martes, 12 de febrero de 2013

¿Es la psicología una ciencia?


Gracias a la libertad de expresión y a la revolución técnica de los medios de comunicación, los gritos de los chiflados y de los charlatanes se oyen en ocasiones con mayor fuerza y claridad que las voces de los científicos

Martin Gardner


¿Es la psicología una ciencia? Hablemos de esa psicología que todos conocen a través de los medios de comunicación. ¿Es esa psicología una ciencia? Yo creo que no. Una afirmación de este tipo puede actuar como un pinchazo que provoca asombro, escándalo, quizá hasta indignación en ciertos sectores. Sin embargo estoy convencido de que no se trata de ninguna herejía. Intuyo que lo sospecha todo el mundo. La idea flota en el aire y solo hace falta algo de serenidad para dejarla reposar sobre suelo firme. La psicología de los medios no es una ciencia. Al menos no en el sentido habitual en el que se considera una ciencia. Las razones son diversas e intentaremos echar un vistazo a algunas de ellas en este breve artículo.

En principio, si una disciplina es incapaz de explicar con suficiencia y exactitud, y, sobre todo, de un modo unívoco, la materia que se precia de estudiar, sería mejor que abandonase la pretensión de ser una ciencia; y si otras disciplinas abordan su campo de estudio y logran explicarlo con mayor credibilidad, aunque sea con la misma incertidumbre, es obvio que su autoridad académica y epistemológica quedan muy reducidas y cuestionadas; y su prestigio, mellado. Lo que se espera de una ciencia es que sea infalible, exacta, es decir, que podamos confiar en lo que dice "a ciencia cierta". Alguien dirá que hay ciencias que no son exactas, especialmente las sociales, pero esto no es del todo cierto por dos razones puntuales: primero porque estas ciencias son bastante precisas en cuanto a lo que se exige y se espera de ellas; podemos estudiar, por ejemplo, una cultura con bastante aproximación desde todo punto de vista y nos basta para entenderla y conocer sus formatos racionales; segundo, porque algunas exactitudes son verdaderamente irrelevantes. La economía, pese a estar sujeta en gran medida a los vaivenes del comportamiento humano, ha demostrado ser bastante exacta en sus predicciones y acertada en sus recomendaciones, dentro de lo que puede estar a su alcance. Se sabe qué clase de economías funcionan bien y cuáles andan mal siempre. Las variaciones económicas generalmente obedecen a factores de carácter psicológico, como las especulaciones de precios y los temores, expectativas y gustos de la gente, manipulación ideológica, etc. lo que tendría que estar explicado y pronosticado por la psicología más que por la economía.

En suma, también las ciencias sociales son bastante exactas y gozan de credibilidad, pues, como sabemos, hay muchos científicos sociales asesorando gobiernos junto con publicistas, periodistas y a veces hasta con astrólogos. En cambio no hay psicólogos cumpliendo esta función, lo que resulta incongruente considerando que la psicología es "la ciencia que estudia el comportamiento humano" según el consenso general, aunque yo no estoy de acuerdo con tal definición. Lo que cabría esperar en consecuencia es que estuviera cumpliendo un papel fundamental de asesoría en los gobiernos. Sin embargo no es así precisamente por la escasa credibilidad que merece esa psicología que estudia el comportamiento. La falta de precisión en la psicología del comportamiento es un tema que se soslaya pero no se olvida, se calla pero no se perdona. Para cualquier ciencia que se respete, la precisión, la exactitud en su campo es fundamental y su razón de ser. Tal vez tendríamos que asumir esta situación como una prueba concluyente de lo difícil que resulta la misión emprendida por esta psicología, pues, en efecto, estudiar el comportamiento del ser humano es la tarea más desconcertante que se puede emprender. La razón es bastante simple pero no lo expondré en este artículo. Bastaría decir que el solo hecho de que cada sujeto humano sea capaz de tomar decisiones por su propia cuenta en medio de escenarios azarosos y circunstancias aleatorias, elimina toda posibilidad de estandarización de respuestas con fines predictivos. Por tanto es sumamente limitado el rango de exactitud que pueden ofrecer las predicciones sobre conductas humanas.

