domingo, 12 de junio de 2011

¿Qué es la psicología?





La psicología es una ciencia muy reciente y compleja que no puede ser cabalmente entendida sin evaluar su desarrollo histórico. Si nos esforzamos por hallar una definición tendríamos que empezar diciendo que la psicología es una ciencia que estudia al hombre. ¿Qué aspecto del ser humano en concreto? Pues básicamente el aspecto más reciente y complejo de la evolución: los fenómenos subjetivos, llamados también fenómenos mentales, correspondientes a las estructuras y procesos propios de la porción más compleja del sistema nervioso: el cerebro. El amplio escenario de la psicología implica procesos humanos tales como la percepción, la conciencia de la realidad y la construcción cognitiva de la misma, es decir, del pensamiento en sus procesos conscientes e inconscientes; la memoria y el razonamiento, entendido este como un procesamiento arbitrario de información; y otros procesos cognitivos específicos como el aprendizaje. Por ejemplo, la psicología es la ciencia responsable de explicar el fenómeno del conocimiento. A todo ello habría que añadirle el estudio del hombre como tal, ya que la psicología es la ciencia que estudia el desarrollo de la persona humana como producto de una cultura. Por ello, el campo de la psicología alcanza la racionalidad cultural y los sistemas cognitivos sociales, así como la propia cultura asumida como una red cognitiva social sostenida por una gran variedad de sistemas de comunicación simbólicos, entre ellos, el lenguaje. 

Es solo a partir de este complejo escenario que podemos ofrecer una explicación científica del funcionamiento del ser humano como organismo concreto, es decir, como organismo de naturaleza cognitiva y cultural. En consecuencia, podemos afirmar que la psicología es la ciencia encargada de explicar el fenómeno humano en toda su extensión, para lo cual permanece en íntima comunicación con todas las ciencias que estudian al ser humano, desde las neurociencias hasta la antropología, con las cuales intercambia y contrasta información para edificar teorías que se encuadren en el marco general de la ciencia. El campo de la psicología es la última frontera de la ciencia, pues resulta la expresión última y más compleja de la evolución y de la realidad de la que formamos parte, y grandes aspectos permanecen aún como misterios por resolver. Por ello la psicología está además en contacto con la filosofía, pues su escenario involucra nuestra misma noción de conocimiento y de realidad. Uno de los temas más intensos de la filosofía moderna es justamente la filosofía de la mente. Casi todas las ciencias derivan de la filosofía y van hacia ella, pero la psicología es la que mantiene los vínculos más estrechos. Además, no se puede hacer ciencia sin filosofía porque es ella la que nos orienta en la actividad científica, es como la brújula del navegante que va en busca de la realidad y de la verdad.

Pero como dije al principio, la psicología es una ciencia compleja y es posible que no todos se sientan a gusto con la definición anterior. Por ello vale la pena tratar de entenderla mejor yendo más allá de una simple definición. Vayamos a un rápido y breve recorrido por su historia. El origen de la psicología, como el de la mayoría de las ciencias, se remonta a los griegos. Fue Aristóteles quien dió formal inicio a la psicología con su obra "De Anima" (s. III AC). Según Aristóteles los organismos eran movidos por un motor al que llamaba "ánima", de lo que luego derivarían las palabras "animal", "animado", "animación", etc. Pero había una diferencia sustancial entre el ánima de los seres humanos y el de los demás animales. El ánima de los humanos era su intelecto o "psyche". Por ello Aristóteles define al hombre como "un animal racional". 

La "psyche" de los griegos se refería al intelecto o a la esfera cognitiva humana. Esta era el "ánima" de los humanos según Aristóteles. Por ello podemos afirmar que la psicología, desde el punto de vista de su etimología, y dicho en lenguaje moderno, significa el estudio del aparato cognitivo humano. Posteriormente, en ese largo período de dominación cristiana de más de quince siglos, el vocablo "ánima" se transformaría en "alma" y esta sería vinculada a los aspectos espirituales como una esencia inmaterial que forma parte del ser humano, según la visión religiosa. La traducción de "anima" (e incluso de "psyche") como "alma" creó una gran confusión durante varios siglos. Confusión que llega incluso hasta nuestros días. Por tanto, resulta equivocado afirmar que la psicología signifique "el estudio del alma". No es así y nunca lo fue. Tampoco es correcto traducir "ánima" (y mucho menos "psyche") como "alma", un error muy frecuente en los libros y artículos, y que ya debería corregirse. Es obvio que los griegos nunca conocieron el significado cristiano de "alma", sobre todo 300 años antes de Cristo.

