lunes, 16 de febrero de 2015

El fracaso de la educación


Constantemente se habla de la crisis de la educación o del fracaso del sistema educativo, siendo ya tópicos bastante recurrentes desde hace algunas décadas. La idea de que la educación está en crisis o que simplemente ha fracasado es casi un consenso en varios países. El reflejo de este fracaso podemos observarlo en la sociedad misma: no podemos decir que la sociedad sea mejor. Los viejos problemas humanos (drogadicción, alcoholismo, pandillaje, embarazos adolescentes, segregación, sectarismo, corrupción, violencia, divorcios, crisis familiar, etc) se han agudizado y aparecen nuevos conflictos y problemas sociales. Resulta evidente que todos los años de educación escolar no están dando los frutos sociales que se esperaban. Al terminar la escuela los muchachos están confundidos, han memorizado muchos conocimientos a los que no le encuentran mucho sentido, conocen poco o nada sobre el mundo al que deben integrarse, desconocen sus principales instituciones públicas, ignoran las normas básicas y hasta los procesos sociales más comunes. La mayoría no tiene una idea precisa de la carrera profesional que desea seguir y, lo que es peor, ignoran lo que significan estas carreras porque mayormente desconocen cómo funciona el mundo. Sin duda el fracaso de la educación escolar (pública y privada) es uno de los problemas más agudos de los tiempos modernos, resultado directo de los esquemas privilegiados en el siglo XX, un siglo que sin embargo significó el despegue de la humanidad en muchos campos. Nunca antes en toda la historia de la humanidad se había alcanzado tal cantidad de conocimientos en tan poco tiempo, ni se había alcanzado una transformación tan radical de las condiciones de vida como las que ocurrieron en el siglo XX gracias a la ciencia y la tecnología. Ese enorme progreso de la humanidad se pudo alcanzar en muchos escenarios como las comunicaciones, la navegación, la medicina, etc., pero no en la educación. Entonces resulta legítimo preguntarnos: ¿Qué pasó con la educación? ¿Por qué los grandes avances de la ciencia no sirvieron para generar una mejor educación?

En el siglo XX la humanidad fue capaz de dominar a la naturaleza, creamos nuevas fuentes de energía, se erradicaron enfermedades y plagas que azotaban el mundo desde épocas bíblicas, salimos de este planeta, eliminamos las distancias gracias a las redes de comunicación mundial y hasta creamos nuevas especies y elementos. Pero todo este maravilloso avance logrado en tan poco tiempo no ha servido prácticamente de nada en la educación, particularmente en el tercer mundo. Ni aun con los abultados presupuestos destinados al sector por parte de los gobiernos. Podemos decir que la medicina de hoy es mejor que la de hace un siglo, también lo es la ingeniería, la electrónica, el comercio, el sistema financiero, la prensa, etc. Muchas cosas son radicalmente mejores que hace un siglo, pero no podemos decir lo mismo de la educación como sistema de enseñanza y formación de personas para la sociedad. De ninguna manera se puede decir que la educación de hoy sea mejor que la de hace un siglo. Peor aun, muchos están dispuestos a afirmar que la educación antigua era mucho mejor. ¿Qué ha pasado? ¿A qué se debe el fracaso de la educación?

Tal vez la explicación tenga varios frentes. Por mi parte me inclino a pensar que un gran responsable de este fracaso es el Estado que tomó en sus manos la responsabilidad de la educación. Pero hay otras causas, quizá no menores ni tan perceptibles, como la burocratización de la educación privilegiando la gestión educativa en desmedro de la educación misma, el cientificismo que consagró determinados conocimientos y métodos, la guerra de intereses protagonizada por sectores afines tales como los sindicatos de maestros, las editoriales y hasta la iglesia. Por último, me arriesgo a poner sobre la mesa cuestiones culturales de vieja raigambre como nuestra herencia religiosa que es un serio escollo para alcanzar un pensamiento libre y crítico, un afán por el conocimiento real sustentado en la evidencia y en el razonamiento lógico. La ciencia no ha dejado de ser combatida por la religión en el siglo XX ni en la actualidad. En lo que sigue haré un recorrido por el tema tratando de buscar algunas respuestas.

