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jueves, 3 de diciembre de 2009

LA UNIVERSIDAD PERUANA





Para un peruano resulta una tarea totalmente cansada e inútil intentar ubicar a su universidad en algún ranking mundial de universidades, en cualquiera de las que hay en la Web. Yo al menos me cansé de hacer click sobre el link "siguiente página" buscando alguna universidad peruana, ¡¡¡cualquiera!!! Sólo en una de ellas alcancé a distinguir a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en el puesto 906 de un ranking que evalúa la presencia en la Web. En otros rankings que consideran otros aspectos como la importancia de los cargos que ostentan sus egresados, sus publicaciones, sus referencias científicas, etc., ninguna universidad peruana aparece, por lo menos dentro de las 1600, hasta que uno se aburre de buscar y abandona la tarea.

¿Qué significa esto? Lo único que puede significar es que la "universidad peruana" existe tan solo en la conciencia de los peruanos, es decir, en su imaginación. Para decirlo en otras palabras: es un engaño colectivo. No es el único engaño colectivo en el que nos hacen vivir, pero hablemos de este en particular. ¿Qué es una universidad y qué es lo que tenemos?

Una universidad no es tan solo un edificio de concreto, acero y vidrio, con un panel que dice "Universidad", que ofrece unas carreras y convoca a unos alumnos y profesores a dar y recibir clases en un calendario académico a cuyo término se entrega un título. No. Eso no es una universidad. Este es el primer error que tienen los peruanos respecto a la Universidad. Es un error de concepto, como ocurre con muchas otras instituciones copiadas del mundo civilizado, y que se implantan como senos de silicona para adornar la situación y engañar a los ilusos.

El error de concepto está tan generalizado que incluso las mismas universidades exhiben en su página Web, en ese consabido recuadro "Misión, Visión" que su misión como universidad es "formar profesionales". Allí empieza todo el problema.

La verdadera misión de una universidad es servir de refugio a la cultura de un pueblo; en segundo lugar, tiene la misión de preservar, generar y difundir el saber; luego vienen todas las demás funciones, entre ellas, formar profesionales, para lo cual pueden, incluso, patrocinar instituciones adscritas o vinculadas a su red científica y cultural. Esto quiere decir que la actividad de una universidad es PERMANENTE y la realiza un cuerpo estable de investigadores, docentes y profesionales que le dan vida a las actividades científicas y culturales. El sentido real de una universidad es generar conocimientos mediante la investigación. Pero esta es una actividad que sirve de soporte a las necesidades reales de una nación en su objetivo como país. No se investiga cualquier cosa, sino lo que significa una necesidad para el avance del país en su rumbo específico. Por ello hay celo en la investigación, pues las naciones compiten en este mundo por la capacidad de sobrevivir. Por ello, quienes lideran el mundo son los que poseen la tecnología para explotar los recursos y transformarlos. Algunos países ya apuntaron su mira al espacio y pretenden aprovechar los recursos energéticos presentes en la Luna o en Marte. Y para esta tarea, requieren la actividad de sus universidades. Esto es lo que hacen las naciones que tienen claros los conceptos.

El concepto que manejan los peruanos sobre "universidad" es el de una escuela de oficios. Es por eso que han desaparecido todas las escuelas superiores, institutos y academias, y ahora todas ellas han pasado a convertirse en "universidades". Hoy las universidades se dedican a enseñar hotelería y otros oficios menores como cocina.

Lamentablemente se trata de una degradación cultural del concepto "universidad". Por lo tanto, no es nada extraño que ninguna "universidad" peruana figure en el ranking mundial de universidades reales. Nadie en el mundo comprende el concepto chicha de universidad patentado en el Perú, convertidas ahora en sociedades anónimas y centros comerciales de títulos.

La universidad peruana carece de la naturaleza de una universidad. En primer lugar, la universidad NO ES una escuela de oficios, y mucho menos de oficios menores y rudimentarios como cocina, hotelería y turismo. Hasta podríamos seguir añadiendo otros oficios como periodismo y contabilidad, pero no hace falta. Para esta función están las escuelas de oficios. Antiguamente hasta la medicina se estudiaba en la Escuela de Medicina, y hasta hace poco los periodistas peruanos -muchos de ellos prominentes- se formaban en la Escuela Bausate y Mesa, de cuyo prestigio nadie dudaba. Desde luego, estas escuelas podrían estar bajo la tutela de una universidad, tal como ocurría con la Escuela de Medicina de San Fernando, a cargo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Pero había clara conciencia de que las escuelas de oficios estaban al margen de la labor fundamental de la universidad. Hoy todo eso se ha perdido.