Desde Aristóteles hasta Wundt, la idea de la psicología fue siempre la de una disciplina encargada de explicar el funcionamiento humano (psíquico, anímico, afectivo o espiritual, según la época y el autor). A lo largo de este período hubo numerosos aportes filosóficos que alimentaron las ideas psicológicas en ese mismo sentido. Para el siglo XVIII los aportes de Locke y Hume sobre el entendimiento humano y la naturaleza humana fueron un anticipo genial de la gran obra de Kant, con la que el siglo XIX pudo iniciar la edificación de la psicología como una ciencia ambiciosa sobre el ser humano. Si bien Kant menciona a la "ciencia de la metafísica", en realidad ya podemos distinguir que se refería a una psicología como ciencia de los fenómenos cognitivos, algunos de los cuales son aludidos como "estética trascendental" en lenguaje kantiano. A la sombra de Kant surgen diversos autores alemanes que iniciaron la exploración experimental de los primeros fenómenos perceptivo-sensoriales, dentro de una actividad que aun era vista como fisiología, pero cuyo interés era claramente psicológico. En poco tiempo la psicología apareció como una ciencia experimental que iba en busca de la explicación de la conciencia, entre otros objetivos. La fundación de un laboratorio experimental especial, con el propósito manifiesto de hacer investigación de interés psicológico, llegó de las manos de Wundt en 1879 en Leipzig, Alemania. De este modo la psicología tuvo una transición natural desde la filosofía a la ciencia, como ocurrió con todas las ciencias importantes.

A finales del siglo XIX la idea de la psicología como una ciencia encargada de develar los misterios del funcionamiento mental del ser humano estaba clara y sólidamente asentada. Incluso ya en pleno siglo XX, la Gestalt dio importantes pasos en esa misma dirección, sin que nadie pudiese rebatir el carácter científico y la importancia de sus hallazgos. No obstante, empezaron a sucederse ciertos hechos culturales que acabarían trastornando seriamente la noción y el sentido de la psicología. Debemos prestar atención a estos fenómenos culturales que afectaron el desarrollo de la psicología como ciencia y perturbaron sus conceptos y objetivos originales.

Primero fue el rol creciente de la medicina que empezó a interesarse por las esferas mentales del ser humano, debido a que los médicos se encontraron frente a ciertos trastornos mentales como la histeria y otras neurosis. En el afán por descubrir las causas de estos trastornos acabaron ingresando a los dominios de la psicología desde una perspectiva completamente distinta, centrada en la patología y sus causas, con lo que dieron lugar al nacimiento de la psiquiatría. El psicoanálisis se presentó como una ciencia muy particular que descubría los traumas profundos del ser humano en un espacio escondido llamado subconsciente, en el que se hallaban básicamente represiones sexuales. Esta temática interesó muchísimo a un mundo dominado por el pensamiento religioso y que, en efecto, se hallaba reprimido en su pensamiento y conducta sexual.

El tremendo impacto social que tuvo el psicoanálisis, junto a sus repercusiones en el ámbito intelectual, fueron determinantes para que los autores giraran en esa dirección. El discurso médico-psiquiátrico empleado en el psicoanálisis mezcló los conceptos de la psicología e introdujo sus propios términos, pero sobre todo, cambió la perspectiva original de la psicología como ciencia epistémica pura y estableció un nuevo rol para ella, pasando a ser una disciplina clínica terapéutica y asistencial. De este modo el psicoanálisis y la psiquiatría abrieron un nuevo frente en la psicología y una nueva perspectiva impuesta por la visión médica, según la cual la psicología estaba destinada a cumplir solo un rol auxiliar en el campo clínico, de apoyo para la psiquiatría.

