalmente, las personas sujetas a este dominio no conocen más que metodología, la cual suele ser una sola en particular: el método experimental estadístico de análisis cuantitativo de datos en el manejo de grupos. A eso se reduce la ciencia del cientificismo. A ello se le suman formatos precisos para la elaboración de informes, y hasta estilos de redacción, que buscan eliminar todo aquello que no sea "objetivo", proceso en el que el informe se despersonaliza y hasta se deshumaniza, empleando un lenguaje que se torna robótico y neutro, en un intento por lograr un pensamiento estandarizado. El sometimiento a estos estándares culturales garantiza el éxito en ese medio, es decir, hay un reforzamiento social por someterse a dichos esquemas propios del cientificismo. En caso contrario, será tratado como si fuera un renegado social, un sedicioso contra la ciencia y un charlatán seudocientífico cuya teoría no es más que mera retórica sin pruebas ni estilo.
Una cosa es hacer ciencia libremente y que luego los filósofos se ocupen de analizar dicha actividad y de encontrarle alguna lógica, y otra, es asumir que aquellas aparentes estructuras lógico-formales descubiertas por la filosofía de la ciencia o, peor aun, por las creencias sociales (como en el caso de la "redacción científica"), constituyen una doctrina universal a seguir en la elaboración de ciencia. Esto es lo que distingue a la ciencia del cientificismo. En consecuencia, podemos definir al cientificismo como un ambiente ideológico social, donde se realiza una actividad paracientífica asumiendo determinados preceptos gnoseológicos, como una doctrina válida y universal que debe seguirse y respetarse fielmente en la producción de conocimientos, y que además restringe lo que es ciencia a todo aquello que ha sido producido siguiendo tales preceptos, rechazando todo lo demás. Las características básicas del cientificismo son: 1) Una tendencia a generar estándares, inclinación por establecer una ciencia estandarizada y universal (ciencia única o unificada); 2) Un desprecio absoluto por los problemas filosóficos del conocimiento, es decir, por la epistemología y por la filosofía en general; 3) En contraparte, una predilección y dependencia por la metodología estandarizada; y 4) Una confusión permanente entre ciencia y tecnología, y una intención clara de lograr primacía en virtud de la efectividad de sus productos o de la utilidad social de sus logros prácticos.
Un claro ejemplo de los estándares y preceptos doctrinarios dogmáticos, es el famoso "método científico", que el cientificismo ha reducido a un experimento muy concreto de correlación de variables, y al tratamiento estadístico de datos, el cual se repite de forma ritualista, mecánica y maníaca, cada vez que se pretende realizar una investigación en cualquier área, desde patatas y bacterias hasta familias y comunidades, desde elementos reales como la producción de ciertas sustancias biológicas, hasta simples nociones culturales como la personalidad. Obviamente, tal proceder es abiertamente absurdo y no tiene nada de científico. Pero la dependencia ideológica de tales escenarios culturales, impide que las personas sometidas a dicha estructura lógica de razonamiento, puedan percatarse de la artificialidad de su proceder. Además de ello, la estructura de poder impide que lo hagan porque favorecen la estandarización y la productividad, por lo tanto evitan los análisis epistemológicos y la enseñanza de epistemología, limitándose a la enseñanza exclusiva y obligatoria de metodología, así como de otras formas de estandarización de todo el proceso productivo de investigación y de publicación. La enseñanza de la filosofía no pasa de ser un mero recuento histórico de autores y de escuelas, que pasa por alto cualquier forma de reflexión. Finalmente, las personas sujetas a este dominio no conocen más que metodología, la cual suele ser una sola en particular: el método experimental estadístico de análisis cuantitativo de datos en el manejo de grupos. A eso se reduce la ciencia del cientificismo. A ello se le suman formatos precisos para la elaboración de informes, y hasta estilos de redacción, que buscan eliminar todo aquello que no sea "objetivo", proceso en el que el informe se despersonaliza y hasta se deshumaniza, empleando un lenguaje que se torna robótico y neutro, en un intento por lograr un pensamiento estandarizado. El sometimiento a estos estándares culturales garantiza el éxito en ese medio, es decir, hay un reforzamiento social por someterse a dichos esquemas propios del cientificismo. En caso contrario, será tratado como si fuera un renegado social, un sedicioso contra la ciencia y un charlatán seudocientífico cuya teoría no es más que mera retórica sin pruebas ni estilo.