Podría todavía alguien argumentar que aun la geología o la astronomía son inexactas; pero ello es debido a limitaciones de orden tecnológico. Por lo demás, en determinadas ocasiones la falta de exactitud es igualmente irrelevante. Por ejemplo, el cálculo de que el sol se extinguirá en cinco o en veinte millones de años es algo con lo que podemos vivir más o menos tranquilos. Pero si una disciplina que se precia de estudiar y explicar la conducta humana científicamente, no puede decir con precisión cómo tratar exactamente a los hijos para que sean hombres exitosos, qué características debe tener la educación pública para producir buenos ciudadanos, por qué se suicidan los adolescentes, cómo reducir los niveles de agresividad en la sociedad, cómo rehabilitar a los delincuentes, cómo asegurar que un sujeto no cometerá un delito, o por lo menos estar en condiciones efectivas de establecer cuándo una persona está realmente chiflada para que no pueda acceder, por ejemplo, a un puesto público importante, es algo que con justa razón motiva inquietud, desazón y decepción. No hay pues ciencia que nos diga eso.

Se espera que una ciencia tenga suficiente autoridad para opinar y la opinión de una ciencia tendría que ser una, no dos ni tres distintas. En el campo de la psicología a menudo estamos a merced de un psicólogo que con mucha suerte comparte su opinión con otro de su misma tendencia profesional. O a merced de autores que de pronto nos sorprenden con una tesis novedosa, efectista, que nos amplían la terminología profesional acuñando no solo nuevos términos sino además cambiando nuestros conceptos tradicionales, para terminar finalmente fundando su propia religión, escuela o empresa. Ciertamente no existe una opinión formal de la psicología corriente respecto de casi nada; todas son solo opiniones de autores, de tal manera la psicología termina siendo así, más que una ciencia, un club de autores. Es verdad que en muchas disciplinas los autores han formulado teorías diversas, mas estas eran, al fin y al cabo, convergentes, se sumaban o se restaban anulándose o acoplándose unas con otras, y al final se acercaban al punto esclareciendo más el panorama. En la psicología, en cambio, las opiniones son divergentes, se multiplican, se dividen, se esparcen enrareciendo el ambiente y alejándose cada vez más del tema en cuestión, enredándose en su propia telaraña, creando todo un metalenguaje propio en el transcurso para terminar finalmente discutiendo en la estratosfera, ya no sobre el ser humano en concreto, sino sobre la mitología particular que acaban de inventar, preocupados no en explicar mejor al fenómeno humano que estaba en estudio, sino en hacer factible su sistema conceptual corrigiendo sus errores, desatando sus contradicciones y tratando de cubrir los agujeros. Así es como se construyeron las grandes escuelas de la psicología del siglo XX, empezando por el psicoanálisis, cuyo legado final fue un cúmulo de conceptos confusos y metodologías interpretativas sumamente curiosas y muy cuestionables.

La otra gran dificultad de la psicología del comportamiento para ejercer como ciencia es que su campo de estudio parece ser el campo de todo el mundo. Cualquier persona se siente en aptitud para opinar sobre las personas y la vida, sobre cómo criar a los hijos y de qué manera alcanzar el éxito y la felicidad. No solo distinguidos profesionales de otras disciplinas del saber humano, sino incluso periodistas, artistas y hasta el ama de casa. Recorrer la sección de Psicología en cualquier librería es hallar un sin fin de libros del tipo "Cómo lograr el éxito" y "El camino de la felicidad", los cuales a menudo son verdaderos "best sellers" de supermercado. A menudo nos desconcierta encontrar a algunos pilares del pensamiento humano codeándose en los anaqueles con personajes que ocupan los sets de televisión para recomendarle a la gente las maneras de mantener viva la pasión de la pareja o qué clase de juguetes regalarle a los niños, y que aún no dudan en publicar sus diálogos telefónicos radiales con el público cual si fueran tratados de psicología,  cuando apenas se limitan a responder de una manera vaga y escueta (como no puede ser de otra forma) a preguntas concretas sobre sexualidad, infidelidad y otros temas de la vida cotidiana. Sorprende también ver la cantidad de títulos y la variedad de criterios que pueden acomodarse bajo el rótulo de "psicología". Ante tal panorama, solo cabe reconocer que una disciplina que no puede delimitar sus fronteras, ni imponer un método válido de estudio y enfoque sobre su campo de acción para diferenciarla de las simples opiniones, parece estar seriamente incapacitada para ejercer la autoridad de una ciencia.

