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miércoles, 25 de diciembre de 2013

¿Tiene la justicia un origen emocional?


Alfredo Bullard publicó un artículo titulado "Justicia primate" en donde pretende probar que la justicia tiene un origen genético, llegando a afirmar que "la justicia no es un concepto intelectual. Es principalmente emocional". Presenta como sustento un experimento en el que dos monos son alimentados al accionar una palanca hasta que de pronto uno de ellos no recibe nada provocando su ira. Esto basta para que Alfredo Bullard (y otros, aparentemente) afirme que existe una base genética para la justicia. Otra afirmación sorprendente es que "la ira contribuye a desarrollar la capacidad de juzgar". Y aun agrega que "la ira ... ha influido de manera importante en el desarrollo de la civilización".

Como quiera que Alfredo ha aludido a estudios de psicología cognitiva que "encuentran que la ira suele estar vinculada al sentimiento de injusticia" me permito abordar el tema con ánimo de aclarar algunas ideas. Cabe añadir que luego de leer las observaciones que le hice a su artículo, Alfredo se apuró a publicar otro artículo titulado esta vez "Entre la envidia y la ira" donde básicamente se reafirma en sus ideas, señalando además cosas tan sorprendes como: "Existen estudios bastante serios que han identificado que cuando un juez se indigna con lo injusto, es más probable que esté motivado a poner la justicia en práctica".

A
ntes de entrar en materia quisiera hacer dos observaciones puntuales. La primera es que los experimentos con animales difícilmente son propios de la psicología cognitiva, por no decir imposibles. Un experimento como el descrito por Alfredo es más típico del conductismo. Es decir, de la escuela que negó la existencia de la mente. La segunda es que no podemos sustentar el manejo de conceptos abstractos como "justicia" en raíces emocionales propios de primates cuando es perfectamente sabido que solo la especie humana ha alcanzado el manejo de conceptos abstractos. Y la justicia es un concepto abstracto, si se la mira bien. También quisiera añadir que la interpretación que se hace del experimento es por lo menos antojadiza. Bertrand Rusell, al comprobar las diferencias de interpretación que daban los alemanes y los americanos a sus experimentos, hizo la genial observación de que los ratones alemanes parecían detenerse a reflexionar ante los laberintos, mientras que los americanos se lanzaban alocadamente a accionar palancas. De hecho, un experimento con animales no puede darnos muchas luces respecto a la conducta humana.

Para empezar hay que advertir que si uno se pone radical puede llegar a afirmar que absolutamente todo tiene un sustrato emocional, incluyendo la arquitectura, la moda y hasta las teorías científicas. Pero sin duda esto sería una exageración pues el hecho de que en el cerebro existan conexiones desde la base más primitiva hasta la corteza superior no significa que todo emerja desde un sustrato emocional. El hecho de que exista un sustrato emocional en conexión con determinados conceptos no implica que sean el origen de ellos. Incluso podría ser al revés, ya que las nociones culturales de orden, organización, ética, moral y justicia son los que dominan los impulsos emocionales, en la mayoría de las personas sanas. ¿O es que acaso los seres humanos tienen sus relaciones sexuales donde se les presenta el deseo? Por lo general el ser humano condiciona todas sus emociones culturalmente. Y esto es precisamente lo que lo hace humano.

También debemos advertir que en los últimos tiempos venimos siendo sorprendidos por una larga serie de "estudios", muy publicitados por los medios, que anuncian el hallazgo de genes responsables de las cosas más increíbles tales como la infidelidad, la fe o la justicia, cuestiones que tienen un carácter netamente cultural. En contraparte no se encuentran muchos estudios alrededor de la cultura. No es fácil hacerlo. Se trata de una tarea reciente, pues durante el siglo XX hubo graves dificultades para entender el escenario cultural debido al predominio del pensamiento naturalista y objetivista. En tanto que nadie puede observar su mente, y mucho menos la de otros, su estudio parece imposible. Y lo que llamamos cultura es algo que reside en las mentes. Pero antes de acabar el siglo pasado se dieron sorprendentes avances en todos los frentes, desde las diversas ciencias cognitivas hasta la filosofía de la mente, los que aun parecen ser desconocidos para la gran mayoría.

