viernes, 31 de octubre de 2014

La ciencia del papa Francisco


El papa Francisco nos dice que el Big Bang no contradice al cristianismo. En buena cuenta lo que afirma es que el Big Bang fue una explosión de amor con la que Dios creó todo el universo. Siguiendo los pasos de Pio XII y Juan Pablo II, el papa Francisco también admite que la evolución es un hecho real,  pero aclara que tampoco se contradice con la fe cristiana. Advierte que uno no debe entender el Génesis de manera literal porque Dios no actuó de esa manera, pues no es un mago, sino que creó las reglas y dejó que ellas funcionaran por si solas. Es decir, lo que el papa trata de decirnos finalmente es que todo lo que la ciencia hace no es más que explicar la metodología elegida por Dios para crear el universo y la vida. ¿Es esto cierto? No. Realmente no lo es. Veamos por qué.

El Papa comete el error fundamental de mezclar dos perspectivas divergentes de la realidad: la científica y la religiosa. Estamos frente a dos cosmovisiones totalmente diferentes y opuestas, dos maneras de abordar la realidad pero con fines distintos, son dos epistemologías, si se quiere, una que corresponde a la física (y por extensión a las ciencias naturales) y la otra a la teología, por llamarla así a fin de otorgarle a la visión religiosa la apariencia de un corpus filosófico. Adicionalmente habría que mencionar que se trata de dos niveles de entendimiento que distan milenios entre si. Mientras que la visión religiosa del mundo se inicia prácticamente con la aparición de la cultura humana, en fecha que aun está en discusión pero que supera los 25 mil años, la visión científica moderna no llega al siglo y medio, aunque formalmente se señale a Galileo como el padre de la física moderna. Por ahora digamos que la perspectiva religiosa del mundo obedeció a una necesidad humana urgente, y fue edificada a la carrera para llenar los vacíos del entendimiento cognitivo como paso indispensable para adoptar conciencia de la realidad. Se trataba de una imposición o requerimiento del pensamiento para poder operar, o sea, una exigencia cognitiva del nuevo ser pensante. No se podía esperar la llegada de la ciencia para entender la realidad. Había que entenderla de algún modo. El hombre primitivo se las tuvo que ver con sus limitaciones y resolverlas. En ese sentido la perspectiva mística, mágica y religiosa del mundo responde a una necesidad cognitiva fundamental para el funcionamiento de la mente y fue, sin duda, el primer producto social y cultural de la nueva especie, un aporte social, una elaboración cultural moldeada a lo largo de la historia y ajustada a cada época y grupo humano. En cambio la perspectiva científica es totalmente diferente. En principio no responde a ninguna necesidad humana, no es urgente ni necesaria, no está -por tanto- condicionada por las necesidades cognitivas, culturales ni sociales humanas. Al contrario, pretende superar las limitaciones de la cognición humana mediante instrumentos tecnológicos y metodologías que aseguren un conocimiento real y sin interferencia de la subjetividad humana. Su meta es lograr la objetividad, algo completamente opuesto a la naturaleza del entendimiento humano. ¿Vamos bien?

La visión del Papa obviamente acaba hermanando estas dos perspectivas opuestas, la científica y la religiosa, como si se tratara de dos hermanitos que pueden avanzar cogidos de las manos. Pero esto es imposible. El papa asume una noción que se tenía hasta finales del medioevo, cuando la ciencia empezaba a surgir como una forma especializada y diferente de conocimiento, circunscrita a grupos especializados y aislados pero inscrita aun en la visión única y predominante de la religión, pues era la que había. Evidentemente la ciencia no empezó a armarse desde cero, con una mente en blanco. Se edificó sobre los cimientos epistémicos que la religión había implantado en las mentes humanas desde los orígenes de la civilización, aunque hayan estado transformándose a lo largo del tiempo. A pesar de las fricciones iniciales entre la Iglesia y los científicos debido a que algunos conocimientos llegaban a confrontarse con las enseñanzas bíblicas, la ciencia mantuvo en sus inicios la cosmovisión religiosa establecida formalmente por San Agustín, basada en un orden implícito que provenía de la voluntad de Dios. En este entendido, las leyes que la ciencia descubría no podían ser más que las establecidas por Dios, tal como lo señaló Newton y acaba de acotarlo el Papa Francisco.

Esta era la situación a fines del siglo XIX.  Con excepción de la teoría de la evolución de las especies vivas que acababa de formular Darwin, la ciencia física aun compartía alegremente la cosmovisión religiosa. El universo explicado por la física, incluyendo a la física relativista que surgió con el nuevo siglo, cabía perfectamente en los moldes de la religión pues se basaba en un universo ordenado que obedecía leyes de causa-efecto. Es solo a partir de la aparición de la física cuántica cuando esta perspectiva empezó a tornarse insostenible. La ciencia descubrió que el azar jugaba un papel en la realidad y que el caos formaba parte del universo y la materia, que la complejidad no se abordaba con relaciones causales y que el conocimiento mismo tenía un límite material, por lo que la incertidumbre pasó a formar parte de la ciencia. Todo esto llevó a un cambio de paradigma definitivo que significó abandonar la perspectiva religiosa de un universo ordenado y de una realidad que reposaba en un orden implícito, reorganizándola hacía una concepción que se parecía más a la visión de Heráclito cuando expresó: "en el mejor de los casos, el universo es un montón de basura arrojado al azar".

