viernes, 21 de mayo de 2010

La metodología de la investigación científica o la gran mentira universal





En estas épocas de fervor democrático en que la adoración de fetiches ideológicos tales como la igualdad y la inclusión social, han reemplazado al antiguo totemismo, la ciencia no podía haber quedado al margen de esta moderna repartición social de bienes comunes. Por el contrario, también ha sufrido los embates del mundo burocrático, profundamente ideologizado, y ha sido repartido "democráticamente" a la sociedad, a través de universidades "democratizadas", que hoy han puesto a la ciencia al alcance de las grandes mayorías. El único problema es que la ciencia no es repartible ni popularizable ni vulgarizable. La ciencia real es una actividad elitista, que exige determinadas condiciones a los individuos, a las instituciones y a la sociedad. Incluso a los estados. Pero como estas cosas elitistas y reducidas incomodan a los mercaderes de la masificación, lo que han hecho es institucionalizar un método por el cual todos podemos hacer ciencia sin distinciones de clase ni de habilidades cognitivas. Sin embargo, esto no se puede hacer sin vulgarizar a la ciencia, por lo que hay que hacer algo para que la ciencia vulgarizada sea concebida como ciencia. Primero se debe establecer una creencia general acerca de lo que es la ciencia y el quehacer científico. Es decir, debe haber un ambiente ideológico social propicio para que estas propuestas puedan ser admitidas y seguidas sin reparos. Las personas deben inscribirse en este sistema de creencias de tal modo que pierdan la capacidad para percibir la artificialidad y falsedad de la propuesta y, además, dependan de ella. Este ambiente ideológico social se generó a principios del siglo pasado y fue conocido como "cientificismo". De este ambiente dominado por el cientificismo emergió, como vástago predilecto, el famoso "método científico", titulo otorgado al tratamiento estadístico de datos, que fue el procedimiento ideal logrado por los naturalistas, desde el último cuarto del siglo XIX hasta el primer cuarto del siglo XX. A esto se sumó luego el ambiente político-social de masificación de la tecnología, la comercialización del conocimiento y el mercadeo de la educación superior a gran escala. La gran valoración alcanzada socialmente por la ciencia, determinó que todos aspiraran masivamente al conocimiento científico, demanda que tuvo que ser satisfecha mediante la instauración del "método científico". Además de ello, el rol de la estadística en el escenario de la vida humana se incrementó notablemente, hasta que medio mundo quedó convencido de que el camino a la ciencia pasaba necesariamente por el tratamiento estadístico de datos, lo cual quedó en el imaginario popular grabado como "el método científico". De hecho, esto se ha constituido en una de las creencias más penosas de nuestro mundo académico actual, y se le conoce y se enseña oficialmente como "la metodología de la investigación científica". Penoso porque no hay nada más triste ni falso que creer en la existencia de una secuencia mágica de pasos que, seguida rigurosamente, nos transportará directamente al universo del conocimiento científico. Esto, hay que decirlo de una vez, no existe ni remotamente. Así que bien vale la pena analizar un poco este concepto, que es uno de los más grandes embustes de nuestro tiempo, sin ser un concepto político.

