
Educación es la tarea compleja de formar un ser humano capaz de integrarse a su cultura y ser un elemento útil dentro de ella. Para que esto sea factible, la educación debe ocuparse de transmitir no sólo conocimientos apropiados (no inútiles, que los hay) sino también valores y generar una buena cantidad de habilidades sociales indispensables para la convivencia en esa cultura en la que se desea integrar al sujeto. Sin todos estos requisitos ningún proceso puede llamarse propiamente "educación". Podría llamarse entrenamiento, adiestramiento, instrucción, etc., pero no educación. Lamentablemente el concepto real de lo que significa educación se ha perdido en la vorágine del mundo moderno regido por el mercado.
La "educación superior" es la etapa final de un largo proceso iniciado en la infancia. Su finalidad es completar el proceso dándole al ciudadano la formación utilitaria en los campos que el país requiere para surgir o, al menos, para sostenerse como país emergente. Esto significa que las profesiones tendrían que estar definidas en función no del mercado (porque el mercado nunca tiene sentido) sino por los propósitos de la nación. Y decimos "proceso" porque se trata (o debería tratarse) de la etapa final de un mismo proceso, es decir, debería cargar con la misma lógica y propósito, definidos también por la nación, vale decir, por esa gran comunidad a la que finalmente vamos a integrarnos como sujetos activos.
Todo lo dicho plantea la idea de que la educación, como tarea pública a cargo del Estado, o por lo menos orientada por el Estado, como debiera ser en un país adecuadamente organizado, tendría que estructurarse como un solo cuerpo lógico-educativo cuya última finalidad es la generación de los ciudadanos que el país requiere para cumplir su misión como pais o alcanzar las metas que se tienen como país. De lo contrario, el papel del Estado carece de sentido, y la educación, también.
Ahora , si lo dicho hasta aquí tiene sentido, no podemos hacer más que lamentarnos por la situación que atraviesa la educación superior en el Perú. Lo primero que debemos admitir es que no se trata de un mismo proceso. No hay un "proceso educativo" que tenga un sentido orientado hacia la formación de determinado tipo de ciudadanos, con determinados conocimientos, habilidades y valores que se sumen a la tarea de construir la nación que todos queremos, y cuyas metas están claras para todos. En primer lugar, ni siquera están definidas esas metas.
Si un país no tiene claramente definidas sus metas como país, y ellas no están claramente fijadas en las mentes colectivas, ¿qué sentido vamos a darle a un todo ese proceso educativo de 20 años? ¿Hacia dónde transitan los colegios, universidades y docentes de todo nivel? Lo que se llama "educación" en el Perú es la mera transmisión de conocimientos consagrados y valorados como "ciencia" pero que no tienen ni ton ni son, en el contexto de la edificación de un ciudadano de una comunidad nacional.
Partiendo de esta penosa deficiencia cuyo origen está en la endeble estructura político-social que tiene el Perú, desde su creación artificiosa como república hace ya casi 190 años, momento desde el cual empieza la improvisación de estructuras políticas sin sustento institucional, hemos dejado que la educación superior se desarrolle, una vez más, bajo el influjo del libre mercado.
No estoy en contra del libre mercado, pero sí en contra de que el libre mercado oriente la educación superior. En primer lugar porque el libre mercado no orienta, y en segundo lugar porque si la orienta, lo hace hacia intereses económicos particulares, perdiéndose así el sentido de la educación como proceso generador de ciudadanos para una sociedad concreta con unos fines culturales específicos.
El caos dramático que atraviesa hoy la educación superior en el Perú parece no ser percibido por nadie. Me refiero a nadie que tenga la competencia para hacer algo. Muchos de los que estamos adentro lo percibimos, pero no podemos hacer nada. Tal vez escribir esto sirva de algo, pero es todo lo que se puede hacer. ¿Cómo cambiar esta situación? Un primer paso es advertir a todos las características de este problema.
No es difícil advertirlo. Hoy las universidades (ya perdí la cuenta de cuántas son) se han convertido en un Shoping Center de títulos que no tienen más propósito que los beneficios económicos de la universidad. Ni siquiera están conectadas con las necesidades del país ni con lo que debieran ser los objetivos del país como nación que compite en el mundo por la supervivencia. Acá todo transita por las necesidades del mercado laboral (y a veces ni eso), que siguen siendo las necesidades precarias y eventuales de un país convertido en centro comercial, cuya única meta conocida y difundida por el gobierno, es el "crecimiento económico" a base de exportaciones de minerales, vegetales y chucherías. No hay ninguna conciencia del retraso científico y tecnológico en el que estamos, ninguna conciencia de la gigantesca brecha tecnológica que nos separa cada vez más de otros países en donde la educación sí tiene sentido, ninguna conciencia del estado de nuestra educación superior, carente de investigación y de publicaciones, inexistente en el mundo, como lo muestran los ranking de educación superior más conocidos.
Vivimos todos en un estado de felicidad en la mediocridad. Pero no se trata de difundir una imagen patética de la realidad y sumirnos en el pesimismo derrotista y, menos, conformista. Se trata de sembrar indignación y coraje para motivar las transformaciones requeridas. Se trata de despertar y formar conciencias. En suma, se trata de motivar el cambio.
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