EL ORIGEN DEL FRACASO

Hasta hace poco más de un siglo la educación era un proceso destinado a formar seres humanos. No es exagerado decir esto. Un ser humano es alguien que pertenece a una familia, a una comunidad, a una nación y por último a una cultura. No depende tan solo de una carga genética como ocurre con cualquier otro mamífero sino que el hombre es un sujeto que emerge en y pertenece a una cultura, más específicamente a una comunidad. Es por eso que la educación resulta fundamental en la especie humana. El homo sapiens al nacer es un simple animal que tiene que humanizarse en una cultura para alcanzar el grado de ser humano. El animal humano, luego de nacer, debe ser horneado en un ambiente cultural aprendiendo todo lo que este ha creado, desde la lengua hasta el cúmulo de creencias, valores y formas de razonamiento establecidas. Solo en ese sentido se es verdaderamente humano. Por todo esto la educación es un proceso natural que el hombre utilizó para formar a sus sujetos y hacerlos miembros de su comunidad, enseñándoles la lengua en primer lugar y luego las normas básicas de convivencia para que asumiera un rol social concreto. Esa fue inicialmente la misión de la educación: formar seres humanos y miembros de una comunidad. Por tanto la educación es una tarea natural y cultural indispensable para la especie humana, que ha estado a cargo de los padres, la familia, la comunidad y la cultura, escalonadamente.

Hasta fines del siglo XVIII la educación era todavía un proceso individualizado y compartido entre la familia y, eventualmente, un tutor. Y un tutor era alguien que fundamentalmente orientaba al niño permitiendo que su razonamiento se fortaleciera en el análisis y comprensión del mundo. Eso es básicamente una tutoría. Por su parte, las instituciones religiosas habían asumido la función de educar dentro de las creencias de la fe, y lo hicieron también de una manera directa y natural. La radical transformación de la educación se produce tras la aparición de las modernas repúblicas a principios del siglo XIX. Las cosas empezaron a cambiar cuando los nacientes estados asumieron las funciones educativas como parte de un proceso de transformaciones aceleradas bajo esquemas ideológicos de moda como la libertad, igualdad y solidaridad. Parte de esa igualdad era la educación pues hasta entonces solo las clases elevadas le daban valor a la educación (una cierta clase de educación que, sin embargo, no siempre tenía una utilidad social) aunque la libertad bastaba para que cualquiera que lo estimase pudiera emprender su educación en artes o humanidades, cosas muy diferentes a los oficios que los burgueses desempeñaban y aprendían. Pero el pensamiento moderno asumió que educar al pueblo en las novedosas ideas de la libertad y la justicia era fundamental, de modo que lo hicieron obligatorio para todos, incluso para los artesanos y campesinos, por lo que la alfabetización se tornó una tarea primordial de los estados. El Estado moderno debía ocuparse de la educación del pueblo para que esta dejase de ser un rasgo exclusivo de la nobleza o de ciertas élites. Por otro lado, esto se volvió un fin en si mismo para el Estado moderno, pues la gente común y corriente debía entender la idea de República y democracia. De este modo la educación acabó convertida en uno de los valores más excelsos de la modernidad republicana. Incluso los educadores ascendieron de categoría social ganándose la admiración del pueblo. Tenían casi el mismo estatus que el médico y el sacerdote.

