jueves, 10 de abril de 2014

¿Estamos forzados a creer?


La religión: ¿estamos forzados a creer?
Pascal Boyer

¿Es la religión un producto de nuestra evolución? La sola pregunta hace que muchas personas, religiosas o no, tiemblen, aunque por razones diferentes. Algunas personas de fe temen que la comprensión de los procesos subyacentes a las creencias puedan socavarlas. A otros les preocupa que lo que se muestra como parte de nuestra herencia evolutiva pueda ser interpretado como bueno, verdadero, necesario o inevitable. Y otros, entre ellos muchos científicos, sólo atinan a desdeñar todo este asunto al considerar la religión como algo infantil, absurdo y hasta peligroso.

Tales respuestas hacen que sea difícil establecer por qué y cómo el pensamiento religioso es tan penetrante en las sociedades humanas - una comprensión que es especialmente relevante en el actual clima de fundamentalismo religioso. Al preguntar si la religión es una de las muchas consecuencias del tipo de cerebro que tenemos, podemos arrojar luz sobre qué clases de religión devienen en "algo natural" para la mente humana. Podemos investigar las suposiciones comunes sobre las cuales se han construido las religiones, que sin embargo son diferentes, y examinar así la conexión entre religión y conflicto étnico. Por último, podemos aventurar una respuesta a favor de la perspectivas realista del ateísmo.

En los últimos diez años, el estudio evolutivo y cognitivo de la religión ha comenzado a madurar. No trata de identificar el gen o los genes del pensamiento religioso. Tampoco pretende soñar con escenarios evolutivos que hayan podido dar lugar a la religión tal como la conocemos. Es mucho mejor que eso. Se plantean nuevas hipótesis y predicciones comprobables. Se pregunta qué fue lo que durante el afinamiento evolutivo humano hizo que la religión sea posible y además tan exitosa. El pensamiento y comportamiento religiosos pueden ser considerados como parte de las capacidades humanas naturales, como la música, los sistemas políticos, las relaciones familiares o las coaliciones étnicas. Los hallazgos de la psicología cognitiva, la neurociencia, la antropología cultural y la arqueología prometen cambiar nuestra visión de la religión.

Con base en la suposición

Un hallazgo importante es que las personas sólo son conscientes de algunas de sus ideas religiosas. Es cierto que pueden describir sus creencias, como la que existe un dios omnipotente que creó el mundo, o que los espíritus se esconden en el bosque. Pero la psicología cognitiva muestra que este tipo de creencias explícitamente accesibles están siempre acompañados por una serie de supuestos tácitos que generalmente no están disponibles en una inspección consciente.

Por ejemplo, los experimentos revelan que la mayoría de la gente mantiene expectativas altamente antropomórficos sobre los dioses, cualesquiera que sean sus creencias explícitas. Cuando se les dice una historia en la que un dios se ocupa de varios problemas a la vez, encuentran la idea bastante plausible, ya que los dioses se describen generalmente con poderes cognitivos ilimitados. Recordando la historia un momento más tarde, la mayoría de la gente dice que dios atendió una situación antes de pasar su atención a la siguiente. La gente también implícitamente espera que la mente de sus dioses operen al igual que las mentes humanas, mostrando los mismos procesos de percepción, memoria, razonamiento y motivación. Tales expectativas no son conscientes y están a menudo en conflicto con sus creencias explícitas.

La investigación ha demostrado que, a diferencia de las creencias conscientes, que difieren ampliamente de una tradición a otra, los supuestos tácitos son extremadamente similares en las diferentes culturas y religiones. Estas similitudes pueden provenir de las peculiaridades de la memoria humana. Los experimentos sugieren que las personas recuerdan mejor las historias que incluyen una combinación de hazañas físicas contrarias a la intuición (en la que los personajes atraviesan las paredes o se trasladan instantáneamente) y aparentan características psicológicas humanas (percepciones, pensamientos, intenciones). Tal vez el éxito cultural de los dioses y los espíritus se deriva de este rasgo de la memoria.

Los seres humanos también tienden a mantener relaciones sociales con estos y otros agentes no físicos, incluso desde una edad muy temprana. A diferencia de otros animales sociales, los seres humanos son muy buenos para el establecimiento de y el mantenimiento de relaciones con agentes más allá de su presencia física; jerarquías sociales y coaliciones, por ejemplo, incluyen temporalmente miembros ausentes. Esto va aun más allá. Desde la infancia, los seres humanos mantienen relaciones sociales duraderas, estables e importantes con personajes de ficción, amigos imaginarios, parientes fallecidos, héroes invisibles y compañeros ficticios. De hecho, las extraordinarias habilidades sociales de los seres humanos, en comparación con otros primates, puede ser perfeccionado mediante la práctica constante con compañeros imaginados o ausentes.

Existe un pequeño paso desde tener esta capacidad de vínculo con agentes no físicos hasta la conceptualización de espíritus, antepasados muertos y dioses, que no son ni visibles ni tangibles, pero con los que sin embargo se hallan socialmente involucrados. Esto puede explicar por qué, en la mayoría de las culturas, por lo menos algunos de los agentes sobrehumanos en que las personas creen tienen preocupaciones morales. Esos agentes a menudo se describen teniendo acceso permanente sólo a las acciones moralmente relevantes. Los experimentos muestran que es mucho más natural pensar "los dioses saben que yo robé este dinero" que "los dioses saben que tengo avena para el desayuno".