Sospecho que la gran mayoría de los textos sobre metodología de investigación están orientados a proveer a la gran masa de estudiantes de una herramienta concreta que les permita realizar la tesis y recibir el grado, con la ilusión de haber hecho investigación científica. Debe haber surgido desde la necesidad de las propias universidades por hacer que sus estudiantes hagan alguna investigación que justifique su grado. De este modo acabaron formalizando un "método científico" estandarizado.  La otra explicación tendría que remontarse a Sir Francis Bacon, mentor del método científico o, para no ir tan lejos, a Mario Bunge y su visión del método, que es fundamentalmente un método heurístico. Pero no vale la pena ingresar en este terreno de la filosofía de la ciencia, porque en ningún caso, la filosofía de la ciencia ha establecido como "método científico" lo que hoy se asume, se enseña y se emplea cotidianamente en los ambientes académicos con tanto fervor. De modo que debemos buscar nuestras explicaciones al margen de la filosofía de la ciencia y acudir a los ambientes ideológicos que gobiernan a nuestra sociedad, principalmente a los ambientes académicos que es en donde se consume y comercializa "el método científico", que es un método eminentemente estadístico. Y esto es realmente grave, pues los textos y cursos de metodología, se han convertido hoy en día en una materia obligada en cualquier carrera, incluso en aquellas que nada tienen de científicas, como la hotelería y el turismo; y, peor aun, en aquellas que ni siquiera requieren un profundo conocimiento matemático, pero que terminan dependiendo de un método estadístico. Se trata pues de un fenómeno sociocultural que merece algún análisis; pero esta clase de estudios casi nunca se realizan porque la ciencia académica está entregada en cuerpo y alma a problemas "objetivos", es decir, aquellos que proporcionan datos numéricos tratables por la estadística. En el peor de los casos, se apela a dudosos instrumentos para fabricar los datos numéricos, bajo la idea de que la ciencia se basa en números. Todo lo demás puede ser filosofía, especulación o metafísica. Entonces, por ejemplo, un estudio de los sistemas de racionalidad cultural, como el que pretendemos hacer ahora, no ingresaría al altar de la ciencia. Así están las cosas. Las conductas tradicionales de una comunidad, incluyendo desde luego a la comunidad paracientífica y académica, descansan sobre una serie de creencias y supuestos asumidos como fórmulas básicas de raciocinio, que se sostienen no por su validez epistémica sino en virtud de sus ventajas y prestaciones prácticas. De este modo se instituye el autoengaño colectivo, y toda la comunidad vive bajo una misma "realidad cultural" que incluye falsedades ideológicas, pero con ganancias pragmáticas, que es lo que finalmente importa. Después de todo, la realidad humana es siempre una realidad cultural, y esta no es más que una pura fantasía en las mentes colectivas. Veamos algunas creencias falsas de este escenario. Por ejemplo.
  1. Se cree que la ciencia es una. Lo cual es falso. La "ciencia", así en abstracto, no es más que un concepto que alude a una actividad humana orientada a descubrir y conocer la realidad, y a estos mismos conocimientos ya logrados. Tal actividad se realiza mediante una gran diversidad de disciplinas científicas que se ocupan de aspectos diversos de la realidad y de niveles distintos de la realidad, e incluso de dimensiones distintas de la realidad, y con diferentes enfoques. Así que es material y lógicamente imposible que pueda existir un supermétodo capaz de actuar eficientemente en cualquier escenario, nivel o dimensión de la realidad. Creer esto es, por lo menos, una ingenuidad.
  2.  Por supuesto, también hay que creer que la realidad es plana, homogénea, estable y repetitiva. De otro modo no se explica cómo se puede creer que con un sólo y mismo método podemos estudiarla completamente y, peor aun, creer que un experimento nos autoriza a proclamar una ley universal. Y una vez más habrá que decir que tal creencia es falsa. La realidad no es plana ni uniforme ni constante ni repetitiva. Es un proceso permanente de transformaciones, que puede mostrar ciclos pero no repeticiones. Además posee diversos niveles de complejidad de acuerdo a la evolución de la materia, con escenarios muy variados, y en cada uno de ellos se precisan enfoques específicos que incluyen ontologías, epistemologías y, desde luego, metodologías y tecnologías propicias para tales escenarios y niveles de la realidad. Finalmente se requieren teorías comprensivas integradoras para concebir de una forma humana la realidad a la que tenemos acceso.
  3.  Se debe creer que es posible la existencia de un supermétodo que actúe como clave universal, capaz de abrir las puertas de cualquier misterio de la realidad, sin importar cuál sea este. En otros términos, debemos creer que ya existe la solución para cualquier problema de investigación. En buena cuenta, ya no existirían problemas científicos. Piense usted en un problema cualquiera y no se preocupe, pues allí estará el método aguardándolo para darle la solución adecuada. ¡La misma solución siempre! Esto, desde luego, también es falso, a menos que nos movamos siempre en el mismo escenario reducido en el que un método funciona eficientemente. Lo otro es pretender acomodar los escenarios a las posibilidades del método, que es lo que usualmente se hace, falsificando el conocimiento.
  4.  Creer que todos los elementos de estudio poseen la misma identidad de clase, es decir, que al estudiar uno solo de estos, o una muestra, es suficiente para conocer todos los demás. Si bien esto puede ser relativamente cierto en los niveles más elementales de la materia, de hecho es falso en los más altos niveles de complejidad, como en la vida humana, y hasta en el organismo humano. Tal vez sea factible estudiar una rata y saber cómo son todas las ratas, ya que aparentemente estas tienen una fuerte identidad de clase, es decir, todas son prácticamente iguales entre sí; pero esto no ocurre con las personas ni con las sociedades ni con las lenguas, ni con muchas otras cosas del nivel más elevado de evolución, donde la identidad de clase es más difusa. De allí el error de creer que al estudiar un grupo de hijos únicos podemos establecer cómo "son" los hijos únicos. De esta clase de disparates estamos hartos en la psicología.
Algo que resulta muy gracioso es que la gran mayoría cree que este método cuantitativo estadístico inferencial es fruto de la más pura racionalidad de la ciencia moderna. Nada más lejos de la verdad. Pocos saben que este método tuvo su origen en un personaje que vivía al borde de la locura; un maniático de las matemáticas que contaba y medía todo lo que se le atravesaba en su camino. En efecto. El creador e impulsor de las técnicas de investigación estadística fue un verdadero chiflado que estableció el tamaño del culo de las mujeres como un elemento para clasificar a las personas y a las razas. Estoy hablando de Sir Francis Galton (1822-1911).  Fue este señor quien  inventó el concepto estadístico de regresión, en su afán por estudiar la inteligencia y probar que se trataba de un don con que Dios premió a ciertas razas. Persiguiendo obsesivamente esta disparatada idea, contrató los servicios de Spearman y Pearson para culminar su proyecto, y fueron ellos quienes a la larga desarrollaron las bases de la moderna estadística y la primera teoría de la inteligencia. Con lo cual debió quedar claro que tanta maravilla estadística no impide que se puedan generar teorías absurdas. Y esto es exactamente lo que viene ocurriendo hasta nuestros días: la estadística no impide hacer estupideces.  Por el contrario, lo que muchas veces se logra son estupideces perfectas. (Más adelante expondremos algunos ejemplos muy concretos). Así que no hay porqué fiarse de este método. Hay que tener muy en claro que no es el método el que hace la ciencia.