La manera más fácil de trazar una linea divisoria entre lo genético y lo cultural es el nivel de programación al que responde la conducta humana. El hombre no solo tiene genes sino además una corteza cerebral capaz de generar núcleos de procesamiento programado y programables. Lo genético alcanza a nuestras emociones y es una fuerza impulsora, pero normalmente no es lo determinante pues el hombre posee otra fuente de programación en su cerebro, y es la única especie que lo tiene. Esta segunda fuente de programación genera lo que llamamos "mente" y deriva de la cultura en forma de conceptos, normas, estructuras de organización, etc. Se sustenta y se transmite a través del lenguaje y el aprendizaje social. Un concepto no es más que un paquete que contiene una serie de reglas de procesamiento cultural o script. Se elaboran mediante la confrontación de ideas y no tienen formas terminadas, siendo posible su modificación constante a lo largo del tiempo y el espacio geográfico.

Gracias a esta segunda fuente de programación el hombre es capaz de modelar sus emociones y ajustarlos a un escenario diferente, que no es el del mundo natural primario sino el mundo cultural humano. Es en este escenario propio de los humanos donde se encuentran las ideas y creencias que, a manera de código de programación, determinan nuestras conductas. Aquí es donde existen los códigos de programación religiosa que configuran, dentro de cada mente, una manera particular de entender el mundo. Del mismo modo nos dan los códigos para definir lo que entendemos por justicia, el cual es un invento exclusivamente humano. El de "justicia" es sin duda uno de los conceptos más etéreos que hay, pues se elabora de manera diferente en cada circunstancia. De hecho, si esto no fuera así no haría falta un juicio ni estos serían tan largos.

En resumen, nada es más equivocado en estos tiempos que confundir el origen de la conducta humana, en especial cuando está directamente condicionada y programada por los códigos culturales que reposan y configuran las mentes de las personas. No hay duda que el hombre sigue guiado por sus impulsos primarios pero en tanto está sujeto de una cultura, primarán estos códigos culturales. En todo caso es lo que se desea y lo que nos ha permitido el despegue evolutivo. La evolución humana en los últimos 10 mil años ha sido estrictamente cultural. Es decir, hemos estado generando códigos para configurar las mentes. Hoy vivimos no solo con conocimientos científicos sino con una gran variedad de ideas y creencias que se remontan incluso a los orígenes de la cultura humana, siendo las más antiguas las de tipo mágico, místico y religioso. Y todo eso lo tenemos que aprender para ser un sujeto en nuestra cultura. Al igual que los códigos genéticos, los códigos culturales se transmiten de generación en generación pero mediante el lenguaje. Por eso es tan importante la educación y el aprendizaje en cada cultura. Una teoría de los 70 generó el concepto de "meme" para la unidad de almacenamiento cultural transmisible. 

Por todo esto nos resultan sorprendentes algunas afirmaciones de Alfredo Bullard, como "la ira ... ha influido de manera importante en el desarrollo de la civilización". Obviamente esto es falso. La ira sigue siendo la misma de hace medio millón de años, cuando nuestra especia aparecía. Y tal vez sea la misma que experimentan nuestros parientes primates, los cuales no han evolucionado un ápice por su ira. Tampoco nos parece relevante que se diga que "existen estudios bastante serios que han identificado que cuando un juez se indigna con lo injusto, es más probable que esté motivado a poner la justicia en práctica". Bueno, un juez, como cualquier otra persona, primero debe tener un concepto de lo que es justicia en su cultura para abordar un determinado caso. Por ejemplo, un hijo que abandona el cuidado de sus padres ¿merece heredarlos a la muerte de ellos? La respuesta dependerá de lo que se considere justo en un determinado contexto cultural. No hay una manera firme y universalmente establecida de lo que es justicia. Solo es un concepto ideal, al cual se hace referencia y en nombre del cual se determinan ciertas consecuencias respecto de ciertos hechos juzgados. Y esperamos que un juez juzgue con criterios culturales y no en función de sus iras personales.

La justicia no deriva de las iras ni de la envidia ni de ningún impulso emocional. Por el contrario, es un concepto cultural que nos ha costado muchos siglos de esfuerzo en la tarea de dominar nuestras iras y de negociar criterios neutrales en aras de una mejor convivencia social. Por tanto la afirmación de Alfredo de que "la justicia no es un concepto intelectual. Es principalmente emocional" es absolutamente equivocada. Es exactamente al revés.