Los nuevos estados del siglo XIX se hicieron cargo paulatinamente de las tareas que antiguamente eran realizadas por la Iglesia, desde la inscripción de los nacidos hasta el matrimonio y la educación. Hasta entonces el mundo se había regido por cuestiones naturales, realistas y directas, pero a partir el siglo XIX el mundo empezó a regirse por algo sumamente curioso y novedoso: conceptos abstractos y concepciones ideológicas, dentro de las cuales la educación popular alcanzó relevancia sustantiva. En el nuevo esquema, la realidad fue quedando en segundo plano mientras las ideologías asomaban como la nueva luz que guiaba el pensamiento y la vida mediante la legislación y el control del Estado. Cualquiera podía entender fácilmente la vida natural, pero el mundo de las ideas y conceptos era nuevo y extraño. Para colmo, enseguida se iniciaría el florecimiento acelerado de la ciencia y los libros escolares se llenaron con novedosas enseñanzas alejadas de la vida real, como la estructura del átomo. Las nuevas repúblicas fueron fundadas en principios declarativos universales que luego harían suyas la tesis de la educación pública como una de las principales funciones del Estado moderno. En todo caso, la educación dejó de ser la tarea de formar miembros de una comunidad, individuos útiles a una comunidad, para pasar a convertirse en la formación de ciudadanos útiles para el Estado y sus fines, debían crear miembros de una República, sujetos que respondían a la nueva ideología política imperante, seres educados en los conocimientos universales del mundo moderno, tanto en los avances de la ciencia como en los grandes ideales que la humanidad había descubierto. En buena cuenta, la educación dejó de ser realista para ser idealista, sus fines estaban más allá de la comunidad, es decir, del mundo inmediato real, la enseñanza era cada vez más abstracta.

La ciencia, una nueva ocupación que habían descubierto los seres humanos, empezó a enfocar su lupa sobre la tarea de educar. A principios del siglo XX hacen su aparición en el escenario los primeros aportes concretos destinados a la educación con forma de ciencia, filosofía y psicología. Muchos nombres famosos hay en la lista de quienes influyeron con métodos educativos empezando por Binet, quien clasificó a los niños para diseñar métodos apropiados a cada nivel mental. Luego aparecerían Dewey, Montessori, Piaget y muchos más. El caso es que la educación se vio de pronto inundada de novedosas ideas que prometían una educación maravillosa y eficaz. Para mediados del siglo XX ya había una verdadera avalancha de tecnología y metodología educativa. La educación ya no era una transmisión de conocimientos o un arte de inducir la reflexión y el análisis mediante el diálogo y la discusión. Se había analizado ese proceso, se enfocarno en los elementos del proceso y en los contenidos. Surgió la educación como especialidad y los contenidos se sujetaron a estándares, luego se enfocaron en la producción de contenidos, en la selección de grados, etc. Los planes para la educación pública se cambiaban para reflejar las modernas ideas que aparecían en los textos y se impartían en los seminarios y congresos. La moderna metodología educativa pasó a formar parte del curriculo de las escuelas normales creadas para formar a los maestros a principios del siglo XX. Es decir, la educación estaría en manos de profesionales especializados en esa tarea, formados con los conocimientos científicos y metodológicos apropiados para educar eficientemente en centros educativos especiales. Paulatinamente el interés se fue trasladando de foco. Al principio fue la tarea directa de educar, la educación misma como acción humana natural. Luego pasamos a estudiar la relación del educador y el educando. En seguida el interés se centró en el educador y sus métodos, luego en los contenidos a transmitir. Así el foco del interés en el campo educativo pasó a dirigirse a las metodologías de enseñanza y a las técnicas de sistematización y producción de material educativo. El resultado fue la aparición de la escuela y la carrera docente, los textos de enseñanza y la burocracia administrativa en el sector educación. En la carrera docente se pasó a la especialización y al estudio sistemático de la tarea de enseñanza, generando toda una tecnología de control de la secuencia de enseñanza. Luego el interés pasó a la administración de la educación o gestión pedagógica. Y así, paso a paso, la tarea de la educación se perdió en una maraña burocrática que perseguía sus propios fines administrativos y metas cuantitativas. La víctima de todo este embrollo fue el estudiante.