Prosiguiendo con el recuento histórico, debemos decir que todo esto no fue más que una anécdota de la historia. Más adelante hubo otros personajes que contribuyeron en la edificación más firme de la estadística moderna y en el diseño de los experimentos, en proyectos más serios y realmente científicos, como Ronald Fisher. Ahora bien, todos ellos trabajaron impulsados por un mismo vivo interés en el estudio de las especies, las poblaciones, la genética y cosas por el estilo, conmovidos aun por el tremendo impacto que Darwin causó en la comunidad científica británica con su teoría evolutiva. Además de ello, Galton era primo de Darwin, y Fisher trabajó con el hijo de Darwin, así que todos procuraban seguir su misma línea de investigación, que era la que estaba de moda. Todo el grupo de personajes que construyó la racionalidad matemática, las técnicas estadísticas y los modelos experimentales en la investigación científica, trabajó intrigado por la Teoría de la Evolución. Fue en aquel escenario concreto en donde se concibieron los experimentos con animales, poblaciones de insectos, generaciones de plantas, y recolección de datos con métodos estadísticos, es decir, un escenario eminentemente naturalista, con una clase específica de problemas e intereses: la evolución, la genética y la biología. Se trata de un método experimental-estadístico que puede resultar muy efectivo en este escenario, pero de ninguna manera se trata de un "método científico universal", como equivocadamente se asume, se enseña y se exige. No todo en la ciencia es naturalismo. La ciencia tiene muchas facetas y diversos escenarios en donde este método simplemente no calza en lo absoluto. Incluso muchos escenarios de la realidad no se prestan a la manipulación experimental controlada, por ejemplo los escenarios humanos, sociales, geológicos, cósmicos, etc. No todos los experimentos exigen ni reportan datos numéricos, tratables estadísticamente. Muchas veces basta con matemática simple. Así que no deberíamos darles a los alumnos la idea de que existe un "método científico". El primer paso de un verdadero método científico tendría que ser "concebir el problema correctamente" y luego diseñar un método de investigación apropiado al problema o de un caso típico del problema. No hay más método universal que ese. Resulta falso, y hasta contraproducente para la ciencia, promocionar un método estándar. Esta creencia lleva a hacer las cosas al revés, es decir, se empieza por poseer el método y luego se piensa en un problema tratable por tal método. O lo que es peor, todos los problemas son llevados a las instancias de este método. Entonces se le emplea indiscriminadamente para toda clase de investigación, sea en el campo que sea, desde la manipulación de bacterias y ratones hasta el estudio de familias y grupos laborales, desde el conteo de patatas infectadas hasta la evaluación de la autoestima y del estrés. Así es como se ha logrado instaurar la irracionalidad en lo que se concibe culturalmente como ciencia.