Además, la neurofisiología de la conducta compulsiva en humanos y otros animales está empezando a arrojar luz sobre los rituales religiosos. Estos comportamientos incluyen acciones estereotipadas, altamente repetitivas que los participantes sienten que deben hacer, a pesar de que la mayoría no tiene resultados observables evidentes, tales como golpearse el pecho tres veces mientras se repiten una letanía. La conducta ritualista también se observa en pacientes con trastornos obsesivo-compulsivos y en la rutina de niños muy pequeños. En estos contextos, los rituales están generalmente asociados con pensamientos sobre la contaminación y la purificación, el peligro y la protección, el uso necesario de ciertos números o colores en particular o la necesidad de construir un ambiente ordenado y seguro.

Ahora sabemos que el cerebro humano tiene una serie de redes de seguridad y precaución dedicada a la prevención de potenciales riesgos tales como la depredación o contaminación. Estas redes activan comportamientos específicos tales como el lavado y la comprobación el propio entorno. Cuando los sistemas entran en sobrecarga producen patología obsesivo-compulsiva. Los enunciados religiosos sobre la pureza, la contaminación, el peligro oculto de los demonios al acecho, también pueden activar estas redes y hacer que los rituales de precaución resulten intuitivamente atractivos (limpieza o bautismo, confirmación, delimitación de espacios sagrados, etc).

Por último, los estudios de la psicología social y evolutiva demuestran una capacidad específicamente humana de coalición, lo que repercute en la religión. Los seres humanos son únicos entre los animales en el mantenimiento de grandes coaliciones estables de individuos no emparentados, fuertemente unidos por la confianza mutua. Para lograr esto en los seres humanos evolucionaron ciertas herramientas cognitivas. Ellos saben cómo medir la fiabilidad de los demás, pueden recordar episodios de interacción e inferir qué características de la gente son similares, pueden emitir y detectar señales forzadas de compromiso por difíciles de falsificar que sean.

Esta psicología de coalición está involucrada en la dinámica de compromiso religioso público. Cuando las personas proclaman su adhesión a una fe en particular, suscriben su adhesión a declaraciones para las cuales no hay pruebas, y que se tomarían como obviamente erróneas o ridículas en otros grupos religiosos. Esto indica la voluntad de aceptar la norma de un grupo en particular por la única razón de que que es, precisamente, la norma del grupo y nada más.

Caché cognitiva 

Entonces ¿es la religión una adaptación o un subproducto de nuestra evolución? Tal vez un día encontraremos pruebas convincentes de que una capacidad para pensamientos religiosos, en lugar de la "religión" en la moderna forma de instituciones socio-políticas, contribuyó a la adaptación en tiempos ancestrales. Por el momento, los datos apoyan una conclusión más modesta: los pensamientos religiosos parecen ser una propiedad emergente de nuestras capacidades cognitivas estándar.

Los conceptos y actividades religiosas secuestran nuestros recursos cognitivos, al igual que la música, las artes visuales, cocina, la política, las instituciones económicas y la moda. Este secuestro se produce simplemente porque la religión proporciona alguna forma de lo que los psicólogos llamarían súper estímulos. Así como el arte visual es más simétrico y sus colores más saturados de lo que usualmente se encuentra en la naturaleza, los agentes religiosos son versiones altamente simplificados de agentes humanos ausentes, y los rituales religiosos son versiones altamente estilizadas de los procedimientos preventivos. El secuestro también se produce porque las religiones facilitan la expresión de ciertos comportamientos. Este es el caso para el compromiso de grupo, que se hace más creíble aun cuando se formula como una aceptación de creencias extrañas y no evidentes.

No debemos tratar de localizar el origen único de la creencia religiosa porque no hay un dominio único de la religión en las mentes humanas. Diferente sistemas cognitivos manejan representaciones de agentes sobrenaturales, de conductas ritualistas, de compromisos de grupo y así sucesivamente, tanto como el color y la forma son manejados por diferentes partes del sistema visual. En otras palabras, lo que hace un dios-concepto convincente no es lo que hace un ritual intuitivamente convincente o lo que hace a una norma moral autoevidente. Las religiones más modernas y organizadas se presentan como un paquete que integra todos estos elementos dispares (rituales, moralidad, metafísica, identidad social de grupo) en una doctrina consistente y en una práctica constante. Pero esto es pura la publicidad. Estos dominios permanecen separados en la cognición humana. La evidencia muestra que la mente no tiene una red de creencias individuales, pero tiene una miríada de redes distintas que contribuyen a hacer que las creencias religiosas aparezcan como muy naturales para muchas personas.

Las hallazgos producidos por este enfoque evolucionista cognitivo desafía dos dogmas centrales de las religiones más establecidas. En primer lugar, la idea de que su credo en particular difiere de todas las demás religiones (supuestamente erróneas); en segundo lugar, que es sólo a causa de acontecimientos extraordinarios o por la presencia actual de agentes sobrenaturales que se originaron las ideas religiosas. Por el contrario, ahora sabemos que todas las versiones de la religión se basan en supuestos tácitos muy similares, y que todo lo que se necesita para imaginar agentes sobrenaturales son mentes humanas normales procesando información en la forma más natural.

Sabiendo, e incluso aceptando estas conclusiones no es factible cuestionar el compromiso religioso. Una cierta forma de pensamiento religioso parece ser el camino de menor resistencia para nuestros sistemas cognitivos. Por el contrario, la incredulidad es generalmente el resultado de un esfuerzo deliberado en contra de nuestra disposiciones cognitivas naturales - imposible que sea la ideología más fácil de propagar.

Pascal Boyer is at the Departments of Psychology
and Anthropology, Washington University in St
Louis, Missouri, USA, and the author of Religion
Explained.

e-mail: pboyer@wustl.edu.


La versión original de este artículo puede verse aquí.