De hecho, suponiendo que fuera posible, no se podría retroceder en el tiempo saltando de uno en uno los efectos y sus causas hasta llegar a la creación, aun respetando escrupulosamente las leyes físicas universalmente aceptadas. Nunca llegaríamos a ningún lado porque las cosas no ocurrieron así. Al imaginar el proceso generativo del universo pensamos humanamente en una secuencia ordenada de hechos pero las cosas no ocurrieron así. El universo surgió de un caldo explosivo donde todo era caos y donde antes que leyes lo que reinaba era el azar. Si por algún recurso mágico pudiéramos volver a repetir la historia de la humanidad en los últimos diez mil años, incluyendo la historia del cristianismo, no llegaríamos a la misma realidad de hoy. La nueva realidad sería totalmente diferente porque nada garantiza que los procesos azarosos vuelvan repetirse, ni que se repitan igual, ni que tengan el mismo efecto. Una sola alteración cambiaría todo. El orden con que nuestra mente nos ayuda a concebirlo todo no es más que una impresión cognitiva del cerebro. Una necesidad cognitiva del pensamiento, pero la realidad no tiene por qué tener un orden. Y de hecho no la tiene. Es una falsa impresión que tenemos por el hecho de observarla durante el brevísimo período de vida en que estamos acá.

Por todo lo dicho, la visión que el papa nos ofrece acerca del surgimiento del universo ya no tiene sustento hoy. Podríamos preguntarnos, con algo de ingenuidad, si es que la visión religiosa y la visión científica del mundo pudieran ser compatibles o llegar a coincidir por pura casualidad, como lo propone el papa. Definitivamente no porque, como se dijo al principio, corresponden a dos modos diferentes y divergentes de concebir la realidad. La religión adopta una perspectiva humana y la física una perspectiva natural. La religión surge y se edifica desde las leyes cognitivas humanas presentes en su cultura, mientras que la física construye su saber desde la realidad exterior al ser humano. Por eso mismo la visión religiosa es consustancial al hombre mientras que la de la física le resulta ajena, extraña. La ciencia física se inicia justamente descubriendo que la percepción humana es falsa: el sol no giraba alrededor de la Tierra como nos parecía tan evidente a todos. A partir de ese descubrimiento el saber científico tiende a ser contraintuitivo y a hasta difícil de entender desde la lógica común.

Pero si descubrir la realidad ajena al ser humano resulta difícil, entender la naturaleza subjetiva del mundo humano lo es aun más. ¿Cómo entender que el mundo de los humanos no es más que una mera construcción cognitiva sociocultural que solo reside en las mentes y se sostiene por diversos sistemas de comunicación? Gran parte del mundo humano solo son palabras. Por ejemplo, todo el mundo mitológico expresado por las diversas religiones no pasa de ser más que palabras. De hecho se enseña apenas mediante palabras. Y Dios no es más que eso: un concepto. Una idea que varía en las mentes y en las sociedades. Lo que llamamos "realidad humana" es el conjunto de ideas, conceptos, imágenes, estructuras conceptuales, códigos, creencias, valores y demás elementos constitutivos que nos sirven para vivir como humanos en un universo propio. Un mundo particular de nuestra especie que no existe más allá de nuestra cultura, es decir, de nuestras mentes. Tenemos la falsa impresión de que esos elementos existen en la realidad física porque son compartidas por todos los humanos, pero otra vez se trata de una falsa impresión. Por ejemplo ¿qué es la música? ¿Existe en el mundo real, es decir más allá de las mentes? No. Todo sonido no es más que vibración de partículas de aire en el mundo real, ajeno al hombre. Otro elemento al que se le atribuye realidad es al calendario que ordena nuestros días, semanas y años. No es más que una fantasía compartida por una gran cantidad de personas que hasta llegan a creer que ciertos días son especiales porque tienen fechas como 06/06/06. En la realidad eso no significa absolutamente nada. Sucede que las personas confunden su imagen mental de la realidad con la realidad misma. Pero son dos cosas distintas. 

La realidad exterior al hombre es estudiada por la física. Allí no interviene la subjetividad humana y por tanto puede resultarnos un mundo sumamente extraño, como el de las partículas subatómicas en el escenario cuántico. La realidad humana es estudiada por la psicología en tanto fenómeno cognitivo, pero cabe remarcar que los procesos mentales siguen siendo procesos naturales. El mundo humano, en tanto construcción cultural y actividad humana, es estudiado por las ciencias humanas. ¿Dónde se inscribe la perspectiva de la religión? No es nada aparte ni diferente de estas. En realidad la perspectiva religiosa de la realidad (expresada en el conjunto de creencias y narraciones míticas) forma parte del conjunto de construcciones culturales que la humanidad ha estado acumulando desde que se instaló como especie sobre este planeta, en consecuencia podría ser estudiada por cualquiera de las ciencias humanas tales como la historia, la antropología o la sociología. Dicho de otro modo, la religión no es un conocimiento en si mismo sino una expresión cultural humana que puede ser -y es- estudiada por alguna ciencia particular. La religión forma parte de ese mundo humano que existe solo en las mentes colectivas que conforman la cultura como fenómeno cognitivo. Mientras no seamos capaces de diferenciar la imagen virtual del mundo que los humanos manejamos en la mente y la realidad física exterior, no estaremos en condiciones de emprender un adecuado análisis de la realidad. Evidentemente todas las creencias religiosas forman parte del mundo virtual humano y allí deben quedar. 

Si todo ha estado claro, debemos concluir en que el Papa se ha excedido atribuyendo a las creencias religiosas el carácter de un saber equiparable a la física. No solo no es equiparable sino que ni siquiera pueden serlo. La física pretende estudiar el mundo que rodea al hombre sin las interferencias de la subjetividad humana, mientras que la religión es la misma subjetividad humana. El fundamento actual de la ciencia física no descansa en los supuestos que sustentan a la visión religiosa. Lo que el Papa debe conocer es que sus propias visiones son objeto de escrutinio científico desde la psicología, así como lo es su actividad como guía espiritual desde la antropología y la sociología, entre otras ciencias que se ocupan de las actividades humanas y los productos culturales.