Hoy más que nunca en toda la historia de la humanidad, nos movemos en un ambiente de confusión total con respecto al estudio del ser humano. Por todos lados surgen corrientes nuevas de pensamiento, tendencias ideológicas que van desde el lado místico hasta el lado mágico, desde el extremo espiritual y ocultista, hasta el modelo absolutamente materialista, hedonista e inmediatista, el carpe diem, "la vida es hoy", "si te gusta hazlo", proclaman. Se inventan fórmulas novedosas de curación, técnicas inauditas y sorprendentes que prometen curas definitivas y maravillosas, ofrecen ponernos en contacto con la energía del universo, acomodarnos en equilibrio con el cosmos, sentir la fuerza de la madre tierra, etc. Naturalmente, la gente necesita ayuda, busca respuestas y a menudo espera que estas sean fáciles y, sobre todo, confortables. Si son baratas, tanto mejor. La cultura del consumismo está siempre atenta a detectar las necesidades de las personas para satisfacerlas de mil formas. Hay una oferta al alcance de cada gusto y de cada bolsillo. El problema para la psicología es que todas estas corrientes teóricas y técnicas de tratamiento buscan refugiarse bajo su carpa y le reclaman ser reconocidas como miembros de la familia. Lo peor de todo es que en muchas ocasiones la psicología accede. Tarde o temprano, aquello que en un principio se observaba con recelo y se dudaba de su consistencia científica, acaba siendo admitida, más por la fuerza de su aceptación popular que por su carácter científico real. Esto ocurrió con el Análisis Transaccional, la "psicología transpersonal", la Bioenergética, etc. y también ha ocurrido con la Programación Neurolingüística, para mencionar solo tres ejemplos. En una revista del Discovery Health puedo leer un artículo titulado "La psicología acoge nuevas terapias" donde se mencionan en detalle técnicas como la "barroterapia", "gemoterapia", "cromoterapia", etc. ¿Será cierto que la psicología ha acogido todas estas técnicas? ¿Estarán ya enseñándose en las facultades de psicología? Por lo menos a mi me sorprende todo este universo curativo y abarcador de la psicología cotidiana y mediática. No recuerdo haber estudiado en la Facultad nada que me hiciera un experto en la vida cotidiana, como suelen mostrarse hoy los psicólogos. Esto ha llevado a que las personas confundan el rol de los psicólogos con simples consejeros familiares.