Todo este paquete de la educación a cargo del Estado, con maestros formados en escuelas técnicas y con metodologías educativas asumidas como científicas, tuvo a cargo la educación en la mayor parte del siglo XX y aun sigue vigente. Visto así, parece el paquete perfecto para formar generaciones de ciudadanos exitosos, resolver los problemas sociales y crear la soñada sociedad perfecta. Sin embargo nada funcionó. En su mayor parte ha sido un fracaso. Se puede decir que todo falló: la especialización de profesionales en educación no garantizó educadores brillantes, las metodologías educativas mezcladas con los objetivos políticos nunca lograron crear al nuevo hombre ni a la nueva sociedad, los conocimientos avanzados de la ciencia moderna no lograron incorporarse de tal forma que las nuevas generaciones lograran hacer progresar la ciencia a la misma velocidad que tenía en la primera mitad del siglo XX, peor aun, los nuevos conocimientos científicos no eran bien asimilados y hasta eran combatidos por la fe. La educación a fines del siglo XX ya era un fracaso total. Hoy navega en medio del desconcierto y todavía no se tiene un diagnóstico claro del problema.


LA EDUCACIÓN MODERNA

Evidentemente la educación ha sido uno de los mayores fracasos en los países latinoamericanos, y en particular en el Perú. No hace falta sumergirse en profundos análisis para descubrir las causas. Para mi son bastante evidentes. Pero vayamos en orden.

1.- La estandarización.- Al asumir el control de la educación el Estado formuló planes nacionales y estableció modelos estandarizados de educación para todas las regiones. Un grupo de iluminados burócratas decidió qué áreas del conocimiento había que incorporar al proceso y qué contenidos dentro de ellas debían enseñarse específicamente. Generalmente los criterios obedecían fines políticos o ideológicos puestos de moda. El menú de conocimientos no respondía a fines realistas y la currícula escolar acabó como una ensaladera que ofrecía los principales cultivos de la ciencia y las humanidades, sin conexión con los intereses concretos de las comunidades y sus diferencias en cuanto a las condiciones reales de su existencia, incluso ajenos a su realidad lingüística. Es decir, la burocratización de la educación significó en los hechos la desvinculación de la educación de la comunidad y de la tarea de formar ciudadanos para una cultura específica. Los textos tenían ejemplos que carecían de significado en determinadas comunidades. Aunque teóricamente se seguía creyendo que la educación consistía en formar ciudadanos, los contenidos educativos elegidos los alejaban de ese propósito. Era una simple tarea de transmitir información privilegiada pero ajena a la realidad y a los intereses de la comunidad, y por tanto desprovistos de contexto real para los estudiantes. Incluso los famosos "valores" se enseñaban teóricamente como meros conceptos importados y no como vivencias directas del medio social. Lentamente los docentes asumieron que su labor se limitaba a transmitir conocimientos y que la formación personal correspondía al hogar. La pedagogía dio un giro magistral para incorporar a los padres en la tarea educativa.

¿Cómo podían inculcar responsabilidad los maestros que abandonaban sus funciones para hacer huelgas? ¿Cómo enseñar limpieza en un colegio con los servicios higiénicos colapsados o sin agua? ¿Cómo enseñar orden y organización en un ambiente que carecía de los elementos necesarios para representarlo? Los textos de educación fueron alineados con un mismo formato, con la posibilidad pocas veces desaprovechada de incorporar contenidos convenientes a la ideología oficial. Finalmente el saber era distribuido como enlatados de supermercado que debían consumirse sin preocuparse de pensar y sin demostrar cómo se llegaba a esas conclusiones. Los alumnos memorizaban la tabla periódica sin tener la menor idea de por qué los elementos se distribuían así. Los conceptos se memorizaban como una oración para repetirlos a la hora del examen, y esa era toda la meta de los estudiantes: aprobar los exámenes. Lentamente la tarea de enseñanza se hizo rutinaria y sin sentido, y los maestros acabaron como simples robots mensajeros, o una especie de repartidores de la pizza educativa, sin poco que aportar.