La ciencia es una actividad esencialmente libre, que requiere libre pensamiento y acción, libertad para elegir los escenarios de investigación, las teorías, las evidencias, los experimentos, libertad y creatividad para diseñar los experimentos, estructurar los métodos y recurrir a interpretaciones objetivas. El único compromiso científico se da de manera inconsciente y está referido a lo que Kuhn denominaba "paradigmas". Pero al margen de ello, la ciencia es una actividad basada en el libre pensamiento y en la libertad de acción, salvo los casos en que los científicos trabajan a pedido en el desarrollo de tecnologías concretas, como en el Proyecto Manhattan o Apollo. El peor enemigo de la ciencia es el dogma, la doctrina y cualquier otra forma de atadura mental que limite el pensamiento o lo conduzca por un cauce predeterminado. La creencia en un "método científico", por ejemplo, ha sido uno de los factores que más daño han causado al avance de la ciencia en los países subdesarrollados. Si a esto le sumamos la sujeción a ciertos formatos establecidos de informe científico, determinados estilos específicos de redacción y una serie de esquemas ya pre definidos, nos hallamos en un escenario pseudocientífico de puras estructuras pre fabricadas. Es una "ciencia de cartón", aunque mejor sería decir "de papel", ya que sólo se dedican a publicar estudios generalmente vacíos y tontos. Es ampliamente conocido que la gran mayoría de los artículos de investigación publicadas en las revistas de corte cientificista, adolecen de graves fallas y sus resultados son inválidos. Además de ello, muchos de estos estudios caen en la estulticia, pues pretenden probar lo obvio o lo imposible, revelando que el único interés está depositado en el mero empleo del método. Hay una gran cantidad de críticas a esta clase de reportes y de estudios que pueden hallarse en la web. Véase más adelante mi artículo sobre "La metodología de la investigación científica...".
Lo que ha hecho el cientificismo es colocar el "método científico" por delante y filtrar la realidad para quedarse sólo con aquello que cabe en el método. Lo demás es simplemente desechado. Incluso la realidad humana, que es esencialmente una realidad cultural, es decir, subjetiva, está fuera del alcance de esta forma de ciencia, o pretende someter la realidad humana a sus métodos objetivistas y a su empirismo cuantitativo. La mayor parte de los productos de esta clase de investigación falla porque la realidad se limita a responder a las preguntas concretas del experimentador, ya que siempre se trata de experimentos muy concretos que buscan despejar una hipótesis muy concreta. Así, por ejemplo, si le preguntan a la naturaleza si el café es dañino, responderá que sí; pero si le preguntan si el café es benéfico, también responderá que sí. Y la gran mayoría de estos estudios son fenómenos que en la realidad están sujetos a una gran variedad de factores complejos que son imposibles de controlar en un experimento, pues muchos de ellos son incluso desconocidos, como la influencia del factor psíquico en el organismo. Lo peor de estos reportes de investigación del cientificismo académico es que son sumamente obvios, pues correlacionan variables que a sola vista están vinculadas, como la memoria inmediata y la comprensión lectora, por ejemplo. Después de todo ¿qué cosa en este mundo no está vinculado con todo lo demás? Hay mucha crítica en torno de esta clase de reportes de investigación pero nada parece cambiar la afectación o las creencias sociales.
Ahora veamos otras formas de cientificismo. Fuera del escenario descrito, existe también un cientificismo social, que tiene forma de ideología y produce comportamientos similares a una moda. Esta forma social fue reconocida y diagnosticada ya desde mediados del s. XIX, cuando surgió la creencia de que la ciencia pronto podría predecir todos los acontecimientos. Comte (1844) sugirió que la ciencia sería una nueva religión laica que ofrecería todas las respuestas. Desde entonces el cientificismo ha estado sufriendo mutaciones; pero a pesar de su antiguedad, extensión y gravitación social y académica, ha sido muy poco estudiada. A los científicos no les interesa porque lo ven con desdén, y los cientificistas no son conscientes de su cientificismo. Sin embargo, ha sido un tema para los escépticos y para los religiosos, pero la sociología y la psicología casi la han ignorado, pese a que se trata de un fenómeno cada vez más gravitante y hasta peligroso.
El reconocimiento del cientificismo en la sociedad es sumamente fácil, pues estamos rodeados de estas actitudes. Veamos algunos claros ejemplos: Hoy las universidades adoptan el término "científico" como parte de su nombre o se proclaman a sí mismas "científicas", sin advertir la terrible contradicción que esto encierra, puesto que una universidad es, por definición, universal. Esto quiere decir que comprende toda clase de conocimentos, científicos o no, como artes, humanidades y toda clase de expresiones culturales, incluyendo teología y moral. Hablar de una "universidad científica" es pues un disparate y una huachafería. Es tan absurdo como hablar de un jardín botánico que solo tiene helechos.