Toda ciencia tiene sus fronteras bien definidas y se sabe qué está dentro y qué está afuera. La psicología parece carecer de estas fronteras. Algunos plantean convenientemente que todo aquello que pueda servir al ser humano debe ser acogido por la psicología. La pregunta que surge entonces es: ¿En qué va a terminar convertida la psicología bajo este criterio? La concepción popular de la psicología es, cada vez con más fuerza, la de un club de sanadores de todo tipo, pero la sensación más difundida es la de un gran misterio en torno a su actividad concreta. Algunos términos y conceptos del psicoanálisis se han difundido a través de los medios y la gente habla del Complejo de Edipo, aseguran que existe una competencia entre padre e hijo por el amor de la madre, situación que podría explicar algunos homicidios, según algunos psicólogos adictos a salir en los medios; buscan la causa de cualquier problema en el pasado remoto de las personas, en su relación temprana con sus progenitores, afirman que la mujer golpeada busca esa relación porque la acerca a su padre o porque no ha conocido otro tipo de relación, como si su cerebro estuviese formateado en un sentido dado y su vida fuera una condena inevitable. La lógica convencional de una cultura cientificista es aplicada torpemente al ser humano para enunciar criterios estandarizantes que llevan a enunciar "axiomas" en torno a cómo son exactamente los hijos únicos, cuáles son las etapas por las que pasan las personas que rompen una relación de pareja, qué sienten los hijos de padres divorciados y qué les aguarda en el futuro, sin escapatoria, entre muchos otros axiomas bárbaros. Y todos son enunciados "científicos", leyes universales que deberían cumplirse, pero que sin embargo, curiosamente, la realidad se resiste a acatar. ¿Por qué los psicólogos del comportamiento no modifican su comportamiento profesional luego de contrastar sus tesis con la realidad? Es muy claro que sus teorías no son ciertas. Es lamentable oír decir, por ejemplo, que si un padre fuma o bebe sus hijos serán fumadores o bebedores cuando los hechos no confirman esa teoría. Los hijos son perfectamente capaces de tomar sus propias decisiones y pueden o no seguir el mal ejemplo de sus padres. De hecho no existe una continuidad trágica en la vida de las personas como si estuvieran condenadas a copiar a sus padres. Tampoco es posible sostener que un padre que fuma no puede decirle a sus hijos que no fumen. Puede hacerlo ya que un mal ejemplo es a veces más efectivo que un buen ejemplo.

Alguien, me parece que Fromm, decía con su habitual lucidez que cuando una persona se acerca a otra en busca de ayuda, ya ha elegido el tipo de ayuda que desea recibir. Una persona escoge a quién acudir y lo hace sabiendo, aunque sea veladamente, lo que recibirá de él o de ella, sea este un profesional, un sacerdote, un chamán o la vecina. Antes de oír ya escogió su ayuda. A menudo lo que buscan es una ayuda práctica, inmediata, de poco compromiso personal, que actúe al margen de sus limitaciones, mucho mejor si es mágica o divina. Ni siquiera importa si es una ayuda en verdad efectiva. Solo basta con sentirse auxiliado por alguien o algo con cierto poder o autoridad, verdadero o supuesto. Pero este es un poder que le otorga la propia persona que va en busca de ayuda. Esta autoridad no es pues algo intrínseco, que brilla por sí misma como una placa de bronce en quien brinda la ayuda, sino que se la confiere la persona necesitada, el desesperado, el sufriente. Hoy existe un sin fin de disciplinas que compiten por ganarse esa autoridad. Y en medio de todo ese tumulto se ubica la psicología, aun con ciertas pretensiones científicas, reclamando en voz apagada la autoridad que ha perdido hace mucho por su propia inconsistencia.