2.- La burocratización.- Como hemos dicho, antiguamente la educación era concebida como el arte de formar un espíritu superior por medio de un espíritu superior. Quienes educaban tenían un arte, es decir, un conjunto de cualidades personales innatas y una voluntad natural para educar a los niños. Algunos han llamado a la tarea de educar "un apostolado", pues era fundamentalmente la formación de una personalidad, y no la sola transmisión de conocimientos establecidos como verdades a priori, mediante una operación mecánica como la repetición, que es en lo que terminó convertida la educación en el siglo XX. La ciencia se terminó enseñando igual que los dogmas de fe, el conocimiento científico y las creencias bíblicas corrían paralelas en la escuela. Todo era asimilado como fórmulas matemáticas y memorizado como oraciones que había que repetir tal cual. Nadie se atrevía a preguntar por qué. Más aun si el único objetivo parecía ser aprobar un examen, de modo que solo hacía falta conocer las respuestas apropiadas. Los principales causantes de esta transformación negativa del arte de educar fueron la profesionalización y la burocratización de la educación. La primera fue la tarea de formar robots educadores en fábricas de maestros. Dejaron de importar las cualidades y los intereses para detentar un título que convertía a cualquiera en maestro. La segunda fue el paso a la carrera docente, donde se ganaban derechos por el mero hecho de ser docente. Y más aun si se estaba sindicalizado.

Las técnicas de producción en serie llegaron al escenario educativo. Los maestros también podían fabricarse en cadenas de producción dentro de las escuelas normales, que luego se convirtieron en institutos pedagógicos y finalmente acabaron convertidos en una carrera más de las universidades modernas. En el mundo burocrático solo había que mostrar un título pedagógico para probar que se era un maestro. Y para obtenerlo bastaba con aprobar los cursos de la carrera. Esto mismo pasaba con toda clase de ocupaciones que dejaron de depender de las aptitudes reales del individuo para definirse mediante un título de papel. Pero las cosas empeoraron cuando los titulados formaron un colegio profesional que operaba como un cartel de la mafia, negándole la posibilidad de enseñar a todo aquel que no fuera miembro de la logia y que no estuviera al día en el pago de sus cupos para ejercer. Esta mafia fue legalizada por el Estado con el nombre de colegio profesional.

El otro paso fatal ocurrió cuando la carrera de educación pasó a ser un empleo burocrático más. El docente era un empleado público sujeto a regulaciones administrativas antes que a fines educativos. Ya ni siquiera podía emplear sus propios criterios educativos o imponer disciplina por sus métodos. Una porción cada vez mayor de la actividad del docente estaba orientada a cumplir las exigencias de la gestión educativa, llenar formularios diversos para informar sobre los contenidos y objetivos de cada clase y de cada tarea, sobre la metodología y material a emplear, sobre los ejemplos a mostrar. La misma calificación del estudiante fue tornándose compleja con más aspectos que evaluar para hacer de la calificación una metodología "científicamente objetiva". Al final de toda esa parafernalia burocrática educativa más de la mitad del tiempo se destinaba a cumplir las exigencias de la llamada "gestión educativa". La educación en sí misma se mecanizó mediante un texto de aula.

Incluso los cursos de capacitación empezaron a versar más sobre las técnicas de gestión educativa que a modelos de enseñanza especializada. Se había pasado del sueño de enseñar a la pesadilla de aprender a enseñar y luego a la tortura de gestionar la educación para alimentar los cuadros de la burocracia de educación. La sistematización de la enseñanza acabó con la creatividad. El objetivo era prescindir de las habilidades individuales de los educadores y confiar más en los sistemas de gestión y en la metododología educativa que aseguraría un nivel igualitario, estandarizado y universal de enseñanza. Había mayor confianza en los métodos que en las personas. El estándar que se logró fue la más absoluta mediocridad en la plana docente, lo que se reflejó en el nivel de los estudiantes.