Desde aquellos días del resplandor del naturalismo  se levantó paulatinamente el germen del cientificismo que infectaría a toda la sociedad y consagraría al tratamiento estadístico como "el método científico" per secula seculorum, y a las ciencias naturales como la "única y verdadera ciencia". El cientificismo se erigió como una ideología social que tenía a la ciencia como su ídolo de adoración, y estableció como sus principales fetiches ideológicos la objetividad, el empirismo, la medición y los datos cuantitativos. Tanto así que los psicólogos norteamericanos arrojaron al tacho el problema de la mente para declararse fervientes seguidores del método, entregándose por completo a la experimentación naturalista más elemental, fundada en el control de variables, conteos rigurosos, tablas de datos y esas cosas. Proclamaron que desde aquel momento glorioso en que vieron la luz divina del "método científico", se ocuparían tan sólo de estudiar la conducta animal "objetivamente", lo cual significaba prácticamente ya no pensar, y limitarse tan sólo a la estricta correlación de variables observables y medibles. Se les conoció como "conductistas", aunque ellos se proclamaban a sí mismos como "la psicología científica". De esta clase de eventos absurdos está llena la historia de la humanidad. El metodologismo fue una expresión más de la inveterada estupidez humana disfrazada en esta ocasión de ciencia. El hecho fue que el cientificismo generó un ambiente cultural tremendamente viciado, en el que muchas disciplinas abrazaron al método salvador como la nueva fe y la razón de su ciencia. Del mismo modo, muchas personas decidieron que la especialización en el método era la forma más rápida de hacerse un científico. Las universidades, por su parte, hallaron la manera más expeditiva de generar reportes de investigación científica y llenar las páginas de sus revistas. Fue así que finalmente se estableció "el método" como un fetiche pesudocientífico.

Bajo la creencia en la majestad del "método científico", muchos confundieron a la ciencia con el simple empleo del método. Este fue el error y la tarea predominante del cientificismo que impulsó la conversión de toda actividad pagana al camino salvador de la ciencia mediante el empleo del método. Cualquier cosa podía elevarse al nivel de ciencia si tan solo se declaraba creyente y usuario del método, tal como ocurrió con los ya mencionados "conductistas", quienes abandonaron el estudio de la mente porque no se prestaba al "método científico", y acabaron dedicados al noble oficio de estudiar ratas y palomas. Tal vez este haya sido el caso más patético de cientificismo en una disciplina, pues condujo a la crisis histórica de la psicología, y a la aparición de una disciplina pretenciosa que realmente no fue ni ciencia ni psicología. Pero ellos no fueron los únicos. Son muchos los libros de texto de diversas materias que sustentan su calidad de ciencias tan sólo en "el empleo riguroso del método". De este modo, el método se ha convertido en una especie de talismán mágico o piedra filosofal que convierte cualquier cosa en "ciencia". Por tal motivo, durante el siglo XX nos fuimos llenando de muchas de estas "ciencias" que se subieron al coche del método. Las definiciones solían emplear la fórmula "La cualquiercosa es una ciencia porque se basa en el empleo riguroso del método científico y posee un cuerpo organizado y sistematizado de conocimientos". 