Por otro lado, las universidades crean disciplinas ocupacionales a la que se les atribuye el carácter de científico, como la "ciencia de las comunicaciones", "ciencias políticas", "ciencia del deporte" e incluso la "ciencia de la cocina". La imagen de ciencia se vincula a laboratorios, batas blancas y microscopios. Este es el escenario que nos muestran los comerciales de shampú para demostrar que su fórmula está "científicamente diseñada". Las bolsas de detergente muestran la representación de un átomo con la palabra "bioactivo". Etc. Incluso en la religión existe el cientificismo, pues se han generado iglesias como la "Iglesia de Cristo Científico", la Iglesia de la Cienciología, la Teoría General de la Evolución Condicionada de la Vida (creacionismo), o predicar en torno a la "Ciencia de la Biblia". Todo esto demuestra las imágenes distorsionadas sobre la ciencia y la sobrevaloración de su poder.
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Otros cientificismos o acepciones del término vienen desde la orilla de la religión. La Iglesia emplea el término cientificismo, cientifismo o cientismo, para designar a todos aquellos que creen tan sólo en las explicaciones que da la ciencia. Es decir, para señalar a todos aquellos a quienes no nos gusta que nos cuenten cuentos como explicaciones. Esta es la visión de los religiosos, como Mariano Artigas. Ellos emplean el término "cientificismo" para referirse a todos los que consideramos que sólo la ciencia puede dar explicaciones y que las religiones son meras actividades sociales, sin ningún valor epistémico. Para reafirmar esto, Michael Shermer definió el "cientificismo" de una manera contradictoria: "una visión científica del mundo, que abarca las explicaciones naturales para todos los fenómenos, y evita las explicaciones supranaturales o paranormales, y abraza el empirismo y la razón como los pilares gemelos de una filosofía de la vida". Desde luego, yo también me inscribo en esta definición de cientificismo. Pero no es este el cientificismo que nos interesa señalar acá. Esa es sólo la visión del cientificismo como se concibe desde la religión. El cientificismo, por el contrario, es algo muy alejado a la ciencia. El cientificismo se compone de un coro de aúlicos seguidores de la estela científica, son los usuarios fanáticos de todo lo que la ciencia va generando, como sus métodos, conceptos e imágenes.El cientificismo es un perfecto disfraz de ciencia.
Incluso dentro de la propia ciencia, también se ha señalado un cientificismo. Es aquella actitud que no acepta una explicación si no está rigurosamente sustentada por evidencias empíricas. De este modo se han puesto en duda teorías como la evolución y la deriva continental. Sin embargo, muchas teorías científicas han sido acertadas aun sin evidencias directas, como la relatividad, que solo posteriormente pudo ser verificada en parte. Es famoso el caso de Alfred Wegener (1912) quien formuló la teoría de la deriva continental a partir de simples observaciones y deducciones. Si vemos los continentes, notamos que estos calzan entre sí como piezas de rompecabezas; es obvio que se han separado y que algún día estuvieron unidas. Si consideramos que la Tierra es un globo que gira creando fricciones en un núcleo líquido incandescente, y que este -al igual que una olla a presión- genera una tremenda presión hacia la corteza, es obvio que esta debe estar en permanente desplazamiento. No hace falta más que el simple razonamiento. Además, esta teoría explica perfectamente la existencia de la actividad sísmica y volcánica. No obstante, el cientificismo rechazó la teoría de la deriva continental "por falta de pruebas". La imagen de Wegener fue reinvindicada al final, luego de que muriera en un accidente en Groenlandia, mientras se hallaba en busca de esas pruebas para su teoría.
Entonces estamos frente a diversas clases o nociones de cientificismo. De todos ellos, creo que el más nocivo es el cientificismo académico, por varias razones:
Incluso dentro de la propia ciencia, también se ha señalado un cientificismo. Es aquella actitud que no acepta una explicación si no está rigurosamente sustentada por evidencias empíricas. De este modo se han puesto en duda teorías como la evolución y la deriva continental. Sin embargo, muchas teorías científicas han sido acertadas aun sin evidencias directas, como la relatividad, que solo posteriormente pudo ser verificada en parte. Es famoso el caso de Alfred Wegener (1912) quien formuló la teoría de la deriva continental a partir de simples observaciones y deducciones. Si vemos los continentes, notamos que estos calzan entre sí como piezas de rompecabezas; es obvio que se han separado y que algún día estuvieron unidas. Si consideramos que la Tierra es un globo que gira creando fricciones en un núcleo líquido incandescente, y que este -al igual que una olla a presión- genera una tremenda presión hacia la corteza, es obvio que esta debe estar en permanente desplazamiento. No hace falta más que el simple razonamiento. Además, esta teoría explica perfectamente la existencia de la actividad sísmica y volcánica. No obstante, el cientificismo rechazó la teoría de la deriva continental "por falta de pruebas". La imagen de Wegener fue reinvindicada al final, luego de que muriera en un accidente en Groenlandia, mientras se hallaba en busca de esas pruebas para su teoría.