A tal punto llegó la burocratización de la educación que toda "reforma educativa" planteada por los gobiernos de turno era finalmente una reforma de la carrera magisterial, un aumento de sueldos, un cambio de las unidades de gestión, un aumento del presupuesto, etc. Los gobiernos que se sentían revolucionarios echaban mano de la educación para reformularla de acuerdo a sus concepciones ideológicas, introduciendo cambios que se orientaban a formar cuadros políticos al régimen. Los indicadores empezaron a medirse por la cantidad de dinero asignada al sector, por el sueldo de los maestros o por el indicador del presupuesto dividido entre el alumnado, es decir, el "gasto por alumno", un indicador totalmente engañoso. A nadie le importaban los logros educativos de los alumnos ni el nivel de los docentes. Los presupuestos crecían pero los resultados se mantenían en la misma mediocridad o descendían. A los gobiernos solo les interesaba mostrar su mayor porcentaje destinado a la educación en el presupuesto nacional y su relación con el PBI, pero no sus resultados educativos. La alfabetización era una meta política, sin importar si la lectura se incrementara o no en la población o si las ventas de libros crecían o si había un mercado bibliográfico disponible.

3.- La sindicalización.- Por otro lado el sindicato de maestros privatizó la educación pública convirtiéndola en su feudo. La lucha del sindicato estaba orientada a obtener los máximos beneficios del Estado y mantener sus privilegios de casta como la malhadada estabilidad laboral, la promoción por antigüedad, los pagos de bonos por conceptos absurdos y falsos como la famosa "preparación de clase" y muchos otros beneficios inimaginables. Cada pliego de reclamos crecía en peticiones hasta niveles fabulosos. La lucha sindical afectó la educación pública mediante constantes paros anuales que significaban meses de clases perdidas que nunca se recuperaban en los hechos. Durante años el sindicato de maestros fue una base más de los partidos políticos de la izquierda más radical, incluyendo al grupo terrorista Sendero Luminoso. Desde el magisterio salieron líderes políticos, terroristas  y candidatos a la presidencia. La politización del sindicato magisterial fue el golpe más duro a la educación pública. En un momento casi un tercio de docentes cobraba sin hacer clases porque se dedicaban a la labor sindical y política. La labor principal de los maestros en el último tercio del siglo XX, con la dirigencia sindical de izquierda, fue combatir al Estado. En México la mafia del sindicato de maestros llegó a niveles superlativos en manos de Elba Esther Gordillo.

La estabilidad laboral fue entendida como una "conquista laboral" que aseguraba la propiedad de su puesto de trabajo, es decir, el maestro era intocable, no podía ser despedido a menos que incurriera en una "falta grave" y tras un largo proceso administrativo de varias etapas que finalmente podía ser incluso revocada por mandato judicial. Así que en los hechos los maestros eran inamovibles, por lo que no tenían que esforzarse en su labor. Cobraban lo mismo aunque no hicieran bien las cosas, o incluso sin hacer nada. La camaradería sindical y el chantaje se encargarían de burlar toda fiscalización. No hacía falta que se esforzaran por cumplir sus metas o por mejorar su condición personal, ya que en ningún caso su pago sería afectado. Cualquier intento de medir sus logros era considerado una amenaza a su estabilidad laboral y a sus derechos adquiridos. Los aumentos de sueldo y otras gollerías dependían de la huelga anual que se hizo una tradición nacional. Poco a poco se fueron ampliando las "conquistas laborales" para exigir mayores privilegios tan solo por su condición de maestros pero no por sus méritos. Todas estas condiciones provocaron la decadencia magisterial y la mediocridad acabó siendo la marca del maestro. Además, la tarea estatal de ir siempre ampliando la cobertura de educación en una población creciente, hacía que la carrera docente fuera una de las más apetecidas por la gente más conformista que soñaba con un puesto fijo y eterno.

Esta decadencia se reflejó también en la educación universitaria donde se formaban los docentes. La universidad Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta, dedicada a la formación de docentes, fue tomada por el extremismo de izquierda y convertida en campo de entrenamiento para el extremismo. Algo similar ocurrió en las demás universidades públicas invadidas de extremismo izquierdista durante el último tercio del siglo XX. Por todo ello la educación dejó de ser la formación de un espíritu superior a cargo de un espíritu superior para ser exactamente todo lo contrario. Los maestros estaban lejos, pero muy lejos de ser un espíritu superior. Antes peor, era el sector donde el adoctrinamiento dogmático, la subversión y el terrorismo criminal campeaba.