¿Por qué la psicología, siendo una ciencia como se dice, tiene que competir con otras actividades de menor rango pero -en el peor de los casos- a veces incluso de mayor prestigio y credibilidad? Escucho en la radio a una psicóloga que aconseja a los padres hablarles a sus hijos que aun se encuentran en el vientre de la madre, es decir, hablarle al embrión o al feto pues, según ella, esto beneficia su desarrollo y el niño gozará de mayor estabilidad emocional. Recomienda incluso hacerle escuchar (al feto) a Beethoven. Luego cabría preguntarse si esta es una afirmación científica. ¿Existe un estudio, una investigación realizada bajo los cánones y rigores de la ciencia, que demuestre claramente la veracidad de esta afirmación? ¿O es una mera especulación? ¿Puede el feto "escuchar" efectivamente a través de las paredes uterinas y el líquido amniótico la voz de su padre y reconocerlo? ¿Su aparato auditivo está ya operando? ¿Su cerebro está ya en condiciones de procesar los sonidos, si es que pudiera percibir alguno? Los neonatólogos dicen todo lo contrario; recomiendan incluso mantener al recién nacido en silencio y bajo penumbra durante la primera semana al menos, porque el ser humano, a diferencia de otros mamíferos, al nacer no cuenta con todas sus funciones operativas, todavía debe acabar su desarrollo extrauterinamente. Sería más correcto aconsejar a las embarazadas no fumar, no drogarse, evitar las emociones muy intensas, vivir en un ambiente gratificante, alimentarse con una dieta saludable, etc. Sin embargo hay una psicóloga en la radio –una de las muchas que hoy abundan en los medios- aconsejando a los padres hablarle al feto. ¿De qué? No lo dice. Tal vez se trata solo de una de esas afirmaciones que a la gente le gusta oír porque seduce, tiene algo de misterioso, tierno y romántico, y que a muchos profesionales les encanta lanzar porque los cubre con un aura mística de sabiduría recóndita. O tal vez porque, consciente de que compite con otras disciplinas que emplean mensajes fáciles y encantadores, ha decidido emplear las mismas armas apelando a creencias que cuentan con amplia aceptación popular. También puede ser una estrategia de marketing ya que compite con otros medios y programas, y es imperativo el uso de frases o ideas que tengan rating para hacer más popular el espacio. Esta es también una de las razones por las que la psicología se ha alejado tanto de la ciencia. Hoy en día es muy normal escuchar a un psicólogo repitiendo términos como "energía positiva", "buenas vibraciones", "vínculo cósmico", "chakra", "aura", "alma", "espíritu", etc.

Uno de los graves problemas que han traído estos tiempos de vida agitada y de predominio de los medios audiovisuales, es que la gente ya no lee o empieza a leer demasiado tarde y lee poco, por lo que carecen de una base teórica sólida. Están predispuestos a creer todo lo que leen solo por el hecho de estar en un libro y por la publicidad que le precede. Carecen de espíritu crítico y de fundamentos epistemológicos para analizar, comprender adecuadamente o rebatir las ideas que leen. Equivocadamente la gente piensa que –al igual que ocurre con la tecnología- lo último que aparece es lo mejor y lo más avanzado y que, en todo caso, está de moda. Muchas veces sólo se comenta lo anecdótico y lo fácil, lo curiosos y lo bonito, de modo que todo el trasfondo teórico se pierde. Algunos libros como "El efecto Mozart en los niños" de Don Campbell generan entusiasmo y las ideas expuestas corren como pólvora de boca en boca. Al final, yendo de una persona a otra, el mensaje original queda transformado en una recomendación extravagante y lo que era Mozart queda convertido en Beethoven. No importa si el autor original de la idea –que al final desapareció en el limbo- hizo un estudio profundo para recomendar específicamente una obra ejecutada precisamente en piano para una etapa particular del desarrollo. Lo único que sobrevivió de toda la propuesta es que la música clásica le hace bien al feto. Finalmente ya nadie sabe porqué lo recomiendan pero la idea es linda y a la gente le gusta oírla.

Ahora bien, por si tuviéramos alguna duda, lo que debemos hacer es mirar nuestro rededor a fin de descubrir lo qué está ocurriendo en nuestro campo y averiguar si la sociedad y las instituciones nos reconocen y nos tratan como a una ciencia. Aunque la psicoterapia no es bien conocida por la mayoría de la gente, existe un pequeño segmento que tarde o temprano decide buscar alivio mediante un tratamiento psicológico. No obstante, el panorama es realmente confuso para ellos. Se presenta una verdadera sobreoferta de métodos y técnicas de curación, no solo de aquellas que ya consiguieron una membresía de la psicología, sino de otras que aun se hallan al margen y aun de los que pertenecen decididamente a otras esferas. Esta situación es intensamente aprovechada por mercaderes sin escrúpulos que ofrecen la cura para todos los males, mediante infinitas técnicas esotéricas y supuestamente terapéuticas que apenas caben en la imaginación. Se anuncian realizando una singular competencia de avisos llamativos y una guerra de términos extravagantes, la mayoría de las cuales cargan el prefijo "psico". Por ejemplo, psicodrenaje linfático, psicohomeostasis, reiky, etc.