Hay que reconocer que los buenos libros de metodología, empiezan siempre abordando sinceramente el problema del conocimiento y la investigación científica. Pero la gran mayoría de ellos acaba finalmente desarrollando el mismo procedimiento estadístico, que consiste en los consabidos pasos de definir el problema, identificar las variables, hallar la muestra, elegir los instrumentos de medición, realizar las mediciones, confrontar los datos estadísticamente y redactar el informe final de los resultados, de la manera más objetiva posible, pues algunos metodologistas insisten en que la interpretación es un pecado en la ciencia. Sin embargo, no hay ninguna razón para considerar que este particular método experimental-estadístico-inferencial sea "el método científico". Se trata de un método más en el concierto de métodos que pueden darse en la ciencia, a la luz de la indispensable libertad de acción con que cualquier científico necesita abordar su campo y su problema. Este método puede resultar muy eficiente en un determinado escenario y para un propósito muy específico, como el de evaluar la reacción de cierto tipo de bacterias a una sustancia; pero ese no es el único tipo de problemas que se enfrenta en las diversas ciencias (y menos en todas esas disciplinas académicas que hoy aspiran a ser tratadas como ciencias). Aunque la mayor dificultad con este método, es que la gran mayoría no puede emplearlo correctamente por varias razones, que van desde un uso negligente de la estadística, hasta la falta de criterio en su empleo porque se sujetan a sus posibilidades y a las necesidades que impone. Lo que habitualmente observo es que las personas formadas bajo la concepción del "método científico" buscan un problema que resolver con él, y acaban en el vicio de la simple correlación de variables, pretendiendo la explicación de cualquier problema, mediante la confrontación de dos variables, sin dar explicaciones acerca de cómo se les concibe o se les aísla. Pues ocurre con frecuencia que algunas de estas variables no son más que "objetos conceptuales" creados por un instrumento estadístico que pretende "medirlo" produciendo datos numéricos para el método. Por ejemplo el estrés, la autoestima o la relación parental. Desde que la locura de Galton nos convenció de que la "inteligencia" era "algo" que existía, pues lo había podido medir estadísticamente, la locura se extendió a muchas otras cosas dándose paso a la creación de múltiples "objetos conceptuales" generados mediante la medición estadística. Generalmente se trata de lo que llamo "fantasía del observador", es decir, conceptos que un observador genera por observación. Algunos de los más famosos son la inteligencia, la personalidad y la conducta, que no son más que concepciones de un observador y atribuidas como objetos consustanciales de lo observado. Incluso, como sabemos, se erigió toda una "ciencia" alrededor de uno de estos conceptos. Esos "objetos conceptuales" le pertenecen al observador y no a lo observado. Sin embargo, gracias a la aparición de instrumentos estadísticos de medición, tales "objetos" se han hecho "reales" y son confrontados como variables en los diseños que siguen el famoso "método científico" estadístico-inferencial. Toda una locura trasladada al campo de lo científico.


El resultado de seguir la fantasiosa creencia establecida en torno al mal llamado "método científico" en el ambiente académico, es que la investigación científica, o lo que debiera serlo, resulta una actividad insulsa y rutinaria, cuyo único propósito es cumplir con unos requisitos, pero que no aportan ningún conocimiento real. Nada nuevo puede esperarse de un ambiente en el que ya todo está definido de antemano. No hay que hacer más que emplear el método, lo cual exige acomodarse a sus requerimientos, es decir, buscar un problema apropiado, elegir las variables, los instrumentos de medición y el resto sigue solo el  camino ya señalado. El informe final se redactará siguiendo un formato ya establecido, cuyos títulos y subtítulos incluso están ya claramente definidos. La redacción se hará respetando el estilo establecido, por ejemplo, el APA Style. El trabajo descansará sobre un marco teórico tomado de algún autor o autores cuya teoría está ya publicada (incluyendo muchas que han sido superadas o cuestionadas), indicando unos cuantos estudios similares previamente realizados (buenos y malos), y se describirán los instrumentos de medición empleados (a veces tomados fuera de contexto) y que son, casi siempre, pre existentes. En suma, prácticamente todo está preparado para que el supuesto investigador no demore mucho ni se moleste en pensar demasiado ni en ser original. Ya todo está estandarizado y definido. Así que sólo debe seguir las huellas marcadas sobre el camino ya trazado. Es imposible que se pierda. El estudiante que se somete a este esquema ideológico y proceder ritualista será premiado con un grado, pues refuerza el sistema de creencias. Desde luego, no sin antes haber tenido que soportar una serie de observaciones escrupulosas y tontas sobre detalles puntillosos en su trabajo, pero siempre sobre las formalidades y nunca sobre el sentido y utilidad del mismo. Como se ve, no se trata sólo de un método sino de todo un sistema de creencias establecido para el autoengaño universal.  A continuación el graduado puede repetir este procedimiento ad infinitum, y hacerse un especialista del método, emitiendo reportes de investigación científica, que serán eventualmente publicados en algunas de las muchas revistas que hoy en día se precian de publicar investigaciones científicas, y que incluso se circunscriben tan solo a trabajos empíricos. Hay una pléyade de publicaciones repletas de investigaciones científicas de este tipo. Sin embargo, como ya es de conocimiento público, la gran mayoría de esos reportes de "investigación científica" son basura. (Véase al final el enlace a los artículos que analizan tales reportes).