Entonces estamos frente a diversas clases o nociones de cientificismo. De todos ellos, creo que el más nocivo es el cientificismo académico, por varias razones:
En primer lugar porque el cientificismo académico presenta a la ciencia como una doctrina, como un conjunto de preceptos cognoscitivos en los que hay que creer y con los que hay que comulgar. Y uno de los íconos del cientificismo es precisamente el famoso "método científico". En realidad no existe ningún "método científico" como tal, tan sólo se llama así al proceso heurístico y natural de observación, análisis, hipótesis y prueba. Pero el cientificismo académico ha engañado a medio mundo presentando el método estadístico como el "verdadero y único método científico". Y así es como se enseña en las universidades, a pesar de la escasa formación en matemáticas y estadísticas. Por eso no es raro que existan tantas tesis y artículos empíricos que se basan en experimentos sin criterio y sin sentido, y con un manejo pobre de las estadísticas.
La enseñanza universitaria pasa por alto los aspectos de la filosofía en general, la filosofía de la ciencia en particular, y de la epistemología de la ciencia, para ser más específicos, y va directamente a la enseñanza de la metodología estadística, incluso en disciplinas o carreras que no exigen una formación matemática profunda, y aun en las carreras que no tienen nada de científicas, como la hotelería y el turismo. De este modo, los estudiantes desprevenidos se entregan en mente, cuerpo y alma al empirismo metodologista creyendo hacer ciencia, cuando en los hechos no pasan de hacer experimentos sin criterio. A la falta de criterio en la concepción del experimento debemos añadirle las habituales limitaciones en el manejo de la estadística. Todo esto conduce a unos reportes de investigación que están cargados de errores.
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Como corolario de este cientificismo existen incluso algunas disciplinas estructuradas totalmente en torno de estas concepciones cientificistas. Es decir, se han hecho adoptando como sustento la filosofía del cientificismo: objetivismo, empirismo, metodologismo, causalismo, determinismo, etc. Una perfecta muestra de esta clase de disciplinas es el conductismo, corriente norteamericana que se apartó de la psicología para fundar una supuesta "nueva psicología" que cambió su objeto de estudio hacia la conducta animal, pues se limitaron al empleo del método experimental del naturalismo inglés con animales en laboratorio, convencidos de que esa era la forma de hacer ciencia. Aunque su práctica obviamente no era una psicología, pretendieron que lo fuera porque asumieron que solo eso era ciencia. Al final presentaron las viejas técnicas de amaestramiento de animales como logros de esta nueva "psicología científica". Si bien el Círculo de Viena fue una evidente expresión del cientificismo en la filosofía, el conductismo americano fue la más notoria expresión del cientificismo en la psicología. Supeditaron toda su disciplina al empleo del método. Aunque a decir verdad, en casi todas las ciencias sociales se instauró una gran corriente cientificista que pretendió imponer los métodos del naturalismo. Una tradición que no ha variado mucho hasta nuestros días, ya que la metodología de la investigación presumiblemente "científica" sigue siendo un modelo generado en el siglo XIX y fundado en la correlación de variables.
Hace más de un siglo que la humanidad convive con el cientificismo, al punto que resulta muy difícil distinguirlo ya de la misma ciencia, en especial en los ambientes sociales y académicos. Se hace ciencia cuando se busca el conocimiento de la realidad tal cual, mediante una actividad que sólo está guiada por el interés o el deseo genuino de saber cómo son las cosas "en realidad". La experimentación artificial, como la que ocupaba a Skinner, nunca conduce a conocimiento científico. La objetividad del conocimiento puede perderse tanto por creencias, ideas y prejuicios en relación al objeto del conocimiento como en relación a los métodos de obtención del conocimeinto o acerca del propio conocimiento como producto.
Hace más de un siglo que la humanidad convive con el cientificismo, al punto que resulta muy difícil distinguirlo ya de la misma ciencia, en especial en los ambientes sociales y académicos. Se hace ciencia cuando se busca el conocimiento de la realidad tal cual, mediante una actividad que sólo está guiada por el interés o el deseo genuino de saber cómo son las cosas "en realidad". La experimentación artificial, como la que ocupaba a Skinner, nunca conduce a conocimiento científico. La objetividad del conocimiento puede perderse tanto por creencias, ideas y prejuicios en relación al objeto del conocimiento como en relación a los métodos de obtención del conocimeinto o acerca del propio conocimiento como producto.