Si bien es cierto que la mayoría de las técnicas de tratamiento que se ofrecen difícilmente pueden causar la muerte de alguien, el problema está en la tremenda cantidad de estafados, para no mencionar el daño psicológico que podrían causar algunas de estas prácticas al someter a los incautos a procedimientos extravagantes y rituales absurdos que finalmente no les proporciona el alivio que esperan. Pero además de todo ello está el irreparable daño que le producen a la verdadera actividad psicoterapéutica. El punto para nosotros es reconocer que aparentemente no existe una entidad –ni pública ni privada- que se ocupe de preservar la actividad psicoterapéutica y por consiguiente, la categoría de ciencia no le ha sido otorgada a la psicología por nadie en nuestra sociedad. En consecuencia cabría cuestionarse qué clase de ciencia podría ser la psicología si su ejercicio profesional más delicado, la psicoterapia, puede ser desempeñado libremente por cualquiera. Es cierto que también en medicina existen filtraciones de mucha "medicina alternativa" pero en este campo suelen haber controles más rigurosos.

Por último, como sabemos, toda ciencia tiene un derrotero, persigue uno o más propósitos bien definidos, busca alcanzar una idea que brilla en su horizonte. La biología avanza por el terreno molecular y persigue sintetizar algunas proteínas, experimenta con el ADN para erradicar enfermedades, corregir defectos congénitos, y mediante la clonación y el empleo de células madre se busca reconstruir órganos dañados, etc. La física sigue rebuscando en las entrañas de la materia para descubrir los secretos del universo, investigando partículas subatómicas y perfeccionando aceleradores, persiguiendo la tan ansiada teoría del campo unificado. Así por el estilo, todas las ciencias tienen un camino trazado y sus diversas disciplinas concurren en el logro de esas metas. Ahora cabe preguntarnos ¿cuál es el derrotero de la psicología como ciencia del comportamiento? ¿Tiene alguno? ¿Acaso estamos en la búsqueda de la felicidad humana, como lo hacen creer los medios y los best seller de supermercado? Todo parece indicar que no hay un propósito definido para la psicología como ciencia. Estamos simplemente en la espera de que algún autor vuelva a sorprendernos con una tesis novedosa, comparando, por ejemplo, el cerebro humano con una computadora, o enfocando las relaciones humanas como una especie de economía de mercado donde las transacciones ofrecen ganancias y pérdidas, o simplemente cambiando de pronto los viejos términos para sugerir el empleo de una nueva terminología para viejos conceptos.

Como hemos visto, hay poderosas razones de toda índole para dudar de la categoría científica de la psicología del comportamiento. No hay una sensación definida de avance en la comprensión del ser humano y su conducta como organismo autónomo. Hay más bien un empeño en tratarlo como máquina estandarizada para acomodarlo a criterios científicos obsoletos. Es decir, muchos teóricos de la psicología del comportamiento o conducta acomodan al ser humano a su modelo de ciencia. Un modelo que pertenece al siglo XIX. Lo más "científico" que pueden ofrecer en la psicología del comportamiento es una tabla de control de respuestas y un estudio de tipo estadístico. No se están produciendo las soluciones que la gente y la sociedad esperan. En lugar de avanzar en una misma dirección, los autores se dispersan creando versiones propias, nuevas y caprichosas, se convierten en "filosofías de la vida". Se fundan escuelas que se reclaman psicológicas aun sin observar los requisitos mínimos del quehacer científico. Se acude a otras disciplinas para hallar respuestas que la psicología debiera dar. Científicos de otras áreas pretenden hacer psicología y explicar procesos de pensamiento y conciencia desde su propia perspectiva y con un lenguaje totalmente extraño a la psicología, lo que genera confusión de conceptos en muchos profesionales. Tampoco hay una clara separación o distinción entre los conceptos populares de aquellos que se consideran científicos en el campo de la psicología. Muchos siguen empleando conceptos anacrónicos y vulgares que fueron idealizados tempranamente por una psicología primitiva, como el de "personalidad". Como consecuencia, el léxico de la profesión se ha llenado de términos extraños y muchas veces extravagantes. En suma, la sociedad no tiene una idea precisa de la función que cumplen los psicólogos. En el campo de la salud pública la psicología tiene un papel muy relegado, al psicólogo no se le concede el poder para otorgar licencias laborales, las compañías de seguros no cubren los tratamientos psicológicos en varios países, la psicología no está en el nivel de poder señalar políticas de salud pública al Estado, no se la considera como una opción de consultoría a nivel de políticas de gobierno, etc.