Este es el universo de la metodología de la investigación científica, donde la mayoría de trabajos no pasa del mismo trillado esquema: "La relación de A y B en C", donde A y B son dos variables cualquiera,como por ejemplo, las relaciones familiares y el aborto, y C es el escenario en donde se tomaron las mediciones. Por lo general se trata de la correlación de dos variables que están obviamente vinculadas, por lo que muchos de estos estudios impresionan como un inútil despliegue de tecnicismo estadístico para demostrar lo obvio. Debemos empezar por comprender que casi todo en el universo está relacionado con todo lo demás, de una u otra forma, en mayor o menor medida. Véase por ejemplo este trabajo, que pretende correlacionar la somnolencia de los conductores con los accidentes de tránsito evaluados en la terminal de Huancayo. La conclusión final es de antología: " Los hallazgos aquí presentados indican que en el Terminal de Huancayo, la somnolencia y el cansancio podrían ser causas importantes de accidentes de tránsito en conductores de ómnibus de pasajeros". Muchos reportes de investigación cuantitativa estadística inferencial son de esta categoría. Un frondoso despliegue de sofisticada tecnología estadística para "probar" que dos variables se correlacionan. Lo original sería demostrar que dos variables aparentemente relacionadas en realidad no lo están, o a la inversa, que dos variables aparentemente no vinculadas, en realidad sí lo están. Pero carece de sentido andar probando la correlación de variables. El mismo Galton, en una de sus alocadas empresas científicas, hizo un estudio para correlacionar la cantidad de las oraciones que se rezan al día, con la edad en que las personas mueren. Otros estudios recientes en hospitales psiquiátricos han desarrollado estadísticas con el mes de nacimiento de los pacientes, para anunciar que nacer en el mes de mayo predispone a la esquizofrenia. En suma, es infinita la cantidad de tonterías que se pueden cometer en nombre del método. Personalmente he coleccionado mi propia selección de disparates cientificistas.

Además de demostrar lo obvio, muchos trabajos de investigación cuantitativa, estadística-inferencial equivocan el escenario de su enfoque, pues asumen un ambiente causa-efecto donde los "hechos" no son hechos naturales sino acciones humanas. Hay una diferencia abismal entre hechos naturales y acciones humanas o hechos sociales. Existe abundante literatura especializada en el terreno epistemológico acerca de esta diferencia de escenarios, pero los investigadores generalmente ignoran esto debido a que son formados tan solo con metodología y casi nunca se interesan por el campo epistemológico. (Algunos de estos enfoques pueden revisarse aquí). Precisamente la carencia de una sólida formación epistemológica lleva a muchos a realizar proyectos insulsos, confiados únicamente en el poder del método. Un buen ejemplo es este estudio, en el que se establece una relación causa-efecto sobre una decisión humana como la del aborto y el ambiente de las relaciones familiares. Obviamente, por más que se proceda a un estudio cuantitativo y estadístico, lo que se pretende demostrar es indemostrable. Los hechos humanos no obedecen a causas físicas naturales sino a razones propias de un sistema cognitivo. Es decir, los hechos humanos no obedecen directamente a las condiciones de la realidad física tal cual, sino a las nociones propias de la realidad psicológica edificada en la conciencia del individuo con arreglo a su circunstancia cultural. Es por eso que ante situaciones idénticas las personas responden diferente. No hay pues una manera universal de ser un hijo único o una mujer abandonada o un hombre engañado o un desempleado. Nada de eso existe. Sólo hay seres humanos diversos. Emplear el método científico naturalista en estos escenarios es una simple pérdida de tiempo y de recursos.

El grave problema que ocasiona el empleo indiscriminado de este método cuantitativo-estadístico-inferencial en toda clase de tareas y  escenarios, y particularmente en los escenarios humanos, ha sido ampliamente estudiado, criticado y denunciado numerosas veces. Véase por ejemplo el artículo del Dr. John P. A. Ioannidis aquí. También la psicología se ha visto tremendamente afectada por esta clase de estudios estadísticos, al punto que la APA se vio obligada a crear una comisión especial que analice el problema. Sus informes pueden leerse aquí. Estos son sólo algunos ejemplos de casos en que se ha detectado y denunciado el problema, pero han sido sistemáticamente acallados por el establishment. Después de todo, "el método" ha ingresado ya al viejo negocio de la venta de panaceas. Sólo falta publicar un aviso: compre el método y haga ciencia. Hay pues evidencias de sobra que demuestran la precariedad de esta creencia, pues los problemas se han presentado en todos los escenarios en donde se le emplea, desde los laboratorios farmacéuticos transnacionales hasta los ambientes académicos y las revistas de publicaciones científicas.