El nuevo perfil y rol clínico-asistencial que adoptó la psicología en el primer cuarto del siglo XX, siguiendo el modelo médico-psiquiátrico-psicoanalítico, se consolidó plenamente con la incursión de la perspectiva técnico-utilitarista del conductismo en América, a la que se le sumó el creciente papel social de la psicometría con las abundantes pruebas estadísticas que se generaban en las universidades norteamericanas. Si bien en un inicio estas pruebas eran fabricadas a pedido expreso de las instituciones militares para reclutamientos masivos de personal, luego su empleo quedó consolidado al ser usadas como herramientas de evaluación personal y diferenciación entre sujetos. La producción de pruebas psicológicas constituyó una competencia abierta y una moda intelectual en los EEUU, al punto que hasta las revistas femeninas fabricaban sus propios tests para medir las más curiosas cualidades, como la sensualidad o las tendencias a la infidelidad. 

La venta de pruebas psicológicas y la evaluación mediante ellas se convirtió en un lucrativo negocio y en una práctica profesional concreta, aunque epistémicamente se ignoraba qué era eso que se medía. Es decir, la psicología ignoraba lo que podría ser la "inteligencia" pero había docenas de pruebas que lo medían. Algunos autores, en medio de la comicidad y el cinismo, definían la inteligencia como "eso que miden las pruebas". La situación no era mejor en otros temas abstrusos como la personalidad.

Mucho antes, a finales del siglo XIX se habían abierto en las universidades de Norteamérica sendas facultades de Psicología, pese a que esta era apenas una ciencia que acababa de ser fundada en Alemania. Aunque la fecha oficial del primer laboratorio de psicología creado por Wundt en Leipzig señala el año 1879, lo cierto es que este laboratorio estuvo mudándose durante sus primeros años y no fue sino hasta 1897 cuando se estableció al fin el primer instituto de psicología científica en un local propio. No obstante, en Norteamérica ya existía la psicología como una carrera profesional de rango universitario. De hecho, estas facultades de psicología funcionaron fundamentalmente bajo la estructura de la biología y siguiendo los preceptos metodológicos del naturalismo inglés, interesados por tanto, en experimentar con animales. Evidentemente su perspectiva y trasfondo teórico eran pues muy diferentes, así como sus intereses.

Como consecuencia de la manera tan peculiar en que los norteamericanos concibieron y practicaron su "psicología", es decir, centrados en el estudio de animales, surgió lo que luego se conocería como "conductismo", y que equivocadamente se presentó como una "nueva psicología". Lo cierto es que se trataba de una disciplina muy diferente. Su origen directo estuvo en la biología (experimentalismo animal) y en la física (operacionismo y teorías de campo). El conductismo era en los hechos una antipsicología que negó los fundamentos clásicos de la psicología y pretendió sustituirla mediante una tecnología de control aplicada a la conducta animal. De este modo los conductistas buscaron legitimar su práctica experimental como una ocupación profesional orientada a dar servicios. 

Enseguida la psicología sufrió la invasión de diversas disciplinas y enfoques en su campo. Muchos se sumaron a la tarea de explicar cuestiones que se consideraban "psicológicas", tales como la moral, la espiritualidad o la inteligencia, por lo que se sumó un gran número de teólogos y estadísticos, entre otros, a la publicación de tratados de psicología. La llegada de la Segunda Guerra Mundial afectó la ciencia alemana y europea, dejando a los EEUU en el predominio mundial, lo que facilitó la repentina vigencia del conductismo y su rápida propagación por Latinoamérica a través de México. Enseguida ocurrió la pérdida de la noción de la psicología y el inicio de la gran crisis de la psicología en el siglo XX. A partir de la posguerra empezó la descontrolada multiplicación de "psicologías", que constituyeron una gran variedad de especies terapéuticas exigiendo el mismo estatus de "nuevas psicologías" y pregonando su condición de ciencias, pese a que carecían de un mínimo nivel epistémico y teórico aceptable, cuestión que había pasado a un segundo plano en la pragmática cultura norteamericana donde solo se exigían resultados y ganancias. Finalmente el concepto de la psicología se extravió en medio de un mercado persa de panaceas curativas con distintos nombres y gurús.