Todas estas lamentables condiciones de la educación pública llevaron al surgimiento de la educación privada como alternativa para los padres de familia. Incluso los más humildes preferían una escuela privada antes que la escuela pública. Los colegios privados aparecían incluso en los sectores más humildes. La sociedad había hecho conciencia de que la educación pública era una estafa.

4.- El estudiante.- Un elemento final pero no menos importante es la actitud de los estudiantes ante el esquema educativo del que son convidados de piedra. El Estado ha decidido cómo será la vida de las personas al menos para sus primeros 25 años, empezando por las guarderías pre escolares y acabando en las universidades. Algunos gobiernos se ufanan de tener un plan para cada etapa de la vida, desde la concepción hasta la muerte. Esta mecanización de la vida humana ha empobrecido la existencia al punto en que ya nadie es dueño de su vida. El destino humano aparece trazado por el Estado y el sujeto se incorpora en la cadena de producción, como una pieza que la maquinaria del Estado se encargará de convertir en ciudadano, no importa si esto ocurre en la escuela privada o pública. Por lo general se trata de veinte años desperdiciados en la escuela. Desperdiciados porque ya se ha visto que al final el egresado es un bueno para nada. Incluso si quiere pasar a la universidad normalmente requiere de una preparación adicional y se expone al fracaso en poco tiempo. 

A la deserción escolar que ronda entre el 15% y el 30% hay que añadir el fracaso universitario que tiene porcentajes aun mayores en determinadas carreras, siendo que las de mayor exigencia, como las ingenierías y ciencias duras, son las menos elegidas. Pero un indicador que jamás se mide es el nivel de satisfacción del estudiante con el esquema de vida trazado para sus primeros veinte años de vida. No me extrañaría descubrir que esa estructura burocrática de la vida incorpore grandes componentes de insatisfacción y pérdida de sentido de la existencia en los adolescentes. Desde aquellos que tienen grandes aptitudes para surgir por su propia cuenta hasta los que carecen de toda cualidad para el estudio, todos son absorbidos por la maquinaria implacable del sistema educativo, e incorporados a esquemas que preconizan la igualdad y la inclusión, y donde la discriminación es un antivalor. En toda esa etapa formativa de veinte años el estudiante no asume ninguna decisión sobre su educación y debe someterse al esquema implantado sin opciones. No puede elegir los cursos que le agradan ni profundizar en las materias que lo intrigan. Debe cumplir con el esquema, incluso realizando una gran cantidad de tareas para el hogar que carecen de sentido formativo, y en muchas ocasiones la escuela es un obstáculo en el empleo de las modernas tecnologías. 


UN CAMBIO DE PARADIGMA

Sin duda la crisis de la educación es un tema complejo. Mucho más de lo que era hace un siglo. Se ha vuelto complejo por el largo camino ya recorrido y la cantidad de involucrados, pero sobre todo por los paradigmas establecidos políticamente, es decir, ideológicamente en torno a la educación, la cual pasó a convertirse en una especie de santo grial en el Estado moderno. La educación universal, gratuita y obligatoria se convirtió en la bandera del político revolucionario y la causa principal de su grave deterioro. Mientras que en otros lugares la educación transitaba cómodamente como una actividad privada dejada a la libertad de las personas e instituciones libres, en Latinoamérica rápidamente se volvió una campaña política y un servicio público administrado por el Estado. Todo esto ya lo revisamos. 

La pregunta fundamental es cómo cambiar el desastre que es la educación de nuestros días. Incluso en los ámbitos privados podemos observar los efectos de la estandarización y la burocratización. La educación sigue siendo transmitida en paquetes discontinuos de información, desprovistos de contexto y sentido. Los datos de la historia no se encuandran dentro de un tiempo continuo con sus necesarios paralelismos, la información científica esta descontextualizada del gran proceso formativo del universo y la Tierra, y de la evolución natural de la vida, e incluso del desarrollo de la humanidad como especie. La educación se ha reducido prácticamente a la transmisión de información parcial seleccionada arbitrariamente por la burocracia educativa, y al empleo de tecnologías educativas con el propósito de sentirse en la vanguardia de la educación. La cuestión es si debemos continuar con el mismo esquema fracasado. ¿Cuál debe ser la alternativa?