Para ahondar en el estudio de la creencia en el método científico, nada mejor que leer a Paul K. Feyerabend y su ampliado artículo titulado "Contra el método". Un buen artículo que aborda estos tópicos es el de Francisco Covarrubias, "El carácter relativo de la objetividad científica" que puede ver aquí. Además, yo mismo he abordado este tema en dos amplios artículos que puede encontrar aquí y aquí. Además hemos sido citados en este artículo que trata del mismo problema.

Los problemas judiciales del "método científico": aquí.

5 comentarios:

  1. Estimado Dante, solamente para mencionarle que su artículo cumple con una de las tareas fundamentales de los que andamos por el camino de la "ciencias" sociales y humanísticas: desmitificar.

    Por otro lado, le menciono que también existe un método llamado cualitativo ¿que opina al respecto?

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  2. Una tarea fundamental de las ciencias humanas y/o sociales es la desmitificación del escenario cultural en procura de lograr mayor racionalidad. En efecto, es uno de mis cometidos. Si bien dejo en claro que no existe nada que pueda ser llamado "método científico", y menos aun si se consideramos este como una secuencia precisa y estandarizada (y casi mágica) de investigación, enseñada y asumida como un ritual pre fabricado, en busca del conocimiento científico, me da lo mismo si este es un método cuantitativo o cualitativo. Peor aun, me parece inapropiado emplear el término "método cualitativo" solo para distinguirse del estadístico. Creo que debemos eliminar definitivamente la idea de "el método", y entender que la investigación científica exige, en primer lugar, creatividad para diseñar un método específico y apropiado al caso, uno en particular, sea cual fuere, sin mitificar a ninguno ni adoptar uno prefabricado. De hecho, es en el campo de las ciencias humanas y/o sociales donde se precisa de mayor creatividad a la hora de diseñar un experimento o una investigación, pues nuestros escenarios no son tan repetitivos ni homogéneos como los que enfrentan las ciencias naturales, y en especial, la biología. En todo caso, habría que precisar que cierta disciplina tiene un método, y así delimitamos el daño o el problema a una disciplina, pero no regamos el error a todas las ciencias.

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  3. El sueño de la "ciencia única" es una utopía todavía peor de lo que supones. La ciencia no es una, sino un conjunto de disciplinas que se reparten la realidad en escenarios muy particulares. Los que creen que con una sola llave se pueden abrir todas las puertas de la realidad no saben lo que es ciencia, solo juegan a hacer ciencia con su juguete metodológico. En cuanto a la psicología, su objetivo como ciencia no es predecir lo que harán las personas, ese es un asunto de las adivinas y futurólogos. La psicología -como cualquier otra ciencia- tiene que EXPLICAR cómo funciona el ser humano en cuanto fenómeno cognitivo. Usted parece confundir la psicología con una pseudociencia y pseudopsicología conocida como conductismo. Gracias por su comentario pero mejor estudie un poco más sobre filosofía de la ciencia.

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  4. Mis argumentos están expuestos. No pretendo polemizar con nadie mediante mensajitos. Usted no aporta argumentos. Repite uno solo. Está convencido de que la ciencia es la búsqueda de "principios universales" en todo. Puede quedarse con esa idea de ciencia. No sé de dónde la habrá sacado, pero como le digo, no me interesa polemizar con usted y menos con esa clase de ideas. Le sugiero que escriba un artículo completo, lo publique, y yo entonces le responderé. Pero no voy a atender sus comentarios. Y menos si llegan a los niveles de insulto.

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  5. Estimado Dante, tenía su blog en mis "marcadores", estoy revisándolo más detenidamente; es muy interesante y valioso, le agradezco el tiempo que le dedica. Yo también tengo un blog, de geografía, menos ambicioso que el suyo por cierto. Estoy de acuerdo con su crítica al "método científico", creo que la experiencia en una investigación concreta nos permite entender mejor esto. Saludos.

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