La única noción posible sobre aquel escenario al que llamaban "psicología" en la cultura americana de posguerra, era la de una disciplina aplicativa social de perfil curativo-asistencial, de dudosa reputación científica. Pese a todo, la psicología científica original no desapareció. En Europa y Rusia la psicología siguió su desarrollo epistémico gracias a personajes fundamentales como Piaget y Vygotski. Aún en los EEUU algunos autores como Jerome Bruner prosiguieron en la tendencia central de la psicología sin acusar desviaciones cientificistas o comerciales. Sin embargo, la psicología es sin duda la ciencia en la que han incursionado los más variados personajes desde las más diversas disciplinas, desde pintorescos aficionados como F. Galton, hasta estadísticos como Spearman pasando por teólogos, médicos e ingenieros mecánicos como Thurston. Algunos de ellos apelaron a la estadística y las matemáticas como fundamentos científicos de la psicología y mecanismos de explicación de los constructos psicológicos, como el de inteligencia, dándole a la psicología un aire de ciencia abstracta.

Pese a su relativa postergación, la psicología epistémica pura fue ganando protagonismo en los EEUU debido al interés de la informática en la inteligencia artificial, entre otros factores culturales como la migración de científicos y pensadores europeos a Norteamérica, donde dieron inicio a la corriente denominada "humanismo", que se confrontó básicamente con las nociones animalistas y cientificistas del conductismo prevaleciente en la cultura americana. Al margen de esta confrontación ideológica en la que el conductismo llevó las de perder, en el terreno científico quedó en evidencia que la única psicología factible de enfrentar el reto que planteaba la "inteligencia artificial" era lo que para entonces se llamó "psicología cognitiva". Al salir de las sombras, esta psicología fue vista por las variadas escuelas terapéutico-asistencialistas como otra nueva versión psicológica y una nueva competencia comercial. Los conductistas le mostraron un rechazo frontal, pues se trataba nada menos que de aquella misma psicología "mentalista" que habían pretendido liquidar y reemplazar a principios de siglo. Sin embargo, como lo han admitido los propios historiadores norteamericanos, el conductismo nunca pudo reemplazar a la psicología debido a que trastocó todos sus principios y objetivos; por lo mismo no estaba en condiciones de hacerse cargo de los complejos escenarios humanos. El conductismo había nacido del estudio experimental de animales, mientras que la psicología siempre estuvo interesada en los fenómenos humanos. Se trataba pues de dos disciplinas muy diferentes. 

A pesar de su moderna denominación, el nuevo lenguaje y los actuales problemas, la psicología cognitiva no era una nueva psicología. Se la llamó "cognitiva" porque en medio del caos, cada psicología precisaba una identificación especial, pero en realidad se trataba de la misma psicología de siempre, retomando su campo original. Un campo que había sido casi completamente abandonado por las diversas psicologías clinico-asistenciales, y satanizado por el cientificismo físico-naturalista. Aunque la psicología cognitiva fue vista como una competencia, no tenía productos curativos que ofrecer. No obstante muy pronto apareció una versión terapéutica que adaptó algunas técnicas conductistas generando el formato cognitivo-conductual, que le dio un sentido psicológico a las técnicas animalistas del conductismo primigenio. Finalmente, luego de su reingreso definitivo, la psicología cognitiva fue haciéndose un lugar cada vez más importante y amplio hasta ganar la primacía.

El gran problema que se planteaba para la psicología en los inicios del siglo XXI era ¿cómo recuperar el campo psicológico invadido por una multitud de extravagantes predicadores y mercachifles de la sanación? ¿Cómo recuperar el prestigio de la psicología como una ciencia epistémica y no sólo como una colorida amalgama de técnicas diagnósticas y terapéuticas? Pero más aun: ¿Cómo reorganizar los conceptos y hacer una limpieza en todo el enredado campo teórico acumulado a lo largo de siglo y medio? Esos eran y siguen siendo los retos de la psicología en los inicios del siglo XXI.