No se puede salir del desastre sin un cambio radical que permita romper estos esquemas fracasados. Y deben ser cambios en todas las estructuras, partiendo de la ideológica y quitándole al Estado la prerrogativa de señalar los cauces educativos. No hay razón para que el Estado estandarice la educación, nunca la hubo. La estandarización es resultado de los esquemas masivos y controlistas que son naturales a la actividad burocrática, pero imponen una condición insalvable de empobrecimiento al proceso educativo. Mientras no se elimine el sentido estatal y burocrático de la educación nunca se podrá escapar de la crisis del sistema educativo al que hemos arribado. La educación debe ser asumida en libertad por las personas y decidida por las familias. La tarea educativa debería tener una oferta múltiple que se acomode a diversas necesidades y expectativas de vida. No hay ninguna razón para alinear a todos los ciudadanos en un ejército de escolares estandarizados con sistemas iguales. Esto es lo que ha fracasado y es lo primero que debemos cambiar. Las personas deberían poder elegir sus propias rutas educativas, los estudiantes deberían poder formarse en las materias que les interesan y para lo que se sienten dispuestos. Solo así tendremos individuos y no masas estandarizadas. 

Una educación selectiva a cargo de las familias y de las propias personas interesadas, que le dan a su existencia mayor sentido y valor a medida que incorporan en su saber y experiencia lo que la comunidad demanda y lo que sus propios intereses determinan, llevaría a una sociedad mucho más eficiente, con menor pérdida de sentido, menor deserción y ciudadanos que sean útiles a su comunidad en un tiempo mucho más corto. 

Esto por supuesto implica una diversificación de las ofertas educativas de manera que se logre escapar del absurdo esquema actual del colegio a la universidad, casi como un acto reflejo, lo cual obliga a dejar de lado numerosas formas alternativas de formación profesional técnica y artística. La sobrevaloración de la universidad o del título universitario ha sido otro de los factores del empobrecimiento del sistema general de la educación, pero no hablaremos de eso acá. La oferta diversa de formación educativa superior, técnica, artística, deportiva y hasta universitaria, tendría que ofrecer variantes de formación que incorporen modalidades diferentes según la etapa escolar en que se desea iniciar, ya que no para todas hace falta concluir toda la currícula escolar. Eso no tiene ningún sentido. Incluso la carrera podría irse perfilando desde muy temprana edad por las preferencias de la educación elegida en un mercado educativo variado. 

Los niños de etapa inicial deberían dedicarse fundamentalmente a jugar y discutir temas libremente en una competencia de ideas y descubrimientos, antes que seguir esquemas rigurosos con metas estrictas. Solo a mediados de la adolescencia los estudiantes deberían empezar a elegir determinados cursos, en función a una perspectiva de vida que los acerque a una gama de oficios o profesiones de su interés. Tal vez esto implique diversidad de escuelas o escuelas que incorporen tal diversidad de esquemas formativos. Algo muy parecido existía antiguamente con la escuela técnica, eliminada en aras de una mejor estandarización masiva. 

Antes que el Estado, debería ser la propia comunidad la encargada de la educación, ofreciendo de una manera directa las necesidades de formación que existen en la vida real de la comunidad, pero no solo como una referencia sino ofreciendo incluso campos de adiestramiento real. El verdadero cambio en la educación debe ser devolverle al individuo, a las familias y a las comunidades la responsabilidad de su educación y formación. El Estado ha fracasado en su labor educativa y es hora de reconocerlo y de exigirles a los políticos que lo admitan. Terminemos con la dictadura del Estado y devolvamos la libertad al individuo, su familia y su comunidad. La apertura de la educación a una variedad de sistemas educativos de libre elección debe guiar la próxima revolución.