Muchas de las nuevas universidades surgidas en cargamontón, gracias a las modernas leyes que han incorporado a las universidades en la vorágine del libre mercado, no son más que escuelitas de oficios. Y la mayoría de ellas, de oficios menores e irrelevantes; oficios con los que ningún país puede salir adelante en este mundo competitivo y tecnificado.

Como consecuencia de esto, la universidad peruana ignora lo que es investigar o considera que investigar es seguir el procedimiento estandarizado de la metodología estadística, y nada más. No existen publicaciones científicas ni académicas. Las facultades carecen de medios de publicación o tienen apenas un panfleto de noticias, que es básicamente publicitario y de circulación marginal. Ni siquiera tienen publicaciones en la Web, que es lo más fácil de hacer; pero no lo hacen porque no tienen la costumbre de publicar, ni tienen quién publique porque nunca se le exige a los docentes ni siquiera un artículo. En cambio en las universidades de verdad, los docentes están obligados a convertir en libros el contenidos de sus cursos, y entregar cierta cantidad de artículos para alimentar los numerosos medios de publicación con que cuenta cada Facultad.

La universidad peruana, especialmente las más nuevas, no sólo carecen de publicaciones y de investigaciones; carecen incluso de cuerpo docente. ¿Cómo puede concebirse una universidad sin un cuerpo de docentes e investigadores? Muy fácil. Como la tarea es sólo formar profesionales, la universidad es un edificio vacío que sirve para dar clases durante el período lectivo, para el cual se convocan a los alumnos y se contratan unos docentes temporalmente, casi siempre por 3 meses. Luego del ciclo, todos se van y la universidad se queda vacía. Los únicos que forman parte del cuerpo permanente de la universidad peruana son los trabajadores administrativos. Y son estos los que imponen sus criterios a la labor académica, son ellos los que le dicen a los docentes, por ejemplo, cómo tienen que evaluar a sus alumnos. Antiguamente los docentes elaboraban el silabo de su curso, en el cual debía incluir los criterios de calificación específicos para el curso. Nada de esto existe ahora. Hoy es la burocracia administrativa la que impone sus criterios estandarizados. De este modo el dictado y la evaluación de todos los cursos son exactamente iguales, desde filosofía hasta química, o desde lengua hasta antropología. Los docentes deben ajustarse a las técnicas administrativas de control y perder un tiempo valioso en las manías de control administrativo, en el llenado de formularios y en la satisfacción de los "criterios de calidad", según las normas establecidas. Lo malo es que el criterio administrativo de la calidad dista mucho del criterio científico y académico. Para la administración, la calidad de un curso significa que dicho curso tiene toda una serie de formularios llenados, en donde aparecen de manera "ordenada y sistematizada" una serie de palabrerías que sustituyen a la realidad.

Con todas estas características tan propias de las universidades peruanas, no es pues de extrañar que estas no existan en ningún ranking mundial de universidades, que no tengamos presencia en la web, que no contemos con revistas científicas de publicación regular, que no mostremos artículos de investigación originales y no solo reportes de metodología estadística, (mal llamada por los ilusos "método científico"); que no tengamos desarrollo científico y tecnológico, y que el Perú siga por el sendero de convertirse en un país de guías de turismo, hoteleros y cocineros, manejadores de aduanas, de bancos, etc.; pero sin ingenieros ni técnicos ni científicos capaces de desarrollar al país.

 Afortunadamente quedan todavía vestigios de lo que fue alguna vez la Universidad Peruana. Al menos este segmento viejo y respetable debería ser preservado y reforzado. Dejemos al margen las nuevas universidades chicha, incluso pituconas y de buena infraestructura, pero chichas, al fin y al cabo. Preocupémonos de preservar la clase. Esto solo se logrará si el Estado cumple con su papel rector y no abandona a la Universidad en la venerada lógica de la oferta y demanda, como si fuera un banco o un hotel. La Universidad no puede manejarse con criterios de mercado. Eso es absurdo. La universidad es la base del desarrollo del país. Hay una gran diferencia entre Universidad y empresa, que solo se confunden cuando la degradación social ha carcomido los sentidos. Esperamos que no hayamos llegado a este punto cercano a la extinción como especie.
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