Además de sacar a relucir su condición de ciencias o filosofías, las escuelas terapéutico-asistencialistas ampliaron los objetos y los conceptos creando un confuso escenario que se asumía como "psicología", así sin más. En medio de una competencia por la originalidad, en la que unos apostaron por creencias cientificistas y otros por creencias culturales, hubo algunas que se mezclaron con disciplinas orientales. Las ofertas psicológicas incluían técnicas de observación y registro riguroso de la conducta, con planificación de tareas, hasta técnicas de regresión con repetición del nacimiento y del grito primal. Había enfoques neoreichianos que reorientaban la energía sexual, regresiones a vidas anteriores y revisiones cientológicas, aparecieron etiquetas curiosas como la "integración holonómica", se probaron drogas alucinógenas (desde el LSD hasta la ayahuasca) para tener experiencias psicodélicas y acceder a otros estados de conciencia, ganar visión remota con proyecciones astrales, etc. 

Uno podría preguntarse ¿cómo es posible que todas estas versiones contradictorias que van desde los enfoques rígidamente metodológicos y pseudocientíficos, hasta los espiritualistas y ocultistas subsistan todas al mismo tiempo? Ocurre que esta fabulosa variedad de propuestas curativas se apoya básicamente sobre una comunidad de creyentes que fomenta su dogma con hartas dosis de fanatismo y culto a la personalidad, dentro de escuelas cerradas a la manera de sectas religiosas. Todas ellas se sustentan en algún dogma de fe y una promesa de salvación; pregonan su propia verdad y adoran a sus propios profetas, actúan centradas en sí mismas, aisladas del mundo y de la ciencia. Manejan sus propios valores y creencias, por tanto exhiben sus propias credenciales de ciencias o filosofías. El modelo típico de estas "escuelas psicológicas" consta de un líder-gurú carismático y fundador, con un libro emblemático y una secta de seguidores fanáticos que difunde su credo y mantiene activa la logia. Emplean un lenguaje particular con sus propios conceptos, y practican curiosos rituales que van desde metodologías cientificistas con obsesivos registros cuantitativos, hasta bailes, abrazos y trances hipnóticos. Algunas escuelas han ganado amplios territorios y han comprometido a países enteros con una psicología en particular. Por ejemplo, el conductismo en México y el psicoanálisis en Argentina.

Antes de finalizar el siglo XX llegaron las tendencias unificadoras. Aunque la mayoría de ellas propugnaba el eclecticismo, algunas pretendieron ser la expresión de una psicología holística, integradora de los aspectos materiales y espirituales del ser humano, pero siempre desde un enfoque terapéutico curativo asistencial. Ken Wilber se presentaba a sus seguidores explicando que "los diversos enfoques psicológicos comparten un mismo objetivo: el logro de una personalidad sana, integrada y adaptada al medio". Ese fue al final el objetivo general de la psicología del siglo XX en Norteamérica. La noción mayoritaria y dominante de la psicología fue la de una disciplina meramente aplicativa de corte asistencial, con una pobre reputación científica y una menor credibilidad. Algunos la criticaron por ser una disciplina alienada, al servicio del establishment, encargada de encaminar a las personas por los cauces del sistema dominante que determinaba las metas y los criterios de salud y normalidad.

La consolidación final de la gran crisis de la psicología llegó con los libros de texto. Muchos libros eran perfectos escaparates del caos psicológico, pues se limitaban a mostrar inocentemente todo lo que había en el escenario con el nombre de psicología. Libros muy consultados como "psicología para todos" eran joyas de la desinformación, que nunca proporcionaban una idea cabal sobre lo que es la psicología realmente. Peor aun, consolidaron una definición tergiversada de la psicología como ciencia que se ocupa del estudio de la conducta animal, ignorando así lo que es la etología. Ningún autor se atrevía a clarificar las nociones sobre la psicología. Y no lo podían hacer porque eran parte del mismo proceso cultural anómalo que se había iniciado con el siglo XX como un aporte de la cultura norteamericana. Algo que valdría la pena revisar aunque sea brevemente.