En resumen, me atrevería a afirmar que la psicología del comportamiento está muy lejos de ser considerada como una ciencia, muy al margen de lo que ella misma pueda probar como disciplina del quehacer humano. Peor aún, hasta podríamos dudar que dichas disciplinas puedan ser consideradas psicología. Por desgracia, la psicología no ha avanzado en la edificación de su epistemología. Mientras que la psicología no defina en primer lugar cuál es su campo específico de estudio, de qué trata "realmente", cuál es la naturaleza de los fenómenos que aborda (que obviamente no son físicos), qué diferencias esenciales tiene con las demás ciencias en función de nuestro foco de estudio, qué aspecto concreto del hombre pretende estudiar; este ambiente enrarecido y confuso continuará, y nuestro camino seguirá cubriéndose con esa espesa maleza que son los advenedizos, improvisados y chiflados de todo tipo que pretenden rescatar a la sociedad para llevarla por el camino de la felicidad. De hecho, el debate sobre el campo de la psicología como ciencia es ajeno al escenario social. Y al menos hay que dejar en claro que hay una psicología científica al margen de todo ese escenario de la conducta humana en sociedad.

4 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo con lo planteado en el artículo. La psicología a mi entender pasa de puntillas en lo que sería una definición científica al uso. No obstante, existen una serie de terapias relevantes que combinan en igual medida cientificismo y todo el aspecto humanista y hasta casi diría abstracto sobre el que se desarrolla a mi entender gran parte de la psicología.

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  2. Gracias por el artículo. En mi opinión sea ciancia o no lo sea, la psicología cumple un rol decisivo en la sociedad actual. Creo que las propias ramas de la ciencia que se encierran en esa idea de ciencia, pierden una gran parte de interdisciplina, fundamental para que el conocimiento que aportan no queda aislado.

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  3. Interesante, por supuesto, intentar sistematizar el comportamiento humano y reducirlo a patrones estandar es como sistematizar el comportanmiento de los oceanos, intentos a mi entender propios del siglo XIX, en estos tiempos vemos que la ciencia camina hacia un terrotorio que cuestiona sus propias estructuras y que obliga a una mirada amplia.

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  4. Estoy muy de acuerdo con muchas cosas de las que se dicen aquí, pero con una parte para nada y esa parte tiene que ver con la capacidad que muchos "psicólogos" titulados tienen realmente para serlo, me explico, si mi capacidad mental, intelectual, de entendimiento,valor para experimentar y conocer de primera mano, etc. llega hasta 5(lo necesario para ser titulado) y no puedo entender a los que llegan hasta el 6, 7, 8, 9 y 10, ¿significa esto que los que llegaron al 7, 8, 9 y 10 en comprensión, capacidad de entendimiento, mental, experimental, etc.están equivocados porque yo no los entiendo?.
    A mi entender, con muchos profesionales de ciertos gremios como la psicología, psiquiatría, medicina en general, física, filosofía,etc.ocurre esto, hay una rijidez e incapacidad para ir a mas, como el artista que no arriesga y es mediocre y necesita desprestigiar lo que por incapacidad no consigue hacer el o entender el.

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