Es indispensable tener en cuenta el tremendo abismo que existía entre la cultura europea y la norteamericana a fines del siglo XIX e inicios del XX. Europa poseía una sólida tradición filosófica que daba soporte a su actividad científica, la que al mismo tiempo alimentaba la reflexión filosófica. Y así, desde los filósofos griegos hasta los científicos alemanes, la psicología se había desarrollado a lo largo de dos mil años, y al entrar al siglo XX había iniciado ya su labor de investigación científica, contando incluso con algunos hallazgos que necesitaban ser sometidos a la reflexión y discusión teórica. Una discusión que se había iniciado ya con los fisiólogos. Pero todo este proceso se truncó debido a las dos guerras mundiales que devastaron Europa y trasladaron el predominio mundial a los EEUU. Y fue allí cuando cambió la suerte de la psicología... y del mundo.

En contraste, EEUU era a inicios del siglo XX un territorio sin prácticamente ninguna tradición filosófica ni mucho menos científica. Todo lo que florecía eran inventos tecnológicos en medio de una sociedad puritana obsesionada con el progreso. La ciencia era un proyecto nuevo que acababa de iniciarse con la instalación de laboratorios, y la enseñanza del método naturalista de investigación, a cargo de numerosos clérigos. La curiosísima cultura americana parecía ser el lado reverso del mundo. Habían desarrollado una antifilosofía que predicaba en contra de los "enredos teóricos", y propugnaba acciones directas y efectivas con actitudes pragmáticas antes que reflexivas. Enseguida generaron una antipsicología que negó todo el mundo subjetivo humano para ocuparse tan solo de observar y tabular conductas. Finalmente reformaron la ciencia para someterla a sus necesidades tecnológicas. A diferencia de Europa donde la ciencia era la actividad más elevada del espíritu humano en busca del saber, en los EEUU la ciencia era un medio más de producir tecnología y ventas.

El espíritu de la humanidad parecía haber sido capturado por los norteamericanos y colocado dentro de una jaula para su sola exhibición. Luego, gran parte de Occidente se vería transformada por las visiones utilitaristas y efectistas de los norteamericanos, generándose un nuevo fenómeno cultural: la alienación. Es decir, copiar el modo de ser de otras culturas a las que se considera superiores. Pero en muchos aspectos, los americanos no lo eran.

El florecimiento de diversas propuestas "psicológicas" dirigidas hacia un mercado competitivo de la salud y del perfeccionamiento individual, fue el resultado de la cultura americana orientada a los servicios y los negocios. El modelo de la comida rápida llegó a la psicología y esta se entregaba con una gran variedad de pruebas, técnicas y marcas. Era una moda general en las ciencias sociales norteamericanas, cuyo mayor exponente fue sin duda la "Teoría Fundamentada", una especie de maquinaria metodológica de la que surgían teorías científicas automáticamente. El conductismo no fue más que la primera de todas esas propuestas tecnicistas y efectistas orientadas a resolver necesidades sociales concretas. Muy lejos de ser una "revolución científica", en realidad el conductismo americano fue el abandono de la linea científica original de la psicología para transformarse en una mera técnica utilitaria, sujeta a los intereses culturales norteamericanos y a los dogmas de un cientificismo militante. Fue también el resultado de la situación de inmadurez y desconcierto en que se hallaba la naciente psicología americana, que para entonces era apenas un proyecto en construcción, sin ningún tipo de antecedentes filosóficos ni científicos. Luego del desvarío conductista sobrevino el descalabro total de la psicología en América, que acabó saturada con una variedad infinita de productos curativos invocando el nombre de la psicología.

Es fundamental reconocer el gran giro que experimentó la psicología en su paso de Europa a América. Este giro consistió en el abandono del sentido epistémico original de la psicología para asumir un nuevo cariz aplicativo social. En otras palabras, luego de ser una ciencia unitaria y milenaria pasó a ser un conglomerado de técnicas aplicativas muy concretas y variadas, improvisadas alrededor de cualquier idea interesante; la psicología en América pasó de ser el más caro proyecto de la humanidad por descubrirse a sí misma, a convertirse en la feria comercial más grande en torno al ser humano asumido como cliente y sujeto de prácticas curativas.

Justo es decir también que, en la segunda mitad del siglo XX, se produjo en los EEUU una infinidad de estudios sumamente valiosos e interesantes en diversos campos de interés psicológico, escapando de la fijación naturalista que había dominado el ambiente en las primeras décadas. En el último cuarto del mismo siglo, se consolidaron diversas disciplinas psicológicas netamente epistémicas al rededor de la llamada psicología cognitiva. Estas fueron, por ejemplo, la psicología cultural, la antropológica y la evolutiva, entre otras. Incluso se han vuelto a reiniciar algunos estudios clásicos como el del lenguaje y el pensamiento, pero a partir de las modernas visiones. En realidad, es de esperar que se revisen todos los estudios clásicos desde las modernas perspectivas. Paralelamente renació el interés por la filosofía de la mente y una gran cantidad de estudios en torno a la conciencia han empezado a calentar las brasas de un escenario muy dinámico, en lo que parece que será el destino indudable de la psicología en este siglo. De este modo, al extenso y abigarrado campo de disciplinas aplicativas concretas se fue sumando un reducido pero importante y creciente espacio de trabajo epistémico puro. Todo parece indicar que este será en el futuro, si ya no lo es, el eje sobre el que empiece a girar la moderna y real psicología científica.

Es importante remarcar la linea divisoria que existe entre la ciencia psicológica de carácter epistémico puro y aquel conglomerado de modelos terapéuticos, tecnologistas y aplicativos que hoy existen con el nombre de psicología. Si bien ya no podemos cambiar la historia y muchas de estas disciplinas cumplen un papel social importante, lo que nos queda es unificar las teorías y los criterios paulatinamente.

Conclusiones

La psicología es una ciencia reciente. Empezó a constituirse como ciencia a fines del siglo XIX con la instalación de su primer laboratorio en Leipzig, Alemania, hecho que si bien se inició en 1879, no concluyó hasta 1897. Esta fue la culminación de una larga historia de desarrollos que procedían desde la obra de Kant (1781) y el inicio de las primeras investigaciones en torno a la fisiología de las percepciones a lo largo del siglo XIX, siempre en Alemania. 

El concepto de psicología, y el de psyche, estuvo siempre asociado al estudio de las capacidades superiores humanas, un hecho que se remonta a la obra de Aristóteles, tres siglos antes de Cristo. Este concepto no cambia sino mediante la intervención del conductismo americano que trató de reemplazar a la psicología con una disciplina diferente, centrada en el estudio de la conducta animal. Tras una larga batalla librada en la segunda mitad del siglo XX, la psicología original fue restituida, incluso en los EEUU. 

Además del conductismo, el aporte médico en el campo de la salud mental fue el psicoanálisis, el cual también afectó a la psicología, llevándola por un cauce clínico. La respuesta colectiva frente al conductismo y el psicoanálisis recibió el nombre de "humanismo", pero no se trató de una respuesta teórica sino cultural. Lo importante de esta reacción cultural es que se colocó al ser humano sano como punto principal del interés psicológico. No solo se restituyó al hombre sino a las funciones superiores humanas como el eje central del interés psicológico.

En el presente siglo, ya está fuera de duda el carácter científico de la psicología como una ciencia enfocada en las funciones y características mentales y culturales del hombre, con su propia filosofía y métodos de exploración. Aunque el desarrollo de la epistemología de la psicología es todavía una tarea pendiente, esta podrá surgir con mayor facilidad en este siglo debido a que las dudas y conflictos que abundaban en el siglo pasado han sido superados.
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¿Qué